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Alta performance y calidad de vida: La construcción de los gustos

Muchas veces el gusto parece ser suficiente justificación para mantener las cosas como están y no proponerse un cambio o un nuevo aprendizaje.
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Muchas veces he oído a distintas personas decir que hacen algo porque les gusta, o lo opuesto, no hacen algo porque les desagrada. Ya se trate de una actividad, un hábito diario, una manera de alimentarse..., esas declaraciones me llevan a pensar que el gusto sería suficiente justificación para mantener las cosas como están y no proponerse un cambio o un nuevo aprendizaje.

Natalia Aramburu

Si bien hacer las cosas con placer es algo con lo cual yo sintonizo, tomar como bandera el hecho de hacerlas sólo por ese motivo, puede llevarnos a un cierto nivel de estancamiento y, en algunos casos, de poca consideración por el medio que nos rodea; personas, animales y el planeta en general merecen de nosotros una actitud más resuelta y activa.

De todas maneras, pienso que el gusto no es solamente algo innato e inalterable, sino que se construye, se aprende y muchas veces nos es contagiado por otras personas. Hay muchos factores del contexto familiar y social que influyen en forma directa en la construcción de las propias preferencias en cuanto a la música, la ropa, la comida, los libros, las películas, las personas con quienes nos vinculamos, etc.

Nuestras predilecciones varían a lo largo de la vida, e incluso de una a otra región; no obstante, sería interesante que cualquier eventual modificación no se produjera en forma aleatoria, sino que fuera acompañada siempre de un mayor nivel de conciencia. En este sentido, a veces modificar un hábito generará al comienzo una sensación de nostalgia, pero si elegimos la nueva costumbre en forma lúcida y con un objetivo más trascendente, seguramente a la larga nos traerá igual o mayor placer que la que hemos dejado atrás.

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.