Presenta:

Milagro (Salitas de infantes: esto sí que es Argentina)

¿Quién le robó a este país eso que se llama pensamiento estratégico? ¿De qué hablamos cuando hablamos de futuro? Los desmanes por el trole y la ida de Isela Costantini.
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De miraglo.

1. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.

2. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.


Varios brasileros me han oído decir que Argentina es un milagro. Se quedan mudos y eso es raro en un brasilero. Oyen atónitos, más bien diría. Luego explico esta teoría, que no es mía y ni siquiera muy nueva: este país no funciona con una lógica coherente, salvo la de una idea espantosa: la del pan para hoy y el hambre para mañana.

Los brasileros me dicen que si acá se trata de un milagro, el funcionamiento del país, qué categoría les queda para ellos. No lo he pensado demasiado, pero una buena palabra sería misterio.

Argentina funciona por un milagro. Brasil por el misterio. Extraños destinos.


María Elena Walsh acuñó aquello que vivimos en un paí jardín de infantes.

Casi nada es normal en Argentina. ¿Por qué funcionan todavía los semáforos? Un milagro, obvio (y tampoco reclamaremos mucho, como que estén en red según el tránsito).

Argentina se viene cayendo a pedazos hace bastante tiempo. Es una demolición que a veces se oye en todo el mundo, como la de 2001, pero tiendo a creer que esta debacle es más bien un trabajo de hormiga. Tal vez por eso no lo percibimos, hasta que nos toca padecer alguna anomalía, las típicas de un lugar en decadencia.

No soy pesimista asegurando lo anterior. En todo caso mi pesimismo es bastante más grande que un país. Y reconozco que vivir en Argentina es una opción muy atendible y esperanzadora. O sea: lejos estoy del pesimismo o el tango nuestro de cada día. Incluso más: a veces hasta me acostumbro a las anomalías, a lo anormal como normal.

Desde 1955 para acá, poco ha sucedido en este país para dejar de ser una especie de salita de 4 años. Fue un enorme aporte el de María Elena Walsh al hablar sobre el "país jardín de infantes". Posiblemente el país en este período perdió visión para enfrascarse, cada vez más, en el día a día. Y francamente ese destino de bombero al que parecemos confinados resulta agotador, demoledor, imbancable. 

Pero nos debe gustar vivir así, sino algo hubiera sucedido en un sentido contrario.


No quiero evitar hablar de política, de esa área altamente deficitaria pero no la única responsable de la debacle nacional. Me gustaría más poner foco en los aspectos culturales que nos hacen a todos responsables y que nos determinan.


La esperanza blanca en Aerolíneas Argentinas renunció ayer a la función pública.

Nada especial ha sucedido para intentar una pausa y revisar ciertos genes del ADN patrio. O sí: pasaron dos cosas: una, aquí en Mendoza, con la protesta de quienes piensan que privatizar la empresa de troles es una herejía. Y la otra fue la extraña noticia que Isela Costantini renunció a su cargo en Aerolíneas Argentinas. Ambos sucesos, sobre los que no opino, me llevaron a preguntas:

¿Es normal una protesta como la de ayer, de parte de quienes no están de acuerdo con una medida política?

¿Es normal que empresarios exitosos y además competentes renuncien a la función pública?

Por normal quiero decir: uno puede tener cualquier opinión, pero, ¿estar en desacuerdo da más derechos a joderle la vida a miles y miles de personas? Eso con los troles. Lo de Costantini plantea, más allá de los motivos personales que adujo en su despedida, si es normal que alguien formado en una lógica coherente no pueda soportar las presiones y el lento andar de una administración pública. No sé las razones que la llevaron a renunciar. Es lo de menos en lo que quiero plantear: 

Cómo cambiamos el Estado si siguen los mismos (lo de la debacle es general y que recoja el guante quien lo prefiera).



¿Quiénes son y dónde están los que piensan el proyecto Argentina? Se van turnando, al menos desde el retorno democrático (y no quiero hablar de Massera, que fue el gran ideólogo del Proceso). 

Alfonsín tenía un grupo de pensadores, casi todos socialistas y hasta algún ex marxista. Menem tuvo a Cavallo, lo que remite a la Fundación Mediterránea. De la Rúa tuvo a su hijo y a Darío Lopérfido. Duhalde se recostó en Lavagna y en los aires de la Democracia Cristiana global. Néstor Kirchner se enamoró de varios de Carta Abierta (y de Jaime Stiusso). Cristina Fernández se tuvo a ella misma. Macri a la New Age, Durán Barba y Alejandro Rozichtner (su padre se preguntaría varias cosas sobre el hijo en esta fase del poder político)

¿Alguien puede pensar que una ensalada así es posible? ¿Dónde encontramos el programa para una Argentina más normal? ¿Quién le robó a este país eso que se llama pensamiento estratégico? ¿De qué hablamos cuando hablamos de futuro?

Quizá, al final, yo sea el optimista por pensar que algún día esto ocurra en nuestro andar universal. Pasaríamos del país de los milagros a un país, a secas. Ni mejor ni peor, sino más ordenado, confiable y educado.