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El Challao es rehén de la “mafia” del agua

En El Challao, una veintena de vecinos se quejan de que una cooperativa “trucha” monopoliza la venta de agua, llegando al extremo de la violencia para desalentar la competencia. Una crónica en primera persona.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

La palabra mafia proviene del árabe, del vocablo árabe mahya, que significa “bravuconería, jactancia”. En refuerzo a esta teoría hay que recordar que los árabes ocuparon Sicilia entre los años 965 y 1060.

Hoy en día, esa palabra está asociada a grupos delictivos que han montado un Estado dentro del Estado en diversos países del mundo. Ello se vio graficado con claridad en el libro de Mario Puzzo, el Padrino, magníficamente llevado a la pantalla grande por Francis Ford Cóppola.

Allí, puede verse cómo familias poderosas supieron hacer sus negocios personales sobre la base del uso de la violencia y los aprietes. Parece una historia anacrónica, pero no lo es.

En mayor o menor medida, persisten hoy grandes y pequeños grupos que se manejan de manera mafiosa a efectos de poder avanzar en sus planes personales. Tal vez suene exagerado mencionarlos como una “mafia”, pero sus conductas bordean esa práctica, les guste o no.

En El Challao se vive una situación pareciera encuadrarse allí. Es la que viven docenas de familias que son rehenes de la falta de agua en esa zona. Ello los obliga a comprar el esencial líquido a una cooperativa denominada Aguas del Challao que no permite el trabajo de otros competidores.

“Si no les compras a ellos, no les podés comprar a nadie. No dejan entrar ningún otro camión al lugar. Son una mafia”, admite Jorge, uno de los vecinos que dio testimonio a MDZ esta semana.

Sus palabras se reproducen por docenas y todos apuntan a lo mismo: una familia de apellido Godoy que monopoliza la venta de agua y que aprieta a quienes intentan hacer lo mismo en la zona. “A los que quieren subir a vender los aprietan, incluso apelando al uso de armas de fuego”, dicen.

Este cronista lo pudo ver en vivo y en directo.

Los Godoy no están solos: mientras un tal Diego Calderón oficia de “apretador” en el barrio Corredor del Oeste, una mujer llamada Adriana Dumit hace lo propio en Cerro de la Capilla. Todos ellos bajo el paraguas protector de una cooperativa trucha, que acumula denuncias por incumplimientos varios y en cuyo domicilio aparece una conocida financiera.

Se trata, como se dijo, de la firma Aguas del Challao Cooperativa de Servicios Ltda., que hoy enfrenta un duro sumario por parte de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) por las irregularidades en uno de sus pozos, más específicamente el número 399.

Quien quiera interiorizarse en esos desaguisados, solo debe otear el expediente 112.314, donde la entidad da por “concluido” el contrato de comodato con la empresa por incumplimientos varios (ver documento al pie).

A pesar de esto último, Aguas del Challao persiste en su monopolio, lo cual no sería grave si no fuera porque no permite la competencia a otras firmas del mismo rubro. “El problema es que, al no tener competencia, nos cobran lo que quieren. Hoy estamos pagando no menos de $150 los 10 mil litros de agua, la cual no es potable”, admitió Laura, otra de las vecinas entrevistadas.

Según estos, la protección de los titulares de la cooperativa “trucha” les permite subsistir a pesar de las reiteradas denuncias que se han presentado. Peor aún, los vecinos aseguran que la firma también monopoliza el usufructo de la electricidad.

“Ellos son los que habilitaron en su momento la luz y la derivan a nuestras viviendas, nos cobran no menos de $200 por mes y se quedan con una importante diferencia para ellos”, insisten.

Mientras esto ocurre, los funcionarios de turno parecen mirar para otro lado. El caso es claro y de fácil resolución, solo basta hablar con los vecinos del lugar y hurgar en las denuncias que vienen efectuando. Pero nadie los escucha.

Finalmente, un facilismo que no puede dejar de decirse: para entender este caso, nada más claro que echarle agua.