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Más de 400mil argentinos padecen epilepsia

La Semana Nacional de la Epilepsia busca derribar mitos y aumentar la información en torno a esta dolencia. Lejos de lo que se cree, el 70% de las personas afectadas puede trabajar, estudiar y tener una vida completamente normal.
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Si bien no existen datos exactos, las estimaciones indican que la prevalencia de la epilepsia oscila entre el 4 al 10 por 1.000 habitantes, es decir, casi una de cada 100 personas padece la enfermedad. En nuestro país serían alrededor de 400 mil personas afectadas. Hoy se sabe que el 30% de estos pacientes no responden a las medicaciones convencionales (epilepsias refractarias) y para ellos están disponibles líneas terapéuticas específicas como la cirugía, la estimulación del nervio vago –un mecanismo cuya acción no se conoce aun completamente- o la denominada dieta cetogénica. 

La epilepsia puede afectar a cualquier persona, sin importar la edad o el sexo, y si bien las crisis tienden a aparecer en la infancia y en la adolescencia tardía, la incidencia vuelve a aumentar después de los 65 años. 

En muchos casos las causas de la enfermedad son desconocidas, son las denominadas epilepsias criptogénicas, en tanto que en otros casos la afección puede ser de origen genético (Epilepsias Idiopáticas) o bien el resultado de anomalías congénitas, enfermedades vasculares como el infarto vascular, infecciones del cerebro, tumores, enfermedades degenerativas o lesiones. 

“Las epilepsias refractarias son más frecuentes en los chicos menores de 5 años y se calcula que constituyen alrededor del 30%. Entre las opciones terapéuticas que se manejan para estos casos se encuentran la cirugía, la estimulación del nervio vago y el tratamiento dietario, entre estas últimas la denominada dieta cetogénica clásica, utilizada mayormente en chicos, y la dieta de Atkins modificada, indicada para adultos y adolescentes”, indicó la Dra. María Vaccarezza, neuróloga infantil y médica de planta del Hospital Italiano de Buenos Aires. 

La dieta cetogénica (DC) está basada en una alimentación elevada en grasas y baja en hidratos de carbono. Incluye alimentos comunes como crema, aceite, manteca, carne, pollo, huevo, quesos, pescado, frutas y verduras. 

También existe una leche medicamentosa que puede usarse para preparar comidas o en caso de pacientes lactantes o que se alimenten por gastrostomías, es decir a través de una sonda percutánea. Entre los alimentos que están prohibidos se encuentran los cereales, las papas, galletitas, choclo, batata o pastas. La DC no es para toda la vida ya que de resultar efectiva en el paciente éste la adoptará por un periodo de 2 a 3 años, para luego gradualmente irla convirtiendo en una dieta común. 

La epilepsia en cifras 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, OMS, unas 50 millones de personas padecen de epilepsia en el mundo y cerca del 80% de los pacientes proceden de regiones en desarrollo. A su vez, la organización advierte que alrededor de las tres cuartas partes de las personas afectadas residentes en países en desarrollo no reciben el tratamiento que necesitan. 

Asegura además, que los pacientes y sus familias pueden ser víctimas de la estigmatización y la discriminación. Según la Dra. García, “el impacto a nivel emocional en los pacientes con epilepsia es enorme ya que si bien es cierto que es una patología crónica como la diabetes o el asma, a las personas les da mucha vergüenza que el otro los vea con alguna convulsión. Por otra parte, a nivel laboral el hecho de que no los contraten por ser epilépticos los lleva a ocultar su enfermedad. 

Lo cierto es que más del 70% puede desempeñarse normalmente, salvo en aquellos trabajos que impliquen actuar en alturas o manejar maquinaria pesada”. 

Diagnóstico 

Para alcanzar el diagnóstico de epilepsia le primera herramienta que debe poner en juego el médico es el interrogatorio. De esta forma, sabrá si existen factores de riesgo en el paciente que ha sufrido una crisis epiléptica, tales como antecedentes familiares, enfermedades previas, historia de sufrimiento fetal o tras el parto o antecedentes de traumatismos de cráneo. 

“En algunos pacientes el diagnóstico es claro y rápido, mientras que en otros es más dificultoso, sobre todo si tienen convulsiones generalizadas ya que se pueden confundir con cuadros de baja presión, como son los síncopes, o con episodios que parecen convulsiones pero que en realidad tienen una base psicológica o emocional. 

No obstante, en la gran mayoría el diagnóstico es rápido”, sostuvo la Dra. García. La entrevista al paciente deberá además ir acompañada de pruebas diagnósticas en donde se incluye el electroencefalograma, utilizado para medir la actividad eléctrica cerebral y de este modo identificar las descargas eléctricas anormales de las neuronas que desembocaron en la crisis. De acuerdo a cada caso, también podrá requerirse una resonancia magnética para descartar cualquier lesión interna en el cerebro. 

Liga Argentina contra la Epilepsia https://www.lace.org.ar/

(Oribe Prensa)