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Eso de tener algo "en la punta de la lengua"

¿A quién no le ha pasado hacer fuerza sin éxito para que salga una información que necesitamos? Las fallas de nuestra memoria nos frustran, pero tienen sus causas.
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Cada vez que escucho a alguien quejarse por fallas de memoria, necesariamente aparece el miedo a tener Alzheimer. Es como si hubiera una fobia generalizada hacia el tema, que hace que cualquier olvido se convierta en representante de un trastorno demencial. Y, en realidad, el olvidar puede estar vinculado también a otras afecciones.

Si Usted recuerda el artículo anterior, sabrá que existen tres etapas en el proceso mnésico: recibir, almacenar y recordar (o evocar). Pues bien, en cada una podemos sufrir alteración, que, en definitiva, se manifestará en un molesto olvido.

El olvido se caracteriza por la imposibilidad de acceder a contenidos de la memoria, y, si bien suele ser bastante molesto, lo opuesto, es decir, recordar absolutamente todo lo que nos ocurre, sería terrible, porque guardaríamos muchos datos inútiles. Esto significa que el olvido es necesario, porque descomprime nuestro cerebro permitiendo que quede capacidad libre para guardar aquello que resulte importante para la supervivencia.

Voy a utilizar un ejemplo que aplico a todos mis pacientes. Supongamos que escribimos un texto en la computadora y luego la apagamos sin guardarlo antes. Cuando volvemos a encenderla y queremos ver el texto, obviamente, éste no está. La pregunta es, la culpa de que el escrito no esté ¿es del disco rígido que no lo guardó? ¿o es mía, ya que no le dí la orden que debía? Muchas veces, existen fallas atencionales que provocan que la información no ingrese (o no sea recibida) de manera adecuada, entonces, no podremos luego recordarla bien. Pero no es falla de la memoria, sino de su amiga la atención.

Otro tema es cuando la información se recibe de manera efectiva y el problema está en el almacenamiento. Si bien nuestra memoria depende de varios sistemas, existe una pequeña estructura en nuestro cerebro llamada hipocampo, que es la encargada de consolidar la información, es decir, de pasar datos de corto a largo plazo, lo que garantizará el aprendizaje. También hoy sabemos que el llamado sistema límbico (el sistema encargado de regular nuestras emociones) tiene un papel importante en la conservación de los recuerdos.

Existen numerosos factores que pueden alterar el normal funcionamiento del hipocampo y sus conexiones. Podemos dividirlos en dos grupos. Aquellos que responden a causas orgánicas, entre los que podemos encontrar:

  • Traumatismo encéfalo craneano (TEC).

  • ACV.

  • Tumor.

  • Enfermedades infecciosas.

  • Enfermedades desmielinizantes.

  • Enfermedades degenerativas (demencias).

  • Hidrocefalia.

  • Hipotiroidismo.

  • Hipoxia.

  • Diabetes.

  • Déficit de vitaminas (por ejemplo B12).

  • Déficit de ácido fólico.

  • Consumo de sustancias (café, alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, LSD, ansiolíticos como las benzodiacepinas, algunos antidepresivos, hipnóticos, estatinas).

Existen también las denominadas causas funcionales, como lo son las alteraciones del sueño, el estrés, la depresión, que, además de repercutir indirectamente afectando la atención, actúan aumentando o disminuyendo la disponibilidad de los neurotransmisores, que son los mensajeros que intervienen en la sinapsis neuronal.

A grandes rasgos, podemos aventurar que por encima de los 60 años las causas probables de las alteraciones en el almacenamiento estarían en procesos demenciales o depresivos; por debajo de los 40 años, podrían estar en los trastornos funcionales u organicidad distinta de demencia; y entre los 40 y 60 años, las causas serían heterogéneas. Es el rango etario que más atención requiere en cuanto al diagnóstico precoz de demencia.

Por último, la etapa de evocación (o recuperación), también puede alterarse por las mismas causas orgánicas que la fase de almacenamiento. Desde lo afectivo, la depresión suele actuar como filtro que resalta los recuerdos tristes y borra los positivos, dando ese aspecto de negatividad que caracteriza a estos enfermos.

En la fase de recuperación de la información también ejerce influencia la forma en que uno ha guardado los datos. Yo uso el siguiente ejemplo. Suponga que su habitación es un desastre, con ropa tirada por todos lados, y yo le pido que la ordene. Usted tendrá dos caminos: o hace un bollo con la vestimenta y la mete a presión dentro del ropero, o la dobla prolijamente guardándola siguiendo algún criterio de orden, por ejemplo, por color. Si sigue la primera opción, cuando tenga que buscar, por ejemplo, una remera negra, ¡se la encargo! Perderá un tiempo precioso y, le aseguro, hasta probablemente no la encuentre. Si sigue la segunda, sabrá que tiene que ir al lugar donde están apiladas las remeras de color negro y, ¡eureka!...la encontrará. Lo mismo ocurre con nuestro cerebro. Si yo trato de meter datos "a la fuerza" repitiendo como loro y sin conexión con nada....me costará un triunfo, luego, evocar. Si yo guardo la información relacionando conceptos con lo ya adquirido, seguramente me resultará mucho más fácil recuperar esa información, porque mi cerebro sabrá exactamente a que "cajón" debe ir para devolverme los datos que necesito.

El desuso es otro factor que puede alterar la evocación. Si la información no se utiliza regularmente, va apagándose de a poco, hasta extinguirse.

Por último, el factor emocional (sistema límbico mediante), también ejerce influencia. Vivencias demasiado intensas a nivel afectivo pueden provocar que la evocación falle. Es como que se disparara una señal de alarma que dice que recordar esa información será muy angustiante y doloroso, con lo cual, se guarda en algún lugar de difícil acceso para los mecanismos de recuperación.

Como seguramente se notará, nuestra memoria es un sistema deliciosamente complejo y admirable en la exactitud de su funcionamiento. Si falla, como siempre digo, nunca viene mal consultar a un especialista, luego, podremos implementar estrategias para estimularla y mantenerla activa.

En la próxima veremos algunas estrategias para mejorar el funcionamiento de nuestra memoria.

Lic. Cecilia C. Ortiz, Mat.: 1296 / [email protected]