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Propuestas y críticas: hablan los candidatos al rectorado de la UNCuyo

Jorge Barón, Jorge López y José Rodríguez expusieron sus puntos de vista respecto del estado de la universidad y se explayaron sobre sus propuestas.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

La Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) atraviesa por estos días un proceso inédito en su historia: la elección por voto directo de sus autoridades. Por primera vez, la institución vive una campaña política intensa, en esta oportunidad, de parte de las cuatro listas que se presentaron para competir por ocupar el rectorado.

Daniel Pizzi y Jorge Barón; Roberto Battistón y Alicia Puerta de Chacón; José Rodríguez y Claudia Paparini y Jorge López y Adriana García son las cuatro duplas que aspiran a ocupar los cargos de rector y vicerrector de la Uncuyo. Además de ellos, también hay listas que aspiran a conducir los claustros y las unidades académicas. Con todo esto, toma relevancia no sólo la nueva metodología, sino los candidatos, todos y cada uno de ellos, quienes han asumido la responsabilidad de postularse por primera vez en una elección por voto directo.

El nuevo proceso

Este nuevo método de selección de autoridades obliga a los aspirantes a, como en toda campaña política, comprometerse a partir de una base que oriente a los electores respecto de los lineamientos de la política que cada uno de ellos quisiera llevar adelante. Movidos por el deseo de conocer qué pensaban los candidatos respecto de la situación actual de la UNCuyo y cuáles eran sus propuestas, convocamos a los cuatro candidatos a rector a reunirnos en la cálida tarde otoñal, y el lugar elegido fue el local godoicruceño de Tea & Company.

Si bien, como ya dijimos, los convocados eran los primeros candidatos de las cuatro listas, es decir, Pizzi, Battistón, Rodríguez y López, el primero de ellos tuvo un serio inconveniente que involucraba a uno de sus hijos, por lo que se le hizo imposible participar, pero en su lugar lo hizo Barón, candidato a vice de la lista que representa al Interclaustro.

Por su parte, a última hora, la gente de prensa de la lista Battistón-Puerta de Chacón se comunicó para informar que el candidato a rector no participaría en la entrevista. Peguntamos si en su lugar podía hacerlo la candidata a vice o algún otro de los integrantes de la lista, pero ya era demasiado tarde para acordar con cualquiera de ellos.

De manera que fueron Jorge Barón, José Rodríguez y Jorge López quienes asistieron a la cita.

Jorge Barón, Jorge López y José Rodríguez, tres de los candidatos al rectorado.

Mientras nos preparamos para acompañar la charla con una degustación de tés acompañada de platos dulces y salados de la pastelería de la casa, rompemos el hielo pidiéndoles a los candidatos que nos expliquen cómo influye esta nueva modalidad en la elección de autoridades en la Universidad Nacional de Cuyo.

“El proceso de reforma comenzó en diciembre de 2012”, comenzó explicando José Rodríguez, y agregó: “Hicimos una conferencia de prensa convocando a todos los claustros a debatir la reforma del estatuto en varios aspectos, uno de esos aspectos era la elección del rector, y por supuesto de los otros aspectos, académicos, de extensión, de vinculación, pero estos no se alcanzaron ni a tratar, porque fueron tan desgastantes las asambleas, que fueron muchas, que realmente no teníamos chance, así que quedó para las autoridades que sean electas ahora debatir estos temas, que son tan o más importantes que la elección en sí misma. Pero me parece importante de la elección directa, y un punto que es crucial es que cambia el foco del modo de elección, antes el foco lo tenía el elector, porque los candidatos era todos, no había una activa participación de los candidatos, uno solamente se encargaba de tener los votos, en el caso del rector, de la asamblea, y en el caso de los decanos, los concejos directivos, lo que llevaba a acuerdos políticos y un reparto de las áreas de poder. A partir de la reforma, el punto está puesto en los candidatos. El primer punto de la reforma dice que el que quiera ser elegido rector o decano debe decirlo, debe presentar fórmulas, plataforma de gobierno y tiene que adherir a listas de los cuatro claustros, docentes, personal de apoyo, y estudiantes, y tienen que adherir voluntariamente a ir con las fórmulas, explicitar el apoyo y tener los abales”.

Por su parte, Jorge López indicó que los efectos de esta modalidad podrán verse con el tiempo, y destacó: “Es una oportunidad magnífica para que el voto de la gente sea el reflejo de su propia evaluación, no sea intemediado por otros dirigentes, esto implica una relación más cercana entre el que vota y el que va a ser elegido. Entonces, nos va a obligar a nosotros, los candidatos, a caminar, a recorrer, a explicitar qué es lo que vamos a hacer, a comprometernos, y eso es bueno. Por supuesto que el ejercicio de lo electoral nos va a dar algunas evaluaciones y observaciones que podrán cambiar en el tiempo, pero me parece que es un proceso sin retorno. La elección directa es fundamental. Antes también se presentaban plataformas, pero no era obligatorio, había menos identidad de los candidatos, que se reducían mucho al sector al que uno pertenecía, al docente, porque los docentes, con muy poco más, podían elegir al decano o al rector, ahora la cosa es más dispersa y al mismo tiempo se han actualizado los padrones, que incluye diez años de egresados”.

En tanto, Jorge Barón, agregó: La reforma, desde luego, es importantísima, y yo quisiera ampliar un poco la idea de que esto va hacia una mayor participación democrática. El sistema de elección directa es una de las modificaciones que se han hecho, pero hay varias más y otras que todavía deben hacerse, concretamente hay algunos sectores que no están incluidos en el sistema de elecciones, hay instituciones como el Balseiro, el Hospital Universitario, que no participan, que no están en los padrones. Desde luego, es un paradigma que no sabemos cómo va a resultar. Desde el punto de vista práctico, tiene una serie de dificultades de implementación, es una elección complicada porque eligen los distintos claustros y las distintas unidades académicas. Hubo dificultades concretas en la implementación y seguramente va a haber más, pero, de todos modos, es un enorme paso para democratizar más una universidad como la nuestra, que tiene una gran influencia en la región”.

Lo que piensan, lo que proponen

Estamos ya en condiciones de que cada uno de los candidatos presentes expongan qué piensan de la situación de la UNCuyo y qué proponen, así que vamos al grano.

Jorge López.

- ¿Cuáles son los puntos débiles que ven de esta gestión o de cómo se está administrando la universidad en este momento?

Jorge López: Creo que hay que pensar siempre en los puntos fuertes, los puntos débiles son parte de lo que nosotros creemos que hay que crecer. Puntos débiles, como tales, la universidad no tiene. Sí tiene mucho que hacer para profundizar las fortalezas, y en ese sentido quizás haya algunas cosas que se han comenzado a hacer y que hay que darles mucho para llegar al punto de transformación que permita una formación integral, humanística, solidaria y al mismo tiempo técnicamente excelente para que nuestros egresados tengan un desempeño profesional adecuado a esta época, y quien puede proveerlo es la educación, no sólo de la universidad, sino toda la educación. Puede ser que a nuestra universidad le falte un tanto de mayor vinculación con temas sociales reales, y en la formación en eso entra el triángulo virtuoso de la sociedad, los gobiernos y la universidad, para crecer en conjunto, porque lo que hoy no hay demasiado es ese contenido desarrollado suficientemente como para poder enfrentar las políticas públicas.

Jorge Barón: Creo que hay algunos aspectos en los que es necesario trabajar. Uno de ellos es el estrictamente académico. La universidad de Cuyo está en una etapa de amesetamiento de su matrícula, y en la región está perdiendo protagonismo en cuanto al porcentaje de estudiantes que tiene en comparación con otras universidades, en particular con el sector privado. Esto no es así a nivel nacional, donde la realidad es que aumenta la matrícula en las universidades nacionales. Esto es algo en lo cual se tiene que trabajar bastante. La universidad tiene que trabajar en resultar más inclusiva, pero inclusiva en un sentido amplio. Por ahí se entiende como inclusión permitir el ingreso de la gente que quiera a la universidad, pero yo creo que la inclusión va mucho más allá, porque hay que garantizarle al estudiante que pueda efectivamente desarrollar su carrera, cursar, aprobar sus materias, y que pueda graduarse. No nos sirve de mucho un ingreso irrestricto si no tenemos programas que los acompañen durante la carrera y luego de la graduación. Esto de ninguna manera va en desmedro de la calidad académica. Una de las grandes fortalezas que tiene la universidad de Cuyo es su calidad académica, que ha sido demostrada por todas las evaluaciones por las que ha pasado, por las acreditaciones de carreras. Sí creemos que hay que esforzarse en mecanismos que permitan aumentar no sólo la tasa de ingreso, sino también la de permanencia y sobre todo las de egreso. Y esto es particularmente más complejo en las carreras más técnicas, y ahí no es una excepción a nivel nacional, porque son las que resultan menos atractivas de parte de los jóvenes. Más allá de esto, estoy de acuerdo con Jorge López en la visión de la universidad volcada al medio, mucho de nuestro sistema universitario nacional estuvo durante muchos años encerrado en sí mismo y la sociedad veía a la universidad como algo medio inaccesible. Esto es algo que debe revertirse, se han hecho muchas acciones especialmente a partir de la gestión de María Victoria [Gómez de Erice] y actualmente se siguen haciendo acciones de apertura al medio, pero esto debe profundizarse, porque la universidad no puede estar de espaldas a la sociedad que la sostiene.

José Rodríguez: Yo sí creo que tenemos debilidades. La universidad tiene dos grandes objetivos, el académico pero también su relación con la sociedad, porque es una organización que depende del Estado, de todos, nos sostiene toda la sociedad, sin distinción de estatus social o económico, con los impuestos que pagan, y la misión de la universidad tiene que ver con esto que ha sido delineado, que es una mirada estratégica, que tiene que ver no solamente con formar profesionales, técnicos, artistas, sino también generar políticas científicas, de vinculación y públicas para mejorar la vida de todos los mendocinos y, por qué no, de la región y de toda la Argentina. Creo que ahí la debilidad más fuerte desde lo académico y lo interno, y lo ha señalado muy bien Barón, es la matrícula estancada. Somos la provincia con más presencia de universidades privadas en carreras muy sensibles, como derecho, arquitectura, medicina, y en aquellas carreras en las que el presupuesto es muy alto y las ganancias para las privadas serían mínimas todavía no incursionan, como el caso de agronomía y algunas otras carreras como ingeniería, donde deben tener laboratorios y los alumnos tienen que tener mucha práctica. Y también Barón señaló muy bien que la inclusión no es abrir las puertas y que entren todos, el ingreso irrestricto lo hemos vivido. Yo entré con ingreso irrestricto en el 76, entramos 780 aspirantes y creo que a segundo año pasamos 60, y a tercero 30, entonces, evidentemente, hay un gasto en sí mismo, además de la frustración de los estudiantes al hacerles creer que porque entran en la universidad ya son estudiantes universitarios. Es muy importante la retención y es muy importante el egresado, es decir, formar verdaderos profesionales que no sean solamente sólidos en lo académico y en lo profesional, sino también buenas personas, que en eso en general tenemos buenos resultados. También está el tema de los posgrados, que está dentro de lo académico. Cuando yo inicié como docente no había muchos posgrados en la universidad y ahora han crecido, pero el presupuesto en posgrados es mínimo, casi no existe, son arancelados la mayoría de ellos, y no hay una política clara de contar en algún momento con un presupuesto genuino para los posgrados. Y en la relación con la sociedad, es un deber de la universidad tratar temas de investigación que hacen a la vida de los mendocinos, hay temas que hacen a la vida de los mendocinos en los que la universidad no tiene ejes de políticas, por ejemplo, la inseguridad, el empleo, temas que se manejan a veces en grupos académicos desarticulados del resto. Y en el funcionamiento creo que tenemos muchas debilidades. No hemos logrado lo que nos dijeron los observadores en la anterior evaluación institucional, que la Universidad Nacional de Cuyo no eran once unidades académicas articuladas, sino una federación de once unidades académicas, y creo que aun al interior de las unidades académicas todavía no logramos articular entre departamentos y cátedras, y últimamente se ha profundizado la disociación del rectorado con las unidades académicas.

José Rodríguez.

- ¿Cómo influye esto en la carrera de los alumnos?

J.R.: Los alumnos no tienen acceso a veces a la investigación. El rectorado por ahí arma grupos de investigación, de extensión o de vinculación que están totalmente desvinculados de las unidades académicas, que es donde están los alumnos, entonces hay alumnos que crecen mucho pero que dependen del rectorado, desde donde hacen la captación de los alumnos de manera directa. No siempre pasa esto, hay buenos ejemplos de lo contrario, como la planta de biogás de Agrarias, pero no es política de la universidad.

- Me llama la atención, porque todos los puntos a los que se refirieron como debilidades o acciones a reforzar son, justamente, los que la UNCuyo destaca que están funcionando bien y en los que hubo un gran avance en estos años.

J.L.: Hablamos de la admisión, del ingreso, y hemos hecho cosas para el ingreso, hemos perfeccionado mucho la capacitación, logrando buenos resultados en alumnos, pero este ingreso resulta que es provisto por una escuela secundaria que claramente no se ve que esté pensando en la etapa siguiente de sus alumnos, que es la universidad, porque la verdad es que tenemos que concertar con la escuela secundaria, así como lo hacemos muy bien con nuestros propios colegios secundarios universitarios, y en eso hace falta efectivizar cosas con la Dirección General de Escuelas para que en los últimos dos años, al menos, se haga una fuerte capacitación en lo que hace a las competencias generales y específicas que tiene que tener un alumno para ser exitoso en la universidad. Y luego la universidad, que cambia cien por ciento el panorama del alumno, porque pasa de aulas de treinta alumnos a clases magistrales de cuatrocientos alumnos, entonces aparece lo otro que decía Barón, la retención. Hemos hecho cosas por la retención, pero hay que profundizarlas, porque no alcanza. Un tema fundamental es preparar al docente para estos nuevos entornos de aprendizaje. Ahora el alumno viene con programas de computación y comunicación y terminan sabiendo más sobre esto que el propio profesor. El profesor tiene que actualizarse. Y en el caso de mi facultad, si hace unos años había trescientos alumnos en la plataforma educativa, ahora hay seis mil. Hay que orientar las secretarías del rectorado hacia esas necesidades que tienen las unidades académicas, con la mayor oferta de sistemas de comunicación, de banda ancha, porque por ahí se cae la banda y estamos perdidos en la universidad.

- En la medida en que mejoren estos servicios, ¿no va a haber problema con el ingreso?

J.L.: El ingreso siempre es pautado, con niveles de aprobación mínimos, una nivelación. Pero uno no puede recibir a todos, porque no se tiene aulas dónde meterlos. De todas maneras, es un ingreso que siempre da la oportunidad, y no en todas las facultades existe la restricción de ingreso. Lo que se hace es nivelar y requerir un mínimo nivel de competencias que le garanticen al estudiante cursar y recibirse. Pero no basta con eso, porque una vez que esté adentro tenemos que tener una buena atención, no podemos tratarlo masivamente, hay que tener un trato más personal, y eso implica una multiplicación de los recursos de la universidad, más recurso humano, más dedicación del recurso humano.

J.B.: Volviendo a tu pregunta. No sólo la universidad de Cuyo, sino todo el sistema educativo, se encuentra ante un nuevo paradigma. Y voy a poner un ejemplo sencillo. Si yo voy a hablar de un tema con los alumnos y voy a brindarles información sobre el tema, es muy posible que los alumnos accedan a esa información y a mucha más de manera más rápida y eficiente que la que yo les transmito hablando. Internet ha abierto un esquema distinto de transmitir información, y eso nos lleva a que los docentes universitarios tenemos que adaptarnos a este nuevo paradigma. En la materia optativa que yo doy tengo más alumnos inscriptos en la página de Facebook que por la propia página web de la universidad. Es una nueva manera de incorporar la tecnología que, nos guste o no, están en los jóvenes. En cuanto a lo que este acceso a la información llevaría a eliminar una limitante en el ingreso y la permanencia a la universidad, yo creo que es así, que en no muchos años todas las universidades públicas no van a tener problemas de ingreso, cualquiera que quiera estudiar va a poder hacerlo, y eso requiere un cambio de paradigma desde adentro. Esto se está dando en las grandes universidades del mundo. Y eso nos va a llevar a una situación de mayor inclusión.

J.R.: De todas maneras son herramientas. Cuando yo empecé a estudiar era todo libros, y cuando terminé era todo papers. Es decir, todas estas cosas son herramientas, nunca van a poder sustituir a la docencia pura.

- Respecto de la calidad educativa y los contenidos y capacidades requeridas a los alumnos para entrar a la universidad, por lo que escuché, están reproduciendo esto de que el problema viene de la secundaria, pero en la secundaria muchos de los docentes son egresados de la UNCuyo.

J.R.: Yo creo que no hay que echarle la culpa a nadie. El problema es algo que se está viendo a nivel general, y tienen más incidencia las nuevas modalidades de comunicación de los adolescente en la primaria y en la secundaria que en la universidad misma. Hay un dato muy curioso: de los egresados de los colegios de la universidad, más del 90 por ciento entra a la universidad, lo que está hablando, evidentemente, de dos cosas. Primero, de que los colegios de la universidad son elitistas, y segundo, de que en general el nivel de los colegios de la universidad es bueno. Y son elitistas porque toman solamente a los mejores promedios de la escuela primaria, por lo que ya parten de una población bien preparada.

- Pero ahí hay una paradoja. ¿Cómo sabemos que son buenos si la misma universidad es la medida de los colegios de la universidad?

J.R.: Es que hay una potenciación. Primero, toman una muestra de la población muy especial, y después tienen una muy buena preparación. Las dos cosas hacen que, en definitiva, tengan muy buenos egresados. Tan es así que la presión que hay de la gente para que un alumno entre a un colegio de la universidad es mucho más fuerte que la que hay para que entre a una facultad. Pero no nos desviemos del tema. Yo creo que la universidad tiene que ir por las políticas públicas, primero hay que ver las vocaciones tempranas, por lo que la universidad no puede esperar a que el alumno llegue y se inscriba, sino que tiene que lograr la articulación, que por ahora se está haciendo débilmente. Tiene que ser más fuerte, con un convenio con la DGE, con los municipios, porque también es cierto que las distancias ponen límites, por eso está toda la política de territorialización. También tiene que ver con carreras de mucha complejidad. En definitiva, la universidad tiene que empezar a articular con el sistema primario y secundario, especialmente en esto de que muchas veces descuidan las formaciones básicas en los últimos años de la secundaria, sobre todo las escuelas técnicas, donde preparan para la oferta laboral pero no en las materia básicas. Nosotros estamos preparando un programa de ciclos básicos comunes, que la próxima gestión tendrá que implementar, con módulos de materias de primer año.

Jorge Barón.

J.B.: Yendo al tema de la articulación con el secundario, las deficiencias que uno ve en los primeros años de la universidad no son tanto por los contenidos que han aprendido, sino por las capacidades que han desarrollado, y ese es también el cambio de paradigma que hay. Cuando hablamos de capacidades, hablamos de la capacidad de comprender un texto, de formular un problema, de saber qué es una hipótesis y qué un desarrollo, de plantear a partir de un escenario un problema concreto a resolver, de trabajar en grupo, y esto es uno de los aspectos a profundizar en esta articulación, exigirles que tengan tales o cuales contenidos, a que sepan hacer, y si esto se lleva a escala universitaria, nos está pasando que en las ingenierías estamos formando ingenieros que van a trabajar con temas que aún todavía no existen, por eso es tan importante el desarrollo de capacidades, y un ejemplo concreto son las nanotecnologías. Hoy todos los que están trabajando en eso nunca las estudiaron, no formó parte de sus currículas, pero sí tuvieron una buena formación para poder tener las capacidades para enfrentar temas nuevos.

- Pero esto ha estado presente siempre en la formación universitaria, siempre hubo una preparación para la investigación y para el desarrollo de nuevas tecnologías, tanto en carreras como filosofía como en carreras de ingeniería. La tecnología 2.0 no surgió de la universidad sino del laboratorio, los que la crearon se formaron en electrónica y desde ahí lo desarrollaron.

J.L.: Yo disiento en esto, porque no está tan presente. La universidad en general ha trabajado sobre la historia, sobre los que sucedió. Relativamente poco ha trabajado con lo que puede ser. Es más, sus contenidos en general son disciplinares, es decir, la disciplina ilumina el aprendizaje, cuando, en la realidad, lo que ilumina el aprendizaje es la misma realidad multidisciplinaria, donde se ven las consecuencias y las causas de los fenómenos, entonces, lo que nosotros creemos es que de apoco hay que poner al alumno en condiciones de enfrentar realidades que le permitan decidir en situaciones, que cuando cambie la tecnología puedan absorberlas y no solamente trabajar con lo que pasó. Pero a lo que yo me quería referir era a la multidisciplina. La formación disciplinaria nos lleva a compartimentos estancos, y la acción de desempeño profesional o científico nos lleva a escenarios multidisciplinarios. Nosotros hemos convocado a cinco unidades académicas para una capacitación en GTec [gestión tecnológica]. Pensemos en el tema de los servicios públicos. Qué respuesta tiene la universidad ante esto. Hemos hecho un centro de estudios de servicios públicos entre Derecho, Ingeniería y Ciencias Económicas, y hemos invitado a Ciencias Políticas, para trabajar los temas en forma multidisciplinaria. Ahora, el hacerlo es un problema, porque no hay tentación a trabajar de esa manera. Y en eso estamos en déficit.

J.R.: Con relación a esto, lo que está en crisis es el modelo pedagógico. Evidentemente, hasta ahora el sistema academicista funcionó relativamente bien, pero somos muy elitistas. ¿Cómo hacer para mantener esa calidad o mejorarla siendo más inclusivos? Evidentemente, en ese sentido el modelo académico está agotado. Hay que pasar a un modelo en el que el docente no solamente se encargue de las clases, sino también que haga investigación. El sistema de investigación de todo el sistema universitario nacional está en crisis, porque tiene el mismo presupuesto que hace diez años.

- Entonces, si la educación universitaria está en crisis, lo mismo que la secundaria y la primaria, ¿cómo es posible que la universidad, en ese cuadro, haya perdido matrícula respecto, de las universidades privadas, como decían al comienzo de la charla?

J.R.: Es muy claro y concreto, las privadas, por un lado, tienen la facilidad de la banda horaria, y por otro lado, son de bastante menos calidad académica que el sistema universitario nacional. Se da la dicotomía de que la persona de buen ingreso económico que puede pagar una academia de ingreso, por ejemplo, en medicina, va a la de Cuyo, y aquellos que no pueden o que no aprueban el examen de ingreso van a la privada. Evidentemente, hay excelencia académica, el problema es que no somos inclusivos, somo elitistas, y creo que hay que revertir eso, porque nos debemos a la sociedad. Hay que darle la posibilidad a la persona que tiene más vocación y no sólo a aquella de buena posición económica, y para lograr eso, tenemos que articular con las escuelas primaria y secundaria, salir a la calle, investigar sobre demandas concretas, hacer vinculación, todo esto que hoy existe pero hay que profundizar. La universidad tiene que empezar a transitar nuevos modelos académicos donde se ponga en crisis a la educación como se la imparte hoy, a partir, sobre todo, de los docentes jóvenes.

J.L.: Yo te diría, José que decir que nuestra universidad es elitista es un poco pesado, porque yo he vivido la universidad desde la secundaria, y yo tuve la posibilidad de entrar.

J.R.: Pero yo estoy diciendo en este momento, no en el pasado.

J.L.: Yo también.

J.R.: En este momento, paseate por las playas de estacionamiento de las facultades y fijate los autos que hay. Nosotros nos íbamos en bondi o en tren a la facultad.

J.L.: Yo disiento. Creo que hay una mezcla. Quizás haya que profundizar la inclusión, básicamente me parece que el trabajo territorial es una de nuestras deudas, que hemos estado haciendo, pero falta el desarrollo territorial , falta la presencia de la universidad en el interior con carreras enteras, y también falta seguir promoviendo lo que hasta ahora era una articulación que teníamos con los ITU para las tecnicaturas, que son realmente importantes en la vida profesional de alguien. Creo que, en ese sentido, la universidad debe avanzar y las unidades académicas evaluar las carreras que se van a llevar al territorio, porque necesitamos ampliar la presencia en el territorio.

J.B.: Retomando el tema de por qué la matrícula en las universidades privadas crece y en la de Cuyo no, yo participé en un grupo que estuvo evaluando la oferta educativa de la universidad y planificando a futuro. Este grupo funcionó durante más de dos años y sus propuestas están dentro de las propuestas estratégicas de la universidad para el 2021. Entre las cosas que vimos ahí está, y en esto difiero con lo que se dijo, que no toda la oferta académica privada sea de baja calidad. Hay muy buenas universidades privadas, hay de todo, y creo que sí tienen dos características que la universidad de Cuyo no tiene. Una de ellas es la velocidad de adaptación. Las universidades privadas tienen una gimnasia muy ágil, para crear carreras, para aprobar planes de estudio, que hace que las ofertas sean mucho más flexibles, que la carrera aparezca enseguida, de acuerdo a la necesidad el momento. En ese sentido, la universidad de Cuyo tiene una estructura mucho más lenta, y tenemos que ser capaces de agilizar la respuesta ante las necesidades del medio social. El otro aspecto es que hoy en día estamos enfrentando, como bien decían Jorge y José, problemas multidisciplinarios, y el enfoque desde cada disciplina se nos queda corto para la mayoría de los problemas que enfrentamos como sociedad, y la problemática de la universidad de Cuyo es que hay poca vinculación horizontal entre las unidades académicas, entre las carreras en las unidades académicas, y si lo pensamos en movilidad con otras instituciones educativas, todavía es más baja, como con la UTN, que es prácticamente inexistente. Ese es otro aspecto a tratar. Y en acciones concretas, estamos pensando en carreras de múltiple dependencia, no sólo en posgrados, que hay proyectos exitosos como el Gtec, que recién nombraban, sino para que haya carreras que no dependan de una única unidad académica, sino que un estudiante pueda formarse en determinado aspecto en una unidad académica y en otro aspecto en otra unidad académica. Estos son temas a resolver administrativamente, no hacen a la calidad académica en sí, se puede lograr muy buena calidad académica si resolvemos estos temas administrativos que son internos de la universidad. La universidad de Cuyo ha ido creciendo, como alguien decía, pero hay un montón de muy buenos solistas pero que no hacemos una buena orquesta. Esos dos factores, tener rapidez administrativa para responder a las necesidades del medio y poder articularnos internamente, son clave para revertir esta tendencia de matrícula estancada. Y a la larga, crecimiento de matrícula significa inclusión.

J.L.: En el panorama de proceso educativos, tenemos un primer obstáculo, que es el de la admisión, y el otro gran obstáculo es cómo disponemos al egresado hacia la calle, hacia el desempeño. Y esto tiene dos elementos a trabajar, el de la interdisciplina y el de la práctica anticipada y la integración del alumno con la sociedad en la pertinencia correspondiente. Nosotros eso lo hemos planteado en dos niveles. Primero, con las pasantías, que tienen la función de enseñar y ayudar al alumno en lo económico. Pero también hay que hacer proyectos sociales de sensibilización, el alumno debe salir sensibilizado a la pobreza, a los derechos humanos, y también hay programas en la universidad que hay que multiplicar que son de contacto con la sociedad en sectores vulnerables. Y en eso hay cosas muy ricas que logran los alumnos a la hora de egresar.

El tiempo se agota. Cada uno de los tres candidatos al rectorado que asistieron a la cita pudieron explayarse en varios temas, dejando entrever sus posturas y sus posibles respuestas ante los problemas planteados. No aparecen, por momentos, grandes diferencias a la hora de evaluar la situación de la UNCuyo y hay matices respecto de las propuestas. Esperemos que de acá al 10 de junio, el día de las elecciones, hayan podido afilar cada una de las plataformas.

Alejandro Frias