Primavera (La Consagración de Stravinsky)
Del latín vulgar prima vera, y este del latín primum (primero) y ver (primavera).
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1. Estación del año que, astronómicamente, comienza en el equinoccio del mismo nombre y termina en el solsticio de verano.
2. Época templada del año, que en el hemisferio boreal corresponde a los meses de marzo, abril y mayo, y en el austral a los de septiembre, octubre y noviembre.
3. Planta herbácea perenne, de la familia de las primuláceas, con hojas anchas, largas, arrugadas, ásperas al tacto y tendidas sobre la tierra. De entre ellas se elevan varios tallos desnudos que llevan flores amarillas en forma de quitasol.
4. Tiempo en que algo está en su mayor vigor y hermosura.
Me hubiera gustado estar la noche del 29 de mayo de 1913 en el Théatre des Champs-Élysées en París. En realidad también hoy me gustaría estar en Paris, en cualquier teatro o simplemente caminar, apenas dar vueltas por cualquier barrio de allí. Lo que sucedió aquel día de 1913 fue histórico. Sería un hito de música y danza, acaso a su pesar, pese a que fue una obra planificada como si se tratara de cualquiera de las grandes batallas militares.
Para el matrimonio entre ambas artes, la música y la danza, Igor Stravinsky ofició como medium (de algún modo todo artista genuino lo es). Fue ayudado por el pintor Nikolái Roerich y Serguei Diaguilev, el que invertía dinero. Fue un momento glorioso para la compañía de los Ballet Rusos.
Stravinsky se basó en un argumento dionisíaco: completar el recorrido de una joven sin todavía haber debutado en el sexo, para sacrificarla ante una tribu que celebra la irrupción de la primavera, apelando a distintas danzas que la llevan a la adolescente a la mismísima muerte.
Para el compositor "esta obra explora una sola idea que le da identidad: el misterio de la primavera y su violenta explosión de poder creador. No hay historia en sentido estricto, sino una sucesión coreográfica".
La primavera de Stravinsky: "misterio y violenta explosión de poder creador..."
El estreno de "La Consagración de la Primavera" fue un fracaso y sucedieron incidentes que, vistos desde hoy, agiganta el talento de los escasos espectadores que disfrutaron de esta ruptura de época. La mayoría del público, ante la innovación, recurrió al abucheo, sin siquiera esperar que la obra finalizara. Intolerantes ha habido en todos los tiempos (y esta semana lo comprobé en carne propia).
Igor había recurrido al paganismo como argumento, en procura de recuperar antiguas danzas eslovenas. La carga dramática se preanunciaba en la escenografía que acompañó esta puesta del Théatre des Champs-Élysées. La coreografía la había realizado Nijinsky y la dinámica de su danza remitía a movimientos primitivos, incluso varios a contramano de la academia, como proponer bailar con los pies torcidos o una gestualidad que pasaba la raya de lo sensual para convertirse en erótico.
Así como esta obra se divide en dos actos (Adoración de la Tierra y El Sacrificio), otro tanto sucedió con el público. Se ha dicho que "La violencia rítmica y disonante de la música irritó a una parte del público acostumbrado a la estética del romanticismo y desde la introducción se escucharon silbidos".
Esta primavera, desde su comienzo, se ha impuesto como una especie de desafío para músicos y coreógrafos de todas las épocas. El escándalo de su estreno hizo que se la retirara de cartel. Nacía una obra ni tan "maldita", sino más bien polémica.
En el diario Le Figaro, el cronista que cubrió este espectáculo, anotó: "Tuvo lugar un espectáculo extraño, una barbarie trabajada, que el público acogió sin respeto".
En 1959, Maurice Béjart hizo su versión con el Ballet del Siglo xx de Bruselas. Y en su apreciación artística trastocó el drama fatal en la amorosa unión entre una pareja. En 1975, Pina Bausch mostró un montaje en el cual exhibió la confrontación entre sexos.
Casi un siglo después tenemos derecho a pensar que ni fatal ni idílica ni confrontativa, la primavera es carnal, romántica e insuperable. Y Stravinsky también debe haberlo sabido, pues, al fin, amó y permitió ser amado como el más mortal, pese a su genio.
Un disruptivo, se diría acerca de el, hoy.
Un maestro, para no complicar más todo este asunto, diremos, amigos.