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Interactivo: el mapa de trabajo infantil en Mendoza

Mendoza es una de las provincias de Argentina con las cifras más bajas de trabajo infantil, según datos del INDEC y la Subsecretaría de Trabajo de la provincia. Sin embargo, lejos se está de poder erradicar uno de los problemas más grandes de los últimos tiempos. El mapa de la realidad local en esta nota.
Foto: web
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Mendoza es una de las provincias de Argentina con las cifras más bajas de trabajo infantil, según datos aportados por Dirección de Empleo de la provincia, y el Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC). Sin embargo, los datos oficiales se retrotraen a 2012, cuando la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI) dio a conocer el último relevamiento que hizo a través de la Encuesta Anual de Hogares urbanos. La realidad difiere sustancialmente entre las ciudades y las zonas rurales.

En nuestra provincia, el gobernador Francisco Pérez, había señalado como objetivo dentro de su política de gobierno: la de erradicar la explotación infantil bajo todas sus formas. Pérez, dijo durante su discurso del primero de mayo del 2013: “Cuando la Organización Internacional del Trabajo indicó que la explotación infantil en la región latinoamericana alcanzaba a un total de 9 millones de niños, muchos no se sintieron aludidos por lo que sucede en Mendoza con el trabajo infantil y todavía esgrimen que hay tradiciones culturales o familiares que lo justifican. Esto es absurdo, con todas las letras”, finalizó enfáticamente el primer mandatario.

El país y la provincia en cifras

Las cifras oficiales como los datos aportados desde el ámbito privado, coinciden en un punto: la explotación infantil y de adolescentes en Argentina ha sido de las más bajas de los últimos años. La última estadística brindada por la Universidad Católica Argentina (UCA), a través del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, indica que en nuestro país - desde el año del Bicentenario (2010) - se ha reducido de manera constante el número de niños y adolescentes que trabajan de alguna u otra forma.

La investigadora de la UCA, Ianina Tuñon, señaló en junio de este año que “en la población de 5 a 17 años de edad, de las zonas urbanas y durante los primeros cuatro años del Bicentenario, la incidencia del trabajo doméstico intensivo se revela estructural y afecta en promedio al 6% de esta población”. Asimismo, la especialista remarcó que “la propensión al trabajo económico registró una merma de 1,9%, llegando al 10,4”, lo que marca un retroceso sostenido en el último tiempo.

Además, desde la Universidad Católica Argentina destacaron que en el trabajo doméstico intensivo se advirtió una merma de 2%, llegando a 14,9% desde 2010.

Desde los organismos oficiales, tanto el INDEC como la Secretaría de Trabajo de la Nación, los datos actuales correspondientes a la última década muestran una notable mejoría con respecto a años pasados: 2,2% de menores, entre 5 y 17 años, trabaja en nuestro país. El 60% de los chicos que realizan actividades económicas se concentran en el ámbito rural.

La realidad en la provincia es similar a la media nacional. Las estadísticas muestran un marcado descenso desde 2006 cuando el trabajo infantil llegó al 30%, es decir: 3 de cada 10 niños.

La directora de Empleo, dependiente del Ministerio de Trabajo, Justicia y Gobierno, Dora Balada, explicó a MDZ que "no hay actualización de estadísticas en el último tiempo". La funcionaria aclaró que se está “esperando una encuesta propia de trabajo– elaborada por la DEIE – donde tendrá un capítulo aparte sobre trabajo infantil”. Como bien señaló Dora Balada, el Ministerio de Trabajo no tiene números recientes que muestren un panorama real sobre lo que sucede en Mendoza, aunque estiman que la actividad laboral (de diferente índole) ronda entre el “9% en niños pequeños”, y un “12% en trabajo adolescente no protegido”.

Desde el Gobierno revelaron que existen ciertos sectores de la actividad económica de la provincia como los hornos de ladrillos de Las Heras (Algarrobal) y San Rafael (Salto de las Rosas), o los sectores agrícolas del Valle de Uco, donde la presencia de menores realizando actividades laborales mantiene un alto nivel de vigencia.

Según Balada, hay dos realidades diferentes: la urbana y la rural. En el sector campestre, los mayores desafíos para la erradicación del trabajo infantil se da en las tareas agrícolas: cosecha, acarreo, tareas culturales, entre otras. Y en el paraje urbano a través de: la mendicidad de niños y adolescentes; trabajos en los basurales a cielo abierto, y rubros comerciales callejeros, entre otros.

La Asignación Universal por Hijo y la ley provincial de Registro de Infractores Laborales han sido muy importantes para una reducción de los índices de trabajo infantil, aseguran las autoridades.

Una de las iniciativas que mejores resultados ha generado es el programa Buena Cosecha, ideado en 2010. El mismo trata dar una solución a los padres y madres que se desplazan en el período de cosecha y llevan a sus hijos al trabajo. Desde el Gobierno crearon los Centros Socio Educativo Rurales (CSER), donde hoy 5 mil niños y niñas son cuidados y realizan diversas actividades: deportes, artes, e incluso, poseen huertas para aprender actividades relacionadas con el ámbito en donde se desarrollan.

El desafío

Dentro de los objetivos en busca de la erradicación del trabajo infantil u otro tipo de explotación que involucre a menores, existe intrínsecamente uno de los mayores desafíos: la aceptación “cultural”. Hay ciertos sectores de nuestra sociedad - sobre todo en las zonas rurales - que abogan por el trabajo de los menores, basados en una responsabilidad que les enraíce la “cultura del trabajo”. Dicha acepción resulta inconveniente. Ha quedado demostrado a través de diversas investigaciones que el trabajo infantil “entorpece el desarrollo de los niños, y que potencialmente les produce daños físicos y psicológicos para toda la vida”.

En la provincia de Mendoza, como lo señaló la directora de Empleo, en las zonas rurales se mantienen altos niveles de vigencia de trabajo infantil. En el caso del Valle de Uco (Tupungato, Tunuyán y San Carlos) el trabajo comprende las más diversas tareas agrícolas: cosecha de tomate, papa, cereza, y empaque en galpones, entre otros.

Por su parte, en el norte de la provincia, una de las modalidades más comunes son el trabajo en la construcción y el de los hornos de ladrillos. Además, hay actividades como: rubro mecánico y metalúrgico, sector maderero (aserraderos) y limpieza, según los datos brindados desde el gobierno.