Marcha por la violencia contra los docentes mendocinos
Anoche, grupos de docentes se dieron cita en el Kilómetro 0 de la ciudad para brindar apoyo a la docente que fue agredida por una madre en un colegio de Las Heras, en el caso del niño de seis años que supuestamente había sido secuestrado y luego se descubrió que todo había sido una farsa.
Diversos carteles se elevaban entre las cerca de 200 personas que dijeron presente, entre maestros, directivos, padres, niños y transeúntes que se acercaban. Una de las consignas era que no podían enarbolarse banderas partidarias (agrupaciones), lo que provocó algunos cortocircuitos entre varios presentes, que se resolvieron rápidamente.
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El cartel más común era el que se encontraba adherido a las ropas de varios docentes y rezaba: "Todos somos docentes de la escuela Origone", el establecimiento que quedó en boca de todos luego del extraño suceso que fue desencadenante de una ola de pánico generalizado y que obligó al propio Gobierno a aplicar un protocolo.
El encuentro, que duró cerca de una hora, permitió a varios docentes, directivos e incluso a una madre dar a conocer su opinión con respecto a la situación de violencia que los docentes denuncian padecer constantemente y que las autoridades gubernamentales no reflejan ante los medios.
Exposición de situaciones y críticas al accionar del Gobierno y al cambio al que las escuelas se vieron sometidas en estas últimas décadas fueron las principales insignias que se expresaron durante la convocatoria.
"Nos hemos reunido para manifestarnos y repudiar los ataques que sufrimos diariamente, lo que pasó en nuestra escuela no es un hecho aislado. Por eso queremos que haya una Ley de Protección Docente", aseguró Marta Gil, directora de la escuela Origone.
"La violencia que vivimos es diaria y constante", denunciaba una maestra de Las Heras, utilizando un megáfono que permitió que su voz fuera escuchada más allá del punto de reunión. Otro docente pidió que "levanten la mano todos aquellos que hayan sufrido algún hecho de violencia en la escuela", y la gran mayoría de los presentes lo hicieron.
Otra docente de Maipú, una de las más aplaudidas, llamó a todos "a recordar cómo era la escuela en nuestros tiempos, cuando los docentes tenían autoridad frente a la familia y éramos respetados. Todo eso se ha ido perdiendo y soportamos los malos tratos tanto de los alumnos como de varios padres".
Una madre que se solidarizó con los maestros también dio su opinión y reconoció que los maestros "están muy mal pagos y no ganan lo que deberían de ganar". Por eso, los felicitó "a todos porque tienen mucha vocación y mucho valor, y ojalá que Dios los ayude para que puedan tener todo lo que se merecen".
No faltaron la críticas tanto al Gobierno como a los medios de comunicación, ya que una de las docentes sostuvo que "el Gobierno nacional y el provincial y los medios nos desprestigian constantemente, instaurando la idea de que sólo trabajamos cuatro horas por día y tenemos tres meses de vacaciones, como si fuéramos vagos crónicos".
También recalcó que existen políticas educativas y sociales "que se desentienden de las diferentes situaciones de abandono y exclusión de los alumnos y que desvalorizan nuestra tarea, que nos imponen programas y resoluciones sin ningún tipo de conducta, que nos sobrecargan de tareas y que se jactan de aumentar la matrícula, pero no aportan los recursos necesarios".
Además, al finalizar el encuentro se reiteró el pedido a todos los docentes para que sigan en la lucha por la creación de una ley de protección al docente, y aseguraron que se realizarán más convocatorias, principalmente a través de las redes sociales.
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Historias de violencia intraescolar
Cada docente tiene su historia, y MDZ Online logró recopilar algunos de esos relatos signados por la violencia social que los maestros aseguran sufrir constantemente y que no son respaldados por ninguna autoridad, más allá de las paredes del colegio.
María, una docente que dicta clases en una secundaria de Las Heras, explicó que si bien la mayoría de los padres suelen ser tranquilos, siempre hay "dos o tres que me increpan porque reprendí a su hijo/a y a ellos no les gustó". Aunque aseguró que nunca vivió una situación de agresión física, "esos mismos padres denigraban mi trabajo e incluso me insultaban. Luego era muy difícil darles clases a esos chicos, por temor a represalias".
Otra maestra que trabaja en una escuela primaria del mismo departamento, llamada Claudia, aseveró que "hay padres que no tienen respeto por nosotros y creen que nos pueden hacer cualquier cosa". Claudia contó que "una vez, cuando daba clases en sexto grado, una madre vino en hora del recreo y me recriminó bruscamente el porqué había retado a su hijo".
"Le expliqué que el niño era travieso y muy mal educado. Como no se quedó conforme, amagó con abalanzarse hacía mí, pero fue detenida por el celador y otra maestra, si no, era seguro que me pegaba. Nunca había vivido una cosa así. La directora hizo una petición para cambiar al chico de escuela y al mes lo transfirieron", explicó.
Raúl es preceptor de una secundaria en Godoy Cruz y asegura que los jóvenes "cada vez son más agresivos y contestadores. No son todos, pero hay muchos así". El preceptor, quien también ha dado clases en diferentes escuelas, cree que la virulenta reacción de los padres se debe a dos factores: "Los chicos suelen tergiversar los hechos a sus padres; además, la pérdida del respeto al docente ha hecho que nos vean como iguales y quieran solucionar las cosas como en la calle".
Otro grupo de docentes indicó que si bien la violencia hacia los maestros está generalizada, las agresiones suelen darse con mayor frecuencia en los colegios urbano-marginales, aquellos que absorben una importante población escolar proveniente de barrios conflictivos, y los CENS donde prevalecen los adolescentes.