Las claves de una comunicación fluida
Una de las características esenciales para obtener consistencia en una relación de cualquier tipo, es mantener una comunicación fluida.
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Natalia Aramburu |
Tal como cuando al usar el teléfono nos es muy difícil comprender lo que dice la otra persona si hay interferencias en la señal, en la vida cotidiana sucede lo mismo si no hay facilidad para conversar con el otro.
Si bien hay quienes nacen con un talento especial para comunicarse mediante el diálogo o el discurso, es una capacidad que todos podemos desarrollar gradualmente. Decir “yo no soy bueno para hablar” es en cierto modo cargar a los demás la responsabilidad de tener que adivinar qué es lo que pensamos, sentimos, deseamos, elegimos.
La palabra no es el único medio para comunicarse, pero a veces es muy necesaria, principalmente para no generar confusiones o malentendidos. Si aquellos que tienen más dificultad se esfuerzan por mejorar en esta manera de expresarse, será muy beneficioso para las personas que los rodean. Por supuesto, antes es importante tener claro lo que uno quiere comunicar, de lo contrario sólo se acentuará el desentendimiento.
Ahora bien, pensemos en los demás animales, que se comunican sin hablar. Podemos aprender mucho de ellos, por un lado observándolos, por otro imitándolos, a través de sus gestos para con sus pares.
Aunque no nos expresemos con palabras, nuestro cuerpo dice bastante, y mucho más, la mirada. Todo el tiempo estamos transmitiendo, y para muchas personas es fácil descifrar ciertas expresiones corporales, de las manos y faciales. Una expresión triste o de enojo, por ejemplo, es tan reconocible para la mayoría que de nada sirve decir “no me pasa nada” cuando hay evidencias de que emocionalmente algo está sucediendo.
A veces, ante esas situaciones, la acción es mejor que las palabras. Tal vez hacer un regalo, dar un abrazo o preparar un té caliente, descomprime una situación y abre la puerta para el diálogo.
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

