ver más

Conocé a la mujer que perdió 100 kilos

Akilah Monifa no tenía un gusto refinado por la comida hasta que bajó 100 kilos. La directora de comunicaciones dice que ella nunca disfrutaba su comida.

La mujer que bajó 100 kilos admitió que comía comida chatarra sin límites. Pero a diferencia de lo que ocurre con las drogas o el alcohol, donde un adicto puede ponerle fin al comportamiento negativo, ella sabía que no podía dejar de comer. Así que lo que decidió fue dejar de comer y beber por costumbre.

Empezó con cambios pequeños. Primero, dejó de beber gaseosas de dieta. Para ella fue un verdadero sacrificio, destacó en la CNN.

"Quizá bebía entre seis y ocho coca colas de dieta al día. Sé que la gente piensa que está bien beberlas ya que no tienen calorías, pero me di cuenta de que realmente nunca las tomaba solas", dijo Monifa.

 "Por lo general las acompañaba con una gran bolsa de patatas fritas".

Luego dejó las patatas fritas. Después de eso, dejó de comer M&Ms; sus colores brillantes siempre la tentaban desde el tazón del escritorio de una mujer fuera de la puerta de su oficina.

El peso máximo de Akilah Monifa fue 181 kilos. Ella dice que no hubo un momento específico en el que se diera cuenta de que necesitaba bajar de peso. El conocimiento vino en pequeñas oleadas.

Su hija se quejaba de que caminaba demasiado despacio.No podía acompañar a sus amigos en los juegos de los parques de diversiones porque excedía los límites de peso.

Cuando volaba, tenía que usar un expansor para el cinturón de seguridad y una vez incluso la sacaron de un vuelo. Cuando se bajó del avión el agente de la puerta le dijo que pondría en su perfil que tenía que comprar dos asientos.

Monifa, de 57 años, no sabe exactamente cómo llegó a engordar. Solo sabe que subió entre 4 y 6 kilos un año después de los 15 años de edad.

"Entonces comencé a decirme a mí misma cosas como 'nunca pesaré más de 90 kilos’. Luego se convirtió en 'nunca pesaré más de 113’, luego 135, luego 158. Luego se convirtió en 181”, contó Monifa.

Su madre y luego su pareja, le compraban ropa. Dejó de pesarse cuando llegó a 389 libras. Después se dio cuenta de que incluso había dejado de verse en el espejo.

"Había una ventana en una tienda por departamentos, y yo recuerdo ver a alguien por el rabillo de mi ojo y pensar: '¿Quién es esa gran persona tan gorda detrás de mí?' Poco a poco me di cuenta. Era yo".


La cirugía

Monifa decidió que tenía que hacer algo drástico. Investigó la cirugía de derivación gástrica; una amiga había bajado 110 libras con el procedimiento. En la cirugía de derivación gástrica, los médicos crean una pequeña bolsa en la parte superior de tu estómago y hacen una desviación con el resto para enviar la comida directamente al intestino delgado. La bolsa de tamaño de una nuez sólo puede contener una onza de comida.

"Justo cuando estaba pensando en eso, me llamó una amiga y me dijo que la mujer había muerto", dijo Monifa. "Descarté la cirugía. No iba a perder mi vida por eso".

Hace tres años, se armó del valor suficiente para considerarlo otra vez.

Su seguro cubría un programa en Stanford. Empezó de la forma correcta con una conferencia por parte del médico que llevaría a cabo su cirugía.

"Él dijo que había hecho 2.000 intervenciones, que no había habido muertes y que se había criado en Huntsville, Alabama, donde yo viví en una época", dijo Monifa. "Pensé que era una señal de que todo iba a salir bien".

En agosto de 2012, se sometió a la cirugía. Pesaba 150 kilos.

Todo salió bien durante las primeras dos semanas. No tuvo problemas con la dieta de líquidos, alta en proteínas. Pronto, pasó a comer cantidades pequeñas. Pero entonces recayó en un viejo hábito.

Se le hacía tarde cuando iba al gimnasio. Hacía una parada en el autoservicio. Después de un bocado, vomitaba.

Fue ahí cuando dejó la comida rápida de una vez por todas.

Cuando regresó a trabajar en octubre, pesaba 127 kilos. No me quedaba la ropa que tenía, así que lo comenté en Facebook y la gente empezó a darme ropa en grandes cantidades. Me dieron un apoyo increíble".

"Nunca me he sentido mejor en cuanto a cómo me veo y a mi imagen. Ahora siento que puedo atraer a alguien. Mi amiga de la universidad bromea con que ya es momento de que esté en una súper pareja lesbiana, pero en realidad ahora solo quiero a alguien que pueda estar conmigo en este mundo.

"Finalmente veo que valgo la pena."