Un ex cura mendocino saca la cuenta: "Un 30 por ciento del clero es gay"
Luego que el reverendo Alan Wilson, obispo de Buckingham, publicara un libro para hablar de la homosexualidad en la Iglesia británica y denunciara allí la "hipocresía" de esta institución con respecto al colectivo LGTB, surgió la polémica. Wilson afirmó que uno de cada 10 de sus compañeros obispos podría ser gay en secreto y no quieren hablar públicamente. Pero el ex sacerdote católico mendocino Andrés Gioeni, que se reconoció como homosexual, dejó los hábitos y se casó con su pareja, elevó esa cifra: "Es un 30 por ciento", le dijo a MDZ tras leer la nota sobre el caso británico.
Wilson, en su libro expuso lo que él ve como "el caso teológico para una importante reevaluación de la postura de la Iglesia sobre la sexualidad", según publicó la versión digital de The Telegraph.
El religioso británico también rechazó una orden reciente que prohíbió al clero anglicano casar a una pareja del mismo sexo y se escudó en que la idea de que sea la Biblia quien lo prohíbe es una ida de la tradicionalistas, ya que los fundamentos de la Iglesia "se basan en los dictados culturales de nuestros abuelos más que en las enseñanzas de Jesús".
El libro, titulado ‘More Perfect Union?' (¿La unión más perfecta?), promete crear una gran polémica y destapar las relaciones homosexuales secretas que hay entre obispos. Sin nombrar a ninguno de sus colegas, añadiò: "En 2014 se decía que había una docena de obispos gays. Por definición, estos hombres son sacerdotes destacados que han logrado navegar las complejidades de una institución homofóbica suficientemente bien como para ser sus representantes emblemáticos".
Gioeni suma su versión
El mendocino, que contó su experiencia personal con la homosexualidad siendo sacerdote en una serie de libros y que recientemente le mandó dos cartas al papa Francisco para que replantee la postura de la iglesia católica sobre el tema, dijo sobre lo afirmado por el libro, “More Perfect Union?” (¿La unión más perfecta?) que, en su opinión, "Alan Wilson da esa cifra solamente por ser políticamente correcto en sus afirmaciones y poder hacer un acercamiento al tema -contrariamente a lo que se cree- sin polemizar demasiado ni incomodar a sus colegas".
"Todos los que hemos vivido al interior de la Iglesia sabemos que el porcentaje de homosexualidad en el clero (incluyo obispos) es mucho mayor al 30%", afirmó Gioeni a MDZ en diálogo desde Buenos Aires, en donde reside y ejerce su trabajo de actor.
"Por supuesto que no se puede hacer una estadística al respecto, ni mucho menos realizar algún tipo de encuesta anónima", completó, ya que "nadie se animaría a responder con la verdad ese tipo de preguntas inquietantes en el seno de una comunidad donde se sigue considerando una falta grave reconocerse activamente sexual. Y quizás sea esa hipocresía la que más daño le haga a la Iglesia".
El ex sacerdote se refirió específicamente a ese "daño" y dijo que "se ve reflejado desde diversas aristas". "En primer lugar -dijo- el peor perjuicio es el que se hacen a ellos mismos. No hay mayor libertad que la de reconocerse tal cual uno es". Para Gioeni "esa hermosa emancipación de reconocimiento interior es el que nos hace ser maduros en nuestras relaciones interpersonales, y nos deja proyectarnos con nuestras capacidades, aptitudes, dones y limitaciones humanas".
"El segundo daño -continuó con su enumeración- es que ante esa negación, se genera una coraza que pretende ocultar el secreto. Y como armadura creen que la estrategia del ataque hacia las personas de esa condición los resguarda de cualquier tipo de sospecha".
Al igual que el británico Wilson, Gioeni, que ha estudiado y publicado un libro sobre homosexualidad e iglesia, sostuvo que "cualquiera que ha tenido un mínimo acercamiento a los principios básicos de la psicología sabe que una persona sana es la que asume y respeta las diferencias, las tolera y las integra. Y que aquel que se rebela contra esas diferencias y las ataca puede estar creyéndose en peligro y haciendo una proyección sobre un espejo que desea romper para que no le muestre la verdad".
Sostuvo que "hay un principio teológico de San Ireneo que se puede aplicar a diferentes órdenes de la vida, que afirma: ´Lo que no se asume no se redime`. En este caso concreto no lo traigo a colación en el sentido de que haya que redimirlo porque sea algo malo; sino que hay que reconocerlo para poder hablar abiertamente de ello, sin prejuicios y sin miedo".
En cuanto al tercer daño que se le provoca a la Iglesia, Gioeni sostuvo que "enarbolan ese ataque y ese rechazo como bandera de lucha a favor de valores cristianos. Lo esconden no como una condena al amor gay, sino como una defensa de la familia. Entonces oponen una realidad vivida y sufrida (porque lo viven como un estigma, como una culpa que tienen que expiar) y la utilizan como patrón que divide lo que verdaderamente es amor y lo que ellos consideran simplemente como ´capricho de la carne. No sólo no se animan a experimentar ese amor como algo bueno, sino que lo señalan como algo indeseado por Dios".
Èl ex sacerdote mendocino habló de un "cuarto daño" que, desde su análisis, "es consecuencia terrible de los otros tres, es que muchos de ellos no pueden contener las pulsiones que tapan y esconden, y que terminan brotando de manera inhumana, recayendo sobre personas vulnerables, frágiles, indefensas. Y por eso hay tantos casos (y en esto sí hay estadísticas) de violaciones, abusos, insinuaciones y escándalos que terminan incomodando a la cúpula eclesial, más por la opinión pública que por el dolor real generado en las víctimas".
La iglesia que mira para otro lado
"Por supuesto -evaluó Gioeni- que la Iglesia lo sabe. Por supuesto que Francisco lo sabe. Por supuesto que los obispos lo saben. Pero, ¿cómo hacer para realizar un cambio radical tocando todos los temas que generan estas incoherencias?".
A la hora de las preguntas, planteó:
¿quién se anima a hablar de una formación sexual seria y responsable en los futuros sacerdotes?
¿quién se anima a hablar de lo sano que sería habilitar un celibato que no sea obligatorio para el sacerdocio sino sólo para aquellos que quieran abrazarlo?
¿quién se anima a hablar de una teología renovada que haga justicia de las interpretaciones bíblicas que avalan una apertura a las parejas del mismo sexo?
¿quién se anima a ir todavía más lejos, y decir que una persona puede ser homosexual y querer ser célibe en el sacerdocio, aún cuando éste fuera optativo?
Para Gioeni, "sería todo más sano, sería todo más transparente, sería vivido hasta como una posibilidad sexual de mostrar otros rasgos del amor incondicional y sensible de un Dios que es Padre y Madre".
"Falta mucho camino por recorrer para que la verdad irrumpa en el interior de la Iglesia, dejando entrar la luz que nos hace libres como personas", evaluó el ex cura, todavía creyente, a pesar de las cachetadas recibidas.
¿Quiénes son los curas gays?
Gioeni compartió el principio esgrimido por el británico Wilson de no dar nombres de los colegas que son o ejercen la homosexualidad desde cargos eclesiásticos. "Aún cuando sepa nombre y apellido de aquellos de los que no tengo duda alguna son gay e intentan ocultarlo. Aún cuando no haya sospecha de que ese señor obispo tenga un amante, permanente o transitorio, o frecuente a un taxi boy. No somos quiénes para violentar los tiempos del reconocimiento personal y del proceso de sinceramiento; ni para entrar en la conciencia (cada uno de ellos tendrá sus propias razones) de quien decide encubrir su identidad sexual", dijo Gioeni que concluyó: "No somos quién para dar nombres, pero sí para exigir que la hipocresía y la falsedad vayan dejando lugar al sinceramiento y al reconocimiento".