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Síntomas psiquiátricos en la enfermedad de Alzheimer

Además de la alteración en memoria y lenguaje, la Enfermedad de Alzheimer puede cursar con síntomas psiquiátricos.
Foto: Clarin
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"Hasta este momento, la situación fue manejable. Ahora dice que ve enanitos por la casa y ya no sé qué hacer"; "Hay un momento del día en que empieza a deambular por la casa recolectando cosas"; "Cuando llegué a su casa vi que había preparado las valijas y me decía que había empezado la guerra, que teníamos que huir"; "está muy agresivo, nunca fue así, por momentos tengo mucho miedo de que me pegue"; "no quiere hacer nada, no participa, está en su mundo".

Es duro, muy duro. De por sí, lidiar con los olvidos, la falta de palabras, las constantes repeticiones, la lentitud, es difícil; ahora, cuando hay que enfrentar alteraciones psiquiátricas, las familias y cuidadores se encuentran en situaciones realmente engorrosas y angustiantes.

Una gran mayoría de pacientes con Enfermedad de Alzheimer presenta síntomas conductuales o psiquiátricos (es decir, cambios en la forma habitual de ser), sin embargo, algunos enfermos pueden no padecerlos nunca.

Dentro de estos síntomas encontramos, en las primeras etapas de la enfermedad, podemos irritabilidad, ansiedad y/o depresión. En las últimas, pueden aparecer: alteraciones del sueño y del apetito, agresión física y/o verbal, nerviosismo (caminar sin rumbo, repetir movimientos o palabras o gritar), delirios y/o alucinaciones.

Si bien la causa de estos síntomas podría ser la enfermedad misma, otras veces pueden estar causados por algún problema médico asociado (deshidratación, disminución de alguna vitamina, infección, problemas de visión u oído, ingesta de algún medicamento). Una revisión médica completa podrá determinarlo.

Más allá de todo, el vacío que provoca esta irrupción dentro del grupo familiar resulta terrible. El vacío es literal. Uno se queda sin palabras, porque esa persona que uno ama se transforma en una especie de monstruo incomprensible, intratable. Así, desde esa sensación, uno actúa. Y pasa que, generalmente, lo que uno hace desde el amor, no es lo aconsejable, entonces la situación deviene en caos.

Un ejemplo clarísimo son las alucinaciones. Lo primero que uno tiende a hacer cuando el paciente dice que ve algo que no está en realidad (por ejemplo un enano que le habla) es decir: "pero si ahí no hay nada!!!". Error. Más allá de que la percepción esté distorsionada, el paciente VE eso, entonces, negárselo, es negar SU realidad. Desde ya, esto genera agresión, entonces, empezamos a discutir sobre si está o no, si lo mira o no, si le habla o no; cuando lo más sencillo es, amablemente, asentir, confirmar y tratar de distraer su atención para que olvide el tema. Listo. ¿Cambia en algo nuestra realidad hacerlo así? No. Y, de paso, nos evitamos una pelea sin sentido.

Otra. Si está ansioso y deambula por la casa gritando. ¿Sirve para algo que le levantemos la voz o lo obliguemos a estar sentado? No. Sólo generará más tensión y agresión. Será sumamente más positivo y constructivo tomarlo de la mano, mirarlo a los ojos y llevarlo hacia un lugar tranquilo, hablándole. Un poco de música no viene mal.

Como les digo a mis pacientes, el monstruo es monstruo en tanto uno lo mire como tal. Si lo enfocamos desde otro ángulo, puede que hasta sea gracioso. Tenemos que aprender a mirar los síntomas conductuales de otra manera para comportarnos diferente y así encontrar soluciones nuevas, creativas, que permitan conservar un clima de armonía.

Cecilia Ortiz, [email protected]