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Habilidades: ¿innatas o adquiridas?

Siempre que observo a alguien muy hábil para realizar algo, me pregunto si nació con esa capacidad o la desarrolló con el tiempo.
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Es sabido que muchas personalidades consideradas talentosas en la historia de la humanidad ya se destacaban desde pequeñas. Podríamos citar un conocido ejemplo: Mozart, quien desde niño mostró una capacidad asombrosa para la música.

Pero, ¿habría desarrollado su talento si no hubiese sido estimulado y educado de la forma en que lo fue?

Todos nacemos con una tendencia a desarrollar habilidades específicas y, según cuánto sean reconocidas y estimuladas en la niñez, esas capacidades pueden fortalecerse o simplemente adormecerse. Por otro lado, es común considerar que si no las alimentamos durante la infancia o adolescencia, luego será tarde para hacerlo.

Pienso, sin embargo, que toda aptitud puede ser desarrollada en cualquier etapa de la vida; la diferencia es que aquellas para las cuales tenemos una facilidad natural nos llevarán menos esfuerzo, en cambio las que nos resultan más difíciles requerirán mayor trabajo, constancia y tolerancia a ese período incómodo en el cual la ansiedad por dominar rápidamente aquello puede hacernos desistir. Al fin y al cabo, también hay muchas personas que se destacan en una actividad que eligieron a una edad más avanzada.

Creo que lo esencial para desarrollar cualquier talento es querer hacerlo, y más aún: estar apasionado por lograrlo. De esa manera la energía invertida no será vivenciada como un esfuerzo desagradable sino, por el contrario, traerá consigo una profunda satisfacción.

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.