Argentinos (Las noticias que prefieren los neoyorquinos)
1. Natural de la Argentina, país de América.
-
Te puede interesar
Crisis de la autoridad parental: la trampa de ser "amigos" de los hijos
2. Perteneciente o relativo a la Argentina o a los argentinos.
3. Antigua moneda de oro de la Argentina.
"Buenos Aires es una ciudad curiosa", dice, en el comienzo, la nota que aparece en The New Yorker, la web de los más progresistas en la Gran Manzana. Se trata de un artículo firmado por Marina Harss. Ella es una especialista en danza y posa su mirada sobre el Teatro Colón.
"La ciudad está impregnada por un fuerte sentido de su antigua importancia. Argentina fue una vez uno de los países más ricos del mundo. Una de las preguntas más comunes que se le solicita a un visitante es: "¿Qué es lo que se dice de nosotros en Nueva York o Londres o donde sea"? A lo que hay que responder, casi como disculpa: "no mucho".
Portada del artículo sobre la danza argentina en The New Yorker
El artículo repara que el país es "un lugar que ha producido y sigue produciendo, a pesar de los tiempos difíciles, su relativo aislamiento y constantes convulsiones políticas, personas con gran talento en casi todos los campos. En todo el mundo, hay prominentes médicos argentinos, científicos, expertos en derecho internacional, conductores, músicos. Esto es especialmente notable en el mundo de la danza", afirma.
Luego realiza un resumen histórico sobre el ballet en Argentina. "Más o menos una importación del siglo XX a la Argentina, interpuesto por compañías como los viajes de los Ballets Rusos de Diaghilev. En un momento, el país podía atraer a los mejores bailarines y coreógrafos a trabajar a su elegante y gran Teatro Colón. George Balanchine y Bronislava Nijinska trabajaban allí; Anna Pavlova y Rudolf Nureyev bailaron allí. Profesores europeos acudían a principios del siglo XX, huyendo de la guerra y revoluciones", sostiene Marina Harss.
"Argentina sigue produciendo un número desproporcionado de bailarines de primer nivel, que hacen su camino en grandes compañías de ballet del mundo. Con los años, estos han incluido a Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Paloma Herrera, Ludmila Pagliero, Herman Cornejo y Marianela Núñez. Y estos son sólo las estrellas", explica
La periodista repara en la historia de Herman Cornejo, ya que destaca que no proviene de una familia de bailarines o músicos. "Su padre estaba en el ejército. Cuando tenía cinco o seis años, su madre le hizo ver un video del virtuoso soviético Vladimir Vasiliev, una gran estrella, bailando "Espartaco". Estaba tan impresionado que ella le compró un boleto para ver el ballet en el estadio Luna Park, bailada por una de las grandes estrellas argentinas de los años ochenta, Maximiliano Guerra".
Herman Cornejo: "Siempre soñé bailar con el Ballet Estable del Colón".
Después de esto Cornejo decidió estudiar en el Instituto Superior de Arte del Colón. Ganó algunos grandes premios internacionales y luego se fue de Argentina definitivamente para unirse al American Ballet Theatre. "Ahora es uno de los mejores bailarines del mundo, pero no había sido invitado al Colón, sino hasta hace poco. Y va a estar bailando en el Teatro Colón en noviembre".
Mariela Nuñez, del Royal Ballet de Londres, en el Kennedy Center.
Otra bailarina argentina que llama la atención del New Yorker es Marianela Núñez, que se fue de la Argentina a los 14 años para unirse al Royal Ballet en Londres. "Ahora ella es bailarina principal. Al igual que Cornejo tiene una técnica impecable y una especie de pudor luminoso en el escenario".
"Durante las llamadas a escena, Núñez miró hacia el anillo superior de la enorme casa con los ojos con lágrimas. "Aparecieron un montón de momentos de mi infancia", dice la periodista que le dijo al día siguiente, en la elegante cafetería Petit Colón, al lado del Teatro, después de correr para un nuevo ensayo.
La periodista traslada su pregunta básica: ¿por qué hay tantos grandes bailarines argentinos? "Primero que todo, lo que tenemos es una gran base. Hay grandes maestros aquí. Pero nada se nos sirve en una bandeja. Todos hemos tenido que luchar por esto, desde una edad muy joven. Es algo que tenemos dentro de nosotros. Y cuando vamos al extranjero, la gente se da cuenta".
Yvon Chouinard, un león en la defensa ambiental de Patagonia.
La segunda noticia que publica The New Yorker es sobre el "Rey filósofo de Patagonia", el francés Yvon Chouinard. Lo describe como alguien que "volvió sus ideales anti-corporativos en consciencia por el medio ambiente, bajo el credo de una empresa de ropa exitosa".
Yvon Chouinard, es conocido por su faceta como escalador y ecologista, además de ser el co-fundador de la compañía al aire libre Patagonia, junto a su esposa Malinda. A los 77 años, el francés tiene un celular "pero casi nunca se enciende, no utiliza el correo electrónico y desprecia la proliferación de dispositivos. Estoy cada vez más y más marginado", le contó al periodista americano Nick Paumgarten.
A cambio, Chouinard pesca con mosca, lee, pero su vida es la pesca. Puede hacerlo en las Montañas Rocosas, en Yellowstone, o en la Patagonia. Ni siquiera su mujer sabe a veces en qué lugar se encuentra su marido. "Ella envía correos electrónicos a personas con las que se supone él debe estar, en caso que haya cosas que debería conocer o hacer". Es frecuente que desaparezca por meses: "A veces durante la mitad del año, para subir en kayak, hacer surf, esquí, pescar o dar un paseo alrededor de los recintos más salvajes del planeta, a cuya conservación se ha dedicado la mayor parte de su vida".
Cada loco con su tema: el suyo es la ecología y el medio ambiente.
La marca Patagonia es uno de los grandes casos de éxito en el mundo de la ecología. No han sido todas buenas para la empresa. "En un momento estaba pasando por un trastorno. Se había crecido demasiado rápido, a finales de los años ochenta. Y en 1991, en medio de una recesión, la quiebra se cernía. Los contadores de Chouinard lo llevaron a conocer a un representante de la mafia, que ofreció un préstamo con una tasa de interés del 18 %. Al final, los Chouinards le pidieron prestado a un amigo y a algunos argentinos que querían sacar su dinero del país. La compañía despidió un 20 % de su fuerza laboral, que ya no consistía principalmente en amigos y amigos de amigos. Fue difícil, dijo. Me di cuenta que estábamos creciendo en aras del crecimiento, lo que es una mierda", resume.
Y amplía aquella visión que lo ha transformado en héroe para varias generaciones: "Me encontré con la perspectiva de ser propietario de una compañía de mil millones de dólares, con miles de empleados haciendo ropa para la vida al aire libre, dijo a principios de 1991. Posteriormente, apareció en el catálogo de Patagonia un manifiesto, bajo el título "Los próximos cien años".
Chouinard sostiene: "El ideal capitalista es hacer crecer una empresa y centrarse en que sea lo más rentable posible. Nosotros creemos que una empresa tiene la responsabilidad de hacer, todo el tiempo, el bien de sus empleados, por el bien del planeta".
"Chouinard tiene sentimientos encontrados: celebra la difusión de una conciencia ecológica, pero lamenta la desaparición del peligro y de la novedad, y la forma en que el desierto se ha convertido en un hobby, o incluso una vocación. Desprecia las estaciones de esquí (son campos de golf), la idea de escalada profesional y la proliferación de los deportes extremos bajo leyes de comercialización".
He sido un hombre de negocios durante casi sesenta años. Es tan difícil para mí decir estas palabras, ya que es igual que admitir ser alcohólico o abogado. Nunca he respetado la profesión
"Su sueño de infancia era ser un cazador de pieles, al igual que sus antepasados franco-canadienses". En un plan de aventurero prematuro realizó un viaje que finalizó en el Fitz Roy. Era parte de un grupo que compartía con el millonario Douglas Tompkins, otro apasionado de la Patagonia, conservacionista férreo y esforzado. Ambos fueron compañeros en el ejército. "Tompkins fue más mordaz y dominante que Chouinard, que siempre ha tenido una calma Zen, pero ambos han sido pertinaces con talento".
"A fines de los años ochenta, Patagonia se acercaba a cien millones de dólares en ingresos. Con el tiempo se convirtió en el primer CEO de Patagonia. En los años noventa dejó el día a día de la empresa para dedicarse, con Tompkins, a salvar la Patagonia como lugar. Su esposa "es mucho más complicada de lo que soy. Ella es más un micromanager. Es principalmente la responsable de la empresa".
"Patagonia ayudó a lanzar algo que se llama la Sustainable Apparel Coalition, un consorcio de grandes minoristas, como Wal-Mart, Macy, y Gap, que, entre otras cosas, está ahora diseñando un sistema para dar un grado de sostenibilidad a cada producto adquirible. "Pero me he vuelto cínico acerca de si podemos tener alguna influencia", dijo Chouinard. "Todo el mundo sólo toma a esto como maquillaje verde. La revolución no va a pasar con las empresas. El elefante en la habitación es el crecimiento. El crecimiento es el culpable ".
Nick Paumgarten le pregunta por el poder, qué cuánto es el suyo. "¿Poder? Yo no tengo ningún poder. Si me quejo de algo, a menudo obtengo una respuesta pasiva-agresiva. La alternativa es la microgestión. Prefiero tomar lecciones de la naturaleza. Las colonias de hormigas. No hay ninguna gestión. Cada hormiga simplemente hace su trabajo. Se comunican la manera de resolverlo. Es como un equipo SEAL de la Marina".