La musicoterapia y la enfermedad de Alzheimer
"No toques esa canción para mí, porque me trae recuerdos de los días que alguna vez reconocí de los días que pasé contigo", Aretha Franklin, Don´t Play That Song.
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No hace mucho tiempo estaba sentada mirando el jardín...de repente una sensación linda, como de dulce bienestar me asaltó. Justo me descubrí tarareando una canción...una que cantábamos en la primaria, "...Vecchio scarpone/ Quanto tempo è passato/ Quante illusioni Fai rivivere tu/ Quante canzoni Sul tuo passo ho cantato/ Che non scordo più..."
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Para mi sorpresa, todavía recuerdo la letra...y eso que ya han pasado unos varios años.
Fue como una experiencia inmensamente reveladora que me llevó a trasladarla al consultorio. Para mi asombro, lo mismo ocurrió con mis pacientes con demencia.
Ninguno recuerda información inmediata, pero cuando les puse "zamba de mi esperanza", todos empezaron a cantarla. A muchos se les corrían las lágrimas, porque la música arrastró recuerdos de momentos cuando eran jóvenes, que ellos ni sospechaban estaban en sus cabezas. "Yo la bailé en la escuela", "yo la cantaba en coro".
Cuando se fueron, sus voces entonándola con fidelidad absoluta, resonaban en la sala de espera, en la vereda, ante la mirada pasmada de los familiares.
Desde nuestros antepasados prehistóricos, la música está presente en nuestras vidas. Se sabe que antes de hablar, los primeros hombres se comunicaban con sonidos y movimientos. Inclusive, en los rituales (de vida, de muerte), la música (en un principio ejecutada con elementos de percusión, como huesos y piedras), era uno de los ingredientes principales.
Y, como también se sabe, nuestro cerebro conserva todo aquello que le sirve para adaptarse y sobrevivir, por lo tanto, creó un circuito neuronal específico para conservar lo musical.
Nuestra memoria musical ocupa un circuito de sinapsis y tiene una localización diferente a la de nuestra memoria semántica. De hecho, mantiene comunicación fluida y estrecha con nuestro sistema límbico, encargado de regular lo emocional. Por eso es que la música "despierta emociones", porque siempre relacionamos una canción con un momento especial de nuestras vidas, con una reminiscencia que va acompañada de una emoción; hay música que nos pone alegres, hay música que nos pone tristes, hay música que nos pone creativos, etc. La música activa grandes regiones del cerebro. Específicamente las áreas auditiva y motora (relacionadas con el ritmo) y límbica (relacionada con la emoción).
Por lo que se sabe hasta ahora, la memoria musical ocupa un circuito cerebral que estaría preservado ante el avance de la Enfermedad de Alzheimer. Por ese motivo los pacientes pueden no recordar qué hicieron ayer, pero pueden acordarse con perfección la letra de una canción que no cantaban hace años.
La musicoterapia consiste en utilizar la música y el movimiento con fines terapéuticos. Se usan instrumentos, grabaciones, ritmos, letras, que actúen como disparadores de actividad neuronal.
Así, la musicoterapia para pacientes con enfermedad de Alzheimer (aunque excede esta patología, ya que está demostrado que la musicoterapia resulta altamente efectiva en pacientes con traumatismo de cráneo, ACV, etc.) resulta ser un recurso valioso y eficaz como medio de estimulación cerebral. Además, los pacientes obtienen el plus de la diversión, porque la música libera, nos regresa a la niñez, donde la libertad de expresión y movimiento no encontraban condicionamientos. El cerebro proporciona respuestas rítmicas a los estímulos externos, puesto que la música es su lenguaje.
La música nos acompaña en el tiempo. Va con nosotros en los grandes acontecimientos de nuestras vidas. Gracias a la música aprendimos a expresarnos, a comunicarnos. Gracias a la música nos emocionamos. Gracias a la música sanamos. Somos, fuimos y seremos música.
"La única historia de amor que jamás tuve fue la música", Maurice Ravel.
Cecilia Ortiz, [email protected]

