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Refuerzo positivo, una forma afectuosa de educar

Cada conducta aprendida se ha fijado probablemente como consecuencia de algún tipo de estímulo asociado a dicha acción.
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

Existen varias formas de enseñar, educar o generar lo que comúnmente llamamos condicionamientos. Cada conducta aprendida se ha fijado probablemente como consecuencia de algún tipo de estímulo asociado a dicha acción. Desde nuestra percepción, consideramos inamovibles muchas de las actitudes que forman parte de nuestra personalidad; no obstante, es probable que cualquiera de ellas pueda modificarse.

En líneas generales, existen dos maneras de reforzar una conducta para que llegue a ser permanente: en forma positiva o en forma negativa.

El refuerzo negativo, asociado a un estímulo aversivo, genera la permanencia de una conducta que logre evitar ese estímulo. Pongamos un ejemplo: si una mascota daña algo que valoramos, un refuerzo negativo inmediato consiste en retarla o quitarle algo preciado (juguete, cariño, comida). De esa forma aprende que si rompe cosas, pierde sus premios, atención, afecto, etc., por lo cual va a evitar esa conducta. Este tipo de condicionamiento debería usarse sólo en situaciones excepcionales; en nuestros recuerdos de infancia suele haber alguna situación en que hicimos algo que no era lo correcto para nuestros padres y fuimos castigados por ello. Lo triste es saber que, para educar a otros seres, muchas personas priorizan este tipo de refuerzo negativo, que aplicado en exceso puede generar dificultades, por ejemplo, en el futuro de un niño que sólo sea educado a través de castigos, retos, críticas y amenazas.



El refuerzo positivo, en cambio, es aquel que está asociado a un estímulo posterior de premio cuando se realiza la conducta esperada. Volviendo al ejemplo de la mascota, consiste en premiarla a través de afecto, juegos, atención, cada vez que llegamos a casa y no ha roto nada, como también cada vez que adopte una conducta que le estamos queriendo enseñar, como sentarse para comer, no saltar sobre las personas, etc. Así, repetirá la conducta, para obtener esas agradables consecuencias. Y si alguna vez realiza algo no esperado, con solo un día de refuerzo negativo – que simplemente puede ser no dar cariño o mostrar una expresión y tono de voz muy serios – probablemente será suficiente para que no repita esa acción.

Si bien lo racional es característico de la especie humana, tal como al resto de los animales nos movilizan mucho las emociones y nuestro aprendizaje – incluso en la vida adulta – se rige principalmente por refuerzos recibidos que están muy ligados a ellas. Opino que la sociedad sería mucho más amena si todos priorizaran educar a través del refuerzo positivo y usaran muy poco el refuerzo negativo. La gente sería más cariñosa y comunicativa, y las actitudes groseras y agresivas, poco comunes, serían mal vistas por la mayoría.