Déficit de atención e hiperactividad en los adultos
"Para mí es habitual que me cueste relajarme en los momentos de ocio. Siempre busco tener algo para hacer. Me la paso proponiéndome hacer esto y aquello y nunca termino nada. Siento que tengo la cabeza en mil lados distintos y en ninguno a la vez. Me la paso escuchando los primeros minutos de una canción". (Testimonio de un paciente con Déficit Atencional).
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Desde lo personal, cuando hablo de este trastorno, siempre se me viene a la cabeza el conejo de Alicia en el País de las Maravillas: "¡Con razón se ha hecho tarde! ¡Este reloj tiene dos días de retraso!"
El Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad (TDAH) no es una enfermedad mental. Es un síndrome (conjunto de síntomas) crónico, genético, vinculado al funcionamiento del Sistema Nervioso Central.
Comienza en la niñez y adolescencia y más del 50% de los casos perdura hasta la adultez.
El doctor Juan Ignacio Bacha, psiquiatra especialista en el tema, nos cuenta que el diagnóstico en el adulto es difícil por la comorbilidad con otras enfermedades, generalmente psiquiátricas, como trastornos de ansiedad y del ánimo y abuso de sustancias. La mayoría de estos pacientes está mal diagnosticado o subdiagnosticado y es muy común que hayan realizado múltiples consultas y tengan la sensación de que nadie "da en la tecla" con su padecer, lo que aumenta su angustia.
¿Cuáles son los síntomas?
Hay pacientes que consultan por dificultad para conciliar el sueño, porque se encuentran dispersos y porque notan que su rendimiento va disminuyendo. Los síntomas giran alrededor de:
La hiperactividad, que puede manifestarse como una necesidad de actividad constante, horarios sobrecargados, "adicción al trabajo", el paciente está siempre apurado, se "desespera" con la gente lenta.
El déficit de atención, es decir, dificultad para concentrarse o focalizarse, para organizarse, para continuar y terminar una tarea, para gestionar el tiempo. También se acompaña de olvidos frecuentes: el paciente extravía objetos todo el tiempo, comete errores por descuidos y se distrae fácilmente ante estímulos irrelevantes.
La impulsividad, expresada como dificultad para mantener relaciones afectivas duraderas, cambios constantes de trabajo, impaciencia, fácil pérdida de control, conducción peligrosa de vehículos (con un mayor número de accidentes viales), incapacidad para relajarse, dificultad para escuchar al otro (con tendencia a interrumpirlo). Son personas que viven apuradas, no pueden hacer colas ni esperar. Hablan rápido y todo el tiempo.
Situaciones de estrés emocional o ambiental pueden exacerbar los síntomas, que, obviamente, tienen fuerte impacto en la vida social y familiar de los pacientes.
Los seres queridos suelen quejarse sobre lo difícil que es la convivencia con esta especie de "huracanes". Esto, a veces, lleva a romper relaciones afectivas significativas. El impacto laboral y académico no es menor. Los cambios constantes de trabajo, la dificultad para concentrarse al estudiar, suelen ser motivos de angustias profundas en estas personas.
Todo esto genera una disminución en la autoestima del paciente, que, a veces llega a verbalizar: "soy un desastre", "todo me sale mal". El círculo vicioso se perpetúa, y entonces, surgen sentimientos de culpa, ansiedad, tristeza, enojo.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Radboud, Holanda, detectó que las personas con TDHA presentan un desarrollo tardío de cinco regiones cerebrales. Por ende, la neurotransmisión (comunicación entre neuronas) también está alterada. Esto significa que el trastorno es biológico y que estas personas no "hacen a propósito" lo que hacen.
Es frecuente que los pacientes abusen de sustancias. Generalmente alcohol, marihuana y ansiolíticos. Es común también la ludopatía y la adicción a internet.
El doctor Bacha nos cuenta que para llegar a un buen diagnóstico hay que indagar sobre la historia familiar y personal del paciente, realizar estudios complementarios, como análisis de laboratorio, neuroimágenes y evaluación neuropsicológica.
En cuanto al tratamiento, la farmacología resulta importante, pero la terapia psicológica (sobre todo la cognitivo-conductual) es un complemento importante para enseñar estrategias de autocontrol, como pensar antes de actuar, usar agendas y rutinas para organizarse, hacer pausas para mejorar el rendimiento de la atención, etc.
También trabajamos desde la estimulación cognitiva, para mejorar los índices de atención y concentración y para implementar estrategias tendientes a fortalecer la memoria.
Siempre digo que el desconocimiento lleva a estigmatizar. Los fantasmas son alimentados por la ignorancia. Empezar a entender este trastorno y comprender que cualquier afección se alimenta también de la interacción, nos ayudará a comprender la carga con la que viven estos pacientes y a contenerlos. Porque gran parte de la cura no depende de vos que sos el enfermo, sino de vos y yo que podemos trabajar juntos para superar esta afección.
Lic. Cecilia C. Ortiz
Mat.: 1296 [email protected]

