La crónica de la tragedia: negligencia, solidaridad y dolor en la ruta 7
Aún había polvo en el ambiente y las imágenes eran confusas. Gritos de dolor, cuerpos desparramados y pedidos de auxilio. El colectivo de la empresa TurBus había salido a las 22.15 desde la terminal de Mendoza y tenía como destino Santiago de Chile. Como es habitual, un par de horas más tarde la ley del más rápido estaba en curso para el convoy de colectivos que copan la ruta en la madrugada: antes de llegar a la Aduana los conductores aceleran para llegar más rápido y tener un lugar de privilegio en la fila.
Te puede interesar
El pronóstico en Mendoza: domingo frío con viento sur y lluvias aisladas
Los pasajeros del móvil 2267 habían advertido al chofer sobre el riesgo de ir tan rápido. No hizo caso y ni siguiera le hizo falta evadir controles, porque no había. Pocos metros después de pasar por la entrada al Parque Aconcagua, el colectivero no pudo controlar el vehículo, derrapó por la ruta y terminó volcado sobre su izquierda. Acababa de ocurrir la peor tragedia vial de la historia de Mendoza, con 19 muertos. "Era una escena como la de una tragedia aérea. La gente estaba cubierta de tierra y con heridas muy graves. Por la cantidad de tierra parecía que había pasado hace mucho. Es lo peor que me ha tocado ver", contó Ignacio Rogé, médico del Parque Aconcagua que participó en las tareas de rescate.

Se sintió una explosión; un vaqueano que tiene su puesto casi sobre la ruta salió y comenzaron los llamados de emergencia. Primero fueron particulares que alcanzaron a recoger a los heridos y los trasladaron a la Compañía de Cazadores, done hay una enfermería. Luego los guardaparques del Aconcagua y los integrantes de la patrulla de rescate se sumaron y respondieron rápido al llamado que había salido desde el refugio del ingreso del Parque. Pero también decenas de corredores que esperaban para participar de una maratón dejaron de lado el objetivo deportivo para ayudar. Hacía mucho frío y nadie podía creer lo que veían. Un médico vestido de pantalón corto y musculosa ordenaba, asistía y curaba. "Casi nadie tenía el cinturón puesto. Se podría haber evitado todo lo que pasó", explican que decía el médico.
Algunos improvisaban camillas para sacar a las personas por las ventanas rotas del micro; otros se dedicaban a abrigar a los heridos. Una flamante ambulancia de cuidados intensivos que había en Puente del Inca tuvo su estreno con los traslados de las personas más graves. Gendarmería cortó la ruta y se usó el asfalto, iluminado con reflectores, para ordenar a los heridos según su gravedad. Ignacio se subió a una ambulancia con dos personas. Una joven de unos 25 años murió en sus brazos, camino al Hospital de Uspallata, y a pesar de los intentos por reanimarla.
El rescate se hizo más complicado y surgieron escenas dramáticas. "Una mujer estaba abajo del colectivo. Levantaron como pudieron, pusieron una piedra grande y la sacaron", relató uno de los rescatistas. Aunque la provincia tiene helicópteros y también estaba disponible la nave del Aconcagua, aseguran que no eran útiles para ese momento: antes de generar un traslado rápido, era necesario compensar a las personas. En los helicópteros eso no se puede hacer. Más heridos fueron trasladados en autos particulares y los más graves quedaron internados en el Central y el Notti.

En el colectivo viajaban personas que iban a Chile a comprar, como Macarena, otros que buscaban oportunidades de trabajo y también quienes iban de vacaciones, como la pareja sanjuanina que falleció y cuyos niños están internados. Esa empresa es emblemática en el país trasandino. Incluso tiene su propia terminal y fama: compraron otras firmas y suma irregularidades y muertes.
El tránsito por la ruta 7 se multiplicó en los últimos meses y también la cantidad de colectivos que van a Chile, regresan en el día y vuelven a cargar pasajeros. Lo que no aumentó fueron los controles. "No hay descanso ni control. Hay que llegar rápido, es la única consigna", se quejaban ayer. Según los relatos, nadie controló al colectivo de Turbus. Tampoco la velocidad que llevaba. De hecho en Mendoza la policía no tiene radares. Gendarmería, que tiene jurisdicción sobre la ruta internacional, tampoco lo hace. Los dos choferes quedaron demorados, pero anoche uno de ellos (el que no manejaba) fue liberado. El otro podría ser imputado por 19 homicidios culposos.

La coicidencia con la maratón del Aconcagua ayudó a que hubiera más asistencia rápida. Si no, el único médico de guardia que tenía el hospital de Uspallata no hubiera dado abasto. Es que en 120 kilómetros del corredor de Alta Montaña no hay casi disponibilidad de asistencia médica. Todo quedó obsoleto ante la cantidad de personas que circulan. Solo en la temporada se cree que llegarán al millón de personas en tránsito.
Luego del mediodía todos los cuerpos llegaron a la morgue del Forense y el drama se agudizó para las familias. El reconocimiento tardó por las condiciones del accidente, y para evitar un shock se decidió no mostrarle los cuerpos ni foto y, en cambio, efectuar el reconocimiento por huellas y marcas particulares. Gente de Chile, Neuquén, Córdoba y San Juan viajó para confirmar las identidades. Entre los fallecidos hay un bebé de 11 meses, su mamá y abuela. También los padres de dos hermanos que luchan por su vida en el Notti. Entre los heridos hay personas mutiladas y una mujer quedó cuadripléjica. También denunciaron hechos miserables, como el robo de pertenencias. El gobierno decretó duelo provincial y se suspendieron todas las actividades por la peor tragedia cometida por negligencia en la historia de Mendoza.



