Dalvian: un estado dentro del estado
El disparador fue una noticia casi menor: la denuncia de un hombre que acusó a los guardias de seguridad del complejo Dalvian de haberlo retenido una excesiva cantidad de tiempo a efectos de revisar su vehículo presumiendo que había cometido un delito.
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¿Cuál es el límite del trabajo de estos corps? ¿Quién los regula?
No es un dato menor ya que, a la hora de ofertar terrenos y/o viviendas en ese complejo, el tema de la seguridad es preponderante en su propaganda. Así lo asegura, por caso, uno de los avisos inmobiliarios que aún hoy permanecen en la web: “La seguridad es uno de los factores que coloca a Dalvian en un lugar de privilegio. Es que cuenta con un sistema integrado por vigiladores capacitados y autorizados a portar equipos de comunicación y armas; que son quienes se encargan del control de ingreso y egreso durante todo el día”.
Es bien cierto que la vida dentro del Dalvian es muy particular, pero el trabajo de estos uniformados lo vuelve aún más peculiar. Para comprobarlo, basta ver el ejército de trabajadores que cada mañana intenta ingresar a esa zona del Gran Mendoza. Albañiles, obreros y empleadas domésticas desfilan a primera hora de cada jornada esperando ser requisados para poder ingresar.
La misma escena se repetirá a última hora, cuando tengan que hacer el camino inverso. Una vez más serán puntillosamente observados ante la posibilidad de que pudieran haber cometido algún delito, principalmente el de hurtar cosas que no les pertenecen. “Es humillante lo que les hacen, pueden llegar a demorar una hora para ingresar sobre todo cuando hay sospechas sobre alguna persona y los guardias se demoran en revisarla”, admitió a MDZ un histórico habitante del Dalvian.
No obstante, no es solo problema de quienes trabajan en ese complejo, sino también de aquellos que van de visita y deben “sufrir” los controles de rigor. En algunos casos, los guardias llegan al extremo de sacar fotocopia de los permisos de conducir y exigir que el seguro del automóvil que ingresa esté al día. ¿Está bien que se haga un control tan exhaustivo o ello excede las potestades de los corps de turno?
Para aquellos que viven dentro del Dalvian les representa un “doble sentimiento”: por un lado, saben que cuentan con la tranquilidad de saberse protegidos por demás; pero por el otro, son víctimas de la impredecible conducta de los uniformados del lugar. Si bien la mayoría de las reglas están escritas, muchas otras son improvisadas de acuerdo a los humores de estos. “Es una lotería, a lo mejor demorás cinco minutos en ingresar, pero te los podés encontrar cruzados y te tienen media hora esperando”, advirtió la fuente antes mencionada.
La seguridad privada del Dalvian es un estado dentro de sí mismo, con sus propias normas y reglas, algunas de las cuales no aparecen en ninguna legislación vigente actual. Uno de esos ejemplos aparece claro en las multas que se imponen ante supuestas contravenciones de los vecinos del lugar o sus invitados.
¿Cuántos jueces serían capaces de sostener a nivel judicial esas subjetivas imposiciones, que en general escapan a lo que dicen las leyes locales y nacionales?
Y ahí es donde aparece la pregunta del millón: ¿Cuál es la norma que regula la actividad de los guardias privados mendocinos?
La ley madre es la 6.441 “de regulación para las empresas de seguridad privada”, sancionada en el año 1996. Allí se enmarca el trabajo de los corps en el artículo 2: “Es la prestación de servicios que tienen como objetivo la protección y seguridad interior de edificios destinados a la habitación, oficinas u otra finalidad; conjuntos habitacionales, recintos, locales, plantas y otros establecimientos de empresas cualquiera sea su naturaleza, tales como industrias, comercios, establecimientos mineros y, en general, la protección y seguridad de los bienes y personas que se encuentran en dichos lugares”.
La misma norma prevé en su artículo 17 cómo debe ser el comportamiento de los agentes: “El personal de seguridad privada se atendrá en sus actuaciones a los principios de integridad y dignidad; protección y trato correcto a las personas, evitando abusos, arbitrariedades y violencias y actuando con congruencia y proporcionalidad en la utilización de sus facultades y de los medios disponibles”.
La ley es clara pero, como se dijo, el Dalvian tiene sus propias normas. Poco importa lo que diga el Código Civil o la Ley de Propiedad Horizontal: siempre se hará lo que les plazca a los corps de turno.
No es algo nuevo, existen históricos señalamientos por parte de personas que han sentido afectadas por la conducta mencionada. No obstante, hay algo que empieza a cambiar: ahora hay quienes se animan a hacer denuncias ante la justicia frente a las eventuales arbitrariedades de los uniformados. “No puede ser que se invierta la carga de la prueba. Al final, uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Sos vos el que tiene que demostrar que lo que llevás encima es tuyo y o al revés. Es de locos”, aseguró con enojo un abogado mendocino que supo ser legislador hasta hace poco.
Hay quienes asegurarán que, aún así, el trabajo que hacen los guardias no es ilegal. Habrá que tener presente entonces las palabras que alguna vez pronunció el letrado Ricardo Moner Sans: “No todo lo legal es legítimo ni todo lo legal es ético”.


