La droga en la noche de Mendoza
|
|
Allí, este diario pudo comprobar que existen al menos tres dealers —distribuidores de drogas— en lugares estratégicos. Uno de ellos se encuentra ubicado en la intersección de las calles J. Barraquero y Av. San Martín.
En realidad, no se trata de un dealer sino más bien de un “intermediario” que persiste en estar apoyado en una pared frente a Wish. Quien quiera conseguir estupefacientes —en cualquiera de sus formas— solo debe acercarse a él y este a su vez lo dirigirá al verdadero traficante, quien se encuentra agazapado a una cuadra de allí, sobre una portentosa camioneta de la calle San Juan.
|
|
A poquísimos metros de ese lugar se encuentra Apeteco, otro de los boliches emblemáticos de Mendoza. A media cuadra de ese lugar, se ubica otro de los vendedores de drogas que sabe proveer cada noche a los jóvenes que van a bailar allí.
Ubicarlo es bien sencillo: se trata de un “cuida coches” que suele estar sentado en las escalinatas del colegio San Francisco Javier. Para conocer su trabajo basta ubicarse cerca de ese lugar durante la madrugada del sábado y/o el domingo. La cantidad de compradores —de diversas franjas etarias— es incesante.
El tercero de los dealers de la zona está en uno de los lugares más expuestos del Gran Mendoza: en la plazoleta Barraquero, frente al Casino de Mendoza. Allí, donde el día se dibuja con niños pequeños jugando en su arenero, la noche lo convierte en la zona de truque del veneno de los jóvenes.
Es curiosa la impunidad con que allí se manejan los vendedores de la muerte, con una naturalidad que abruma. Si bien es cierto que la policía patrulla el lugar de manera permanente, también es real que no hace nada al respecto, aún cuando todo transcurre frente a sus propias narices.
¿Complicidad, ineficiencia? Los motivos poco importan a esta altura.
El descripto es solo uno de los circuitos del comercio de estupefacientes, harto conocido por mendocinos de todas las edades. Hay muchos otros, como el que se deja ver cada noche en la célebre Arístides Villanueva, en su intersección con Olascoaga. El dealer aparece camuflado también como “trapito” o “cuida coches”.
No es el único: a lo largo de la misma avenida, hay media docena de ellos que hacen el mismo negocio, siempre frente a la desinteresada mirada de los uniformados y preventores que circulan por allí sin cesar.
|
|
Uno de ellos, célebre por haber denunciado casos de violencia escolar en esa escuela, reveló a este diario que ya no sabe qué más hacer para que las autoridades escuchen sus reclamos. “Ya tenemos once casos de chicos de menos de 15 años que se han vuelto adictos”, señaló.
Finalmente
Lo aquí descripto es apenas la punta del iceberg de lo que representa la venta de drogas en la provincia. Se trata de conclusiones surgidas de una simple recorrida por sus calles y del testimonio de los jóvenes que asisten a los boliches del Gran Mendoza.
Si MDZ pudo obtener tamaña información a través de un relevamiento tan sencillo, ¿cómo se entiende que los responsables de la seguridad local no puedan hacer lo propio?
Los dealers están ahí, no se esconden. Todos saben dónde y a qué hora encontrarlos. Solo resta que algún funcionario de turno haga lo que tenga que hacer, ni más ni menos que lo que indica la ley.
Si ello ocurriera, tal vez se podrían evitar muertes absurdas como la que le ocurrió al joven Puleo a principios de un ingrato noviembre.