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Uber, la inexorable llegada del futuro

Esperamos a que Uber llegara a la Argentina para, como única reacción, pretender prohibirlo. Se meterá por los poros hasta que, finalmente, será una cosa de todos los días. En cambio, hay que trabajar en readaptar laboralmente a los sectores que desplazará. Esa competencia levantará la vara en la calidad del servicio.
Foto: www.girabsas.com
Foto: www.girabsas.com

La llegada de Uber a la Argentina nos ha tomado mal parados. La respuesta del gobierno ha sido negar su existencia, prohibiéndola. Pero eso sería como pretender tapar el sol con las manos, porque el avance del uso de las nuevas tecnologías para generar más confort a la población es inminente.

La consecuencia inmediata es el surgimiento de diversas iniciativas que buscan morigerar el impacto laboral en el gremio de taxistas y remiseros que puede tener lo que, aunque se pretenda prohibir, parece inexorable.

Pero nuevamente actuamos bajo los hechos consumados y con la realidad cachetéandonos mientras porfiamos por distraernos de las cosas que pasan en el mundo: surgen decenas de regulaciones posibles para algo en el que huelgan, porque no se puede tapar el sol con las manos.

Ni siquiera en los países árabes, con toda su rigidez y poder, en aquella "Primavera", pudieron evitar y controlar los levantamientos populares generados por intermedio de las redes sociales. Pasó. La tecnología abrió nuevos caminos y los va a abrir en todos los aspectos aquí también: en la política, en el comercio, en el transporte, en las comunicaciones, en la educación, en la relación con las creencias religiosas, en las relaciones humanas, en todo.

Es cierto que la llegada de Uber, como tantas otras cuestiones que arriban de la mano de la tecnología, provocan un recambio en la fuerza laboral y el desplazamiento de personal. Pero en lugar intentar negarlas, frenar su avance o encauzarlas de modo de promover una rara coexistencia entre pasado y presente, podríamos empezar a buscar el recambio positivo del sector que se vería mayormente afectado.

No todo se trata de tomar partido a favor o en contra, sino que hay cuestiones inevitables. En el medio, aparecen los oportunistas que prefieren anclarse en una realidad antigua porque no pueden o no quieren comprender lo que depara el futuro. Pero en la medida en que se insista en esa incomprensión, estaremos negando -en este camino entre el pasado y el futuro que es el presente- la posibilidad de vivir mejor.