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Alta performance y calidad de vida: Compartir con reglas propias

En muchos casos la idea de compartir está asociada a sumar, ganar, y en otros a restar o perder.

Para ciertas cosas estamos listos o predispuestos para compartir. Es común que desde temprana edad se nos incentive a compartir nuestros libros, juegos, merienda, y hasta genera cierta desaprobación que un niño se niegue a hacerlo.

Natalia Aramburu

Podríamos pensar que hay una parte intrínseca en el ser humano que desea distribuir con los demás y otra que desea lo contrario. Tal vez, para ser más generosos con todo, se trate principalmente de reforzar la primera conducta y no incentivar la segunda. Muchas veces nuestras costumbres se instalan por comodidad, por refuerzo positivo de ciertas acciones y/o por paradigmas establecidos.

Y pensando en lo establecido, me pregunto por qué motivo nos parece tan natural la idea de compartir algunas cosas, pero otras no. En nuestra cultura a veces sucede, por ejemplo, que alguien que no desea compartir el vaso o los cubiertos con otras personas, al mismo tiempo tome mate con ellas. Si puede tomar de la misma bombilla, ¿por qué no puede usar el mismo vaso? Creo que es simplemente una cuestión de paradigma.

Trasladando esto a otras situaciones, vemos que también nos dejamos llevar por estereototipos de cómo deben ser las cosas, de lo que se debe compartir y lo que no. Por ejemplo, está establecido que una pareja “debe” compartir tarde o temprano la vivienda, y dentro de ella muchos de los espacios. Y por otra parte, hay cosas que están restringidas al vínculo de pareja, y que no deben compartirse con nadie más. Me pregunto cuánto de eso elegimos por estar cien por ciento de acuerdo y cuánto porque es “lo que hay que hacer” o lo que hace la mayoría.

Pienso que en muchos casos la idea de compartir está asociada a sumar, ganar, y en otros a restar o perder. Sólo me queda la inquietud de si realmente sumamos y restamos al compartir de la forma que está pautada por la sociedad y que tal vez no sea la que en el fondo más nos gratifica. Sugiero reflexionar y sincerarse con uno mismo, indagar cuáles son los verdaderos deseos respecto al compartir. Jugar a que nada está establecido, a que es posible poner nuestras propias reglas. Tal vez sea interesante la conclusión a la que lleguemos.

 

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose