Comer carne y estar en contra de los cotos de caza, ¿una contradicción?
La reciente noticia sobre la apertura de un nuevo coto de caza en el departamento de Tupungato generó el repudio y el debate social en las redes sociales. Carnívoros, vegetarianos y veganos salieron a defender la vida de los animales, cada uno alegando sus razones pero coincidiendo en el respeto por la dignidad de los animales que no merecen ser cazados por "deporte”.
En Mendoza ya hay dos cotos de caza deportiva habilitados (uno en La Paz y otro en Tupungato) y se permite su práctica en campos privados “con la autorización correspondiente”. En estos espacios se puede ir a matar jabalíes, liebres y conejos por no ser especies autóctonas.
La gran novedad del tercer coto, que abrió en Tupungato y que aún no posee habilitación municipal, es que ofrece a sus clientes ciervos especialmente traídos de Nueva Zelanda.
En Argentina la práctica de caza en cotos es legal y se practica en todas las provincias.
La Pampa y Buenos Aires concentran la mayor cantidad de espacios habilitados, y diversos sitios web se encargan de promocionarlos y ofrecer “guías” para los interesados. Algo que puede llamar la atención de los que repudian este tipo de prácticas es la forma de “venderlos”, promoviéndolos como espacios ideales para conectarse con la naturaleza.
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ONG en defensa de los animales
Tanto desde Oikos Red Ambiental como de la fundación Cullunche afirmaron que están investigando la legalidad de los cotos en Mendoza y trabajando en un proyecto de ley que derogue los artículos de la ley de Fauna que permite la caza en la provincia. Además, están organizando “escraches” en Tupungato.
A su vez, las organizaciones Change.org y Avaaz.org están juntando firmas para frenar la práctica en Tupungato con la colaboración de la población mendocina. Así es como podemos ver en Facebook o Twitter diversos grupos que se organizan, debaten y repudian este tipo de actividades.
El debate en las redes
La discusión que se plantea es interesante, ya que se trazan diversas posturas frente a una problemática en común. Están los que defienden y respetan la vida de los animales y eligen ser vegetarianos o veganos, están los que comen carne pero están en contra de que se los cace por “deporte” y están los que cuestionan a todos alegando que vivimos en un mundo carnívoro y que si se molestan por la caza, deberían hacerlo también por el uso de cueros, por los animales que son utilizados con fines científicos en experimentos, en los criaderos o en todo lo que representa el “consumo” cotidiano de carne de todo tipo.
En contra del “deporte”
No se trata de estar en contra per se de la caza de animales, sino del respeto hacia la vida de otras especies, que no merecen ser “asesinadas” por recreación. En este sentido, el principal argumento se basa en lo sádico de la práctica, ya que no se hace por una necesidad de supervivencia o de alimentación.
“Es una estupidez perseguir y matar un animal sólo para tener su cabeza en una pared. Es cruel y no tiene sentido, puede ser evitado. Evitar que millones de personas coman carne es otra cosa. Es un proceso de consciencia que cada uno debe atravesar a su tiempo”, señaló Ximena Hocevar.
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“Matar un animal para demostrar que tenés buena puntería o que sos poderoso, o porque sos snob, o porque te aburrís en la vida de tanto que tenés, me parece patético y bastante mas cruel que matar un animal para comer, no?” criticó Alicia Jardel en el grupo de Facebook “No al coto de caza en Tupungato”, y agregó:
“Comemos carne porque somos culturalmente carnívoros. ¿Vos comés chocolate? ¿Tomás vino? Tampoco necesitamos de esos productos para vivir pero igual los consumimos, y no es lo mismo que cazar por diversión…”.
Otro de los argumentos aporta que se están introduciendo especies no nativas que traen parásitos y enfermedades que no son propias de la zona y que de alguna forma pueden alterar el ecosistema.
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Tanto vegetarianos como veganos defienden activamente los derechos de los animales y eligen no comerlos por una cuestión ética y física, entre otras. Las razones pueden variar tanto como las personas e indagar en este campo sería tema de otra nota, pero lo que concierne con respecto al coto de caza es que plantean la falta de respeto por la vida animal que esta práctica implica, negando que sea algo necesario o avalado por una práctica cultural.
Lucas Mena lo explica muy bien en respuesta a un comentario publicado en Facebook: “El hombre no es carnívoro. Si alguien presente es carnívoro, lo/la desafío un mes a que coma carne cruda durante un mes (que yo sepa, hasta la fecha no se ha visto animal carnívoro que cocine su comida, ya que su sistema digestivo, muy distinto al nuestro, digiere carne cruda). Lamentablemente, esa creencia viene de un mercado casi perfectamente (casi, porque no todos participamos de él) organizado para venderte la carne, curar los malestares que te causa y, en las últimas, hacerte quimioterapias, dietas especiales, etc. (lucro)".
"Cazar es algo cultural, como las corridas de toros, comer asado los domingos, tomar mates o jugar truco. Pero ojo, que sea cultural, que sea costumbre, que sea normal, no quiere decir que este bien".
"Años atrás era normal que una mujer no votara… A lo que voy, si la humanidad se hubiera quedado con "lo que es normal" o "es parte de la cultura", en este grupo no habrían mujeres opinando, no tendrían derecho a estudiar y solo podrían planchar y hacer cosas de la casa, aún existirían los esclavos, los trabajadores no tendrían derechos, habrían sacrificios humanos y un sin fin de cosas que para nosotros son atroces, y para generaciones pasadas eran normales, costumbres, cultura”.
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Los que cuestionan a los que están en contra de la caza deportiva
Finalmente están los que desde afuera deciden no tomar postura y simplemente señalar las “contradicciones” de los carnívoros que rechazan la caza pero comen felices sus milanesas. Al respecto, compartimos un comentario que sembró el debate en la red:
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¿Y vos, de qué lado estás?, decía Matías Marti. Un tema delicado, como lo es la defensa y el respeto por la vida de todas las especies, no puede menos que generar acaloradas discusiones, pero este es un buen un síntoma, porque implica que como sociedad estamos dispuestos a abordarlo y a seguir evolucionando, enriqueciendo concepciones y dejando de dar por sentado hechos “culturales” que nos legaron y que antes quizás ni siquiera eran cuestionados.






