El extraño caso del coleccionista de cabezas, por sus tatuajes
Absolutamente macacro, Horatio Gordon Robley posó junto a su colección de 35 cabezas de maoríes tatuados para hacer alarde de su condición de "artista", militar y coleccionista". Murió en 1930 pero la imagen más famosa data de 1895. Robley
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El objetivo de este inglés era guardar los "mokomokai", o complejos tatuajes que los maoríes se hacían en sus caras y no halló mejor manera que guardar sus cabezas cortadas.
Esta tradición del tatuaje facial se mantuvo hasta principios del XIX. Más tarde, y a mediados del siglo XX, volvió a recuperarse. No obstante, la costumbre de conservar las cabezas de los grandes guerreros maorís es ya cosa del pasado.
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El tatuaje Moko en la cultura maorí
Las personas que recibían un tatuaje en el rostro, eran poseedoras de un alto nivel social, ya por estatus o por actos de valentía. Era frecuente que ese tatuaje se fuera ampliando con los años, partiendo primero de un rito de paso, y más tarde, por otro tipo de pruebas que ampliaba la forma del tatuaje.
Ningún tatuaje Moko era igual. En él podía leer el linaje, el estatus, los actos realizados, la tribu y la condición de la persona. Sólo los hombres recibían un tatuaje Moko completo. Las mujeres también eran meritorias de llevarlo en su rostro, con la única diferencia de que ellas, lo lucían en exclusiva en el mentón y los labios. Cuando fallecía un guerrero maorí o una persona de alta trascendencia
Por ejemplo, en una guerra con otro grupo tribal, fallecía uno de los guerreros en un acto de admirable coraje. Llevarse el cuerpo al hogar era algo complejo, así que lo mejor, era quedarse con la cabeza. Era un sello de identidad, puesto que en la piel del rostro se resumía la vida de esa persona.
Así pues, la finalidad era sencilla: preservar la cabeza antes que el cuerpo.
- Se desechaban el cerebro y los ojos, para después, sellar los orificios con hojas secas, semillas, lino de fibra y goma.
- Después, la cabeza procedía a hervirse en un lento proceso al que le seguía unas horas en un horno para finalizar con un secado de semanas al aire libre.
- Por último, los Mokomokai, o cabezas de los maoríes con tatuajes Moko, se encerraban en cajas de madera talladas por los familiares donde los conservaban con mucho cariño.