Un libro para fanáticos: "Redondos, a quién le importa"
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Redondos. A quién le importa. Biografía política de Patricio Rey, publicado por la casa Tinta Limón, dará que hablar, y dirá sin decir lo que ya no es más un secreto a voces: sin Luis Alberto Spinetta (incluso con él), Los Redonditos de Ricota -y sus desinencias- representan lo único que puede considerarse rock and roll en este país. El resto, a las bateas del pop.
Dice Diego Sztulwark en la presentación: “Un principio ético elemental: si hemos de hablar de los Redonditos de Ricota ha de ser para alimentar, y nunca para develar, el misterio. A partir de allí sólo cuenta engrosar la conflagración”.
"Se los ame o no -se nos dice-, los Redondos activan un nervio especial. El de una verdad que se juega en el espacio habitualmente neutralizado de lo sensible. Lo sensible en estado de conmoción. La conmoción como condición para habilitar un registro especial”.
¿Especial? “Especial experiencia de la verdad. Los Redondos cuentan en el espacio especial de una verdad sensible”.
Esa es “una verdad que circula muy de vez en cuando por nuestras sociedades públicas (y secretas). Una verdad que hemos vivido en su fase de preparación y de estallido, y que no funcionó (cuando no) en la de su pretendida institucionalización”.
Porque “el estallido del 2001 (eso creemos entender) fue mucho más intenso e inteligente para quienes se formaron en la poética ricotera (carnaval subterráneo, fiesta rabiosa, escepticismo fértil: siempre un raje), que para los cuadros formados en otras escuelas”.
Los lamentos, el pánico, el estadio Azteca, la cuadratura orgánica, la cátedra en los Estados Unidos y los candidatos a las clínicas de desintoxicación, su ruta. Patricio Rey está al acecho, anda por atajos, intenta explicar el periodista Pablo Chacón en su nota para Télam.
“¡Cuánta filosofía de la buena, de esa que se practica sin citas eruditas, en estas páginas! (rock, pensamiento crítico que se baila). ¿A dónde ir a buscar mejor expresados -como experiencias que dan a pensar- conceptos como acontecimiento, sujeto, excepción permanente, nihilismo activo o nociones comunes?
Este libro tiene destinatarios, entre otros y sobre todo, aquellos a los que la verdad nunca les fue ni será revelada, a los resistentes, a los que niegan institucionalizarse, acomodarse, medrar, trepar. A quienes detestan a la policía.
“La investigación ricotera, de eso se trata, procede de modo cruel: taladra sobre nosotros para encontrar las zonas aún vivas y apasionadas, en las profundidades; y descubre un programa de simple enunciación: materialismo/sensual/en estado de raje”.
“Fuga de lo que somos; fuga ciega es decir, involuntaria-, disparada al encuentro de lo imprevisto; pura suerte (y ya no mero rock and roll) (...) Estos viejitos fueron setentistas (de allí provienen sus saberes libertarios) de un modo completamente diferente”. De imberbes, nada, nadie, nunca.
Sztulwark dice: “Al cuidar ese tesoro de la inocencia como lo más propio y querido pudieron atravesar la época puliendo las armas al calor de las nuevas batallas. Evitaron el peor de los patetismos: el de querer incluir a los nuevos en la escena del propio ideal”.
“Y aparecieron, como estallido, para la generación del neoliberalismo, como la más sabia expresión de lucha contra los dispositivos de visibilidad y mercantilización. Ese encuentro, pura mística laica (o pagana) fue desobediente y tierra fértil en la que practicar una auténtica apertura al mundo”.
Apertura, sí. “No se desorganizan los órganos en la cultura soldadesca, mojigata por donde se las mire, sino en los parajes de una contracultura que juega con el límite, en donde se trasmutan -o no- las alucinaciones de muerte en nueva fabulación, economía riesgosa, a veces sabia, cuidada, de los placeres”.
Si “el adentro es nuestro mundo, la renuncia a la tierra ideal, prometida, a la expectativa estúpida de una utopía” es la barca que flota en un mar sin horizonte: una sobrevivida para lectores, nunca para una elite”.


