Alta Performance y Calidad de Vida: Buenas relaciones humanas
Usualmente el lado más instintivo prevalece en el momento de decidir si desencadenar o no un conflicto. La mayoría de los desentendimientos entre dos personas, independientemente del vínculo que las una, surgen por razones emocionales, que si no se canalizan a tiempo pueden desatar interminables peleas sin sentido que generan un gran desgaste.
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Natalia Aramburu |
¿Cómo podríamos evitar esto? Si en una situación nos sentimos agredidos por la acción o las palabras de otro, en líneas generales podemos tomar dos decisiones: una más emocional, relacionada con una reacción en espejo -el famoso “devolver con la misma moneda”- y otra más racional y civilizada, consistente en responder pero sin agredir.
Solemos pensar que si el otro comenzó el debate y no nos defendemos de la misma manera, somos débiles o perdedores. Sin embargo, analicemos la situación: si al recibir un estímulo agresivo respondemos de la misma manera, ¿quién demuestra tener poder sobre quién? El primero, ya que logró desestabilizarnos.
Podríamos ahorrarnos muchos momentos amargos si simplemente tomáramos la decisión de no confrontar, lo cual no significa reprimir las emociones sino, por el contrario, usarlas transformándolas en algo más productivo y constructivo. Para que exista una pelea, debe haber como mínimo dos participantes; pero si uno no está dispuesto, la lucha ni siquiera comienza.
Cuando una posible batalla está por surgir con alguien cercano, querido, es mucho más simple priorizar el cariño en lugar de cualquier tipo de respuesta violenta. Así lograremos no sólo evitar el conflicto, sino también transformar el estado emocional del otro. Y probablemente eso traerá una mejor comunicación y entendimiento entre ambos.
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.