Prófuga, la monja del Próvolo "whatsappeaba"
Desde las 8.30 y hasta las 16.30 la monja Asunción Martínez, oriunda de Paraguay, declaró en la causa por los abusos en el Próvolo que tiene como presunta "partícipe necesaria" a la monja prófuga Kosaka Kumiko.
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La religiosa fue superiora en la institución (desde hace unos años fue trasladada a Paraguay) y como parte de la misma comunidad religiosa de la prófuga, tiene una relación de amistad con esta y se mantuvieron en contacto vía mensajes de texto y por redes sociales.
Martinez era la superiora encargada del albergue de niñas y niños durante los años en los que se reportaron los abusos y hasta hace poco, sin embargo declaró no haber notado nada ni haber tenido quejas por parte de los niños. Sin embargo, confirmó que nunca se les enseñó lenguaje de seña a los pequeños, y que era una de las niñas, "muy inteligente, y avanzada en la lectura de labios", la que oficiaba de intérprete para el resto de los alumnos.
El abogado defensor de Kumiko, Carlos Varela Álvarez, solicitó la presencia de Martínez para sumar un testimonio en favor de su clienta, sin embargo, de acuerdo con el abogado de las víctimas, Oscar Barrera, hubo algunas contradicciones en el testimonio de esta, pero nada que perjudicara aún más a Kumiko, pero tampoco que pudiera desligarla de responsabilidades.
Martínez respondió las consultas de la querella y declaró que se mantuvo en contacto con la monja prófuga hasta el 2 o el 3 de abril por medio de Whatsapp y luego perdió el contacto. No obstante, le facilitó el número a los investigadores, quienes podrían utilizarlo para localizarla por georeferenciación.
"Esta monja es considerada por los chicos sordos como una monja buena, pero no tenía la custodia permanente de los chicos. Dijo que Kumiko tenía un carácter fuerte y que le costó adaptarse a las diferencias culturales (por su origen oriental), pero que de a poco lo fue logrando", señaló Barrera.
Pese al tiempo en que la monja paraguaya estuvo declarando, no aportó información suficiente para quedar involucrada, ni para favorecer a Kumiko. Por el contrario, incurrió en algunas contradicciones, que de acuerdo con el defensor, no serían tan relevantes. "Ella niega que los chicos le hayan referido situaciones de abuso, ni que ella las haya percibido", explicó el letrado.
En cuanto a Kumiko, la monja aseguró que no sabe en dónde está y, con relación a su estatus religioso, que se encuentra "exclaustrada", es decir que ha pedido un tiempo para hacer vida de civil, por lo que vive de su propio trabajo como cualquier otro ciudadano.
Por otro lado, Asunción Martínez indicó que en el sector en el que vivían las religiosas no podía ingresar ningún niño, pero también dijo que todas las hermanas, entre ellas Kumiko, tenían llave por lo que pudieron haber entrado sin su supervisión.
Otro testimonio clave
Durante la audiencia también prestó declaración la madre de uno de los niños afectados -el mismo que vio la imagen de la monja Kumiko en internet y la identificó como una de las agresoras- y contó que los sacerdotes enterraban cajas con fotografías en los jardines del Próvolo. Por esto, Barrera ha pedido una nueva inspección del terreno, no invasiva como las últimas excavaciones, sino con tecnología para determinar el punto exacto en el que pudiera estar la evidencia que se habría enterrado.
De acuerdo con el abogado, a medida que avanza la investigación, aparecen nuevos elementos que motivan pedidos de allanamientos, por lo que no se descartan nuevas exploraciones a futuro.



