Presenta:

¡Vade retro, Mecenas!: Sr. Aguinaga, déjenos en paz

La reconocida escritora mendocina dirige una carta directa al mentón del legislador ganso que promueve una (otra) Ley de Mecenazgo para Mendoza. “No prometa libros, porque usted o los suyos, avalaron a quienes no dudaron en quemarlos”, le aconseja la dramaturga, a la vez que se pregunta qué sabe de arte el senador del Partido Demócrata.
Foto: Gentileza Sonnia De Monte.
Foto: Gentileza Sonnia De Monte.

Años a, con la Asociación de Actores y tantos otros compañeros, abogamos por el teatro en las escuelas. Considerábamos que si el teatro lograba su entrada triunfal en la currícula, no solo lograríamos formar público, crítico y sensible por añadidura, sino que, además, trabajaríamos para nuestro sagrado y genuino salario: el estipendio de ese público que podría apreciar, tal vez, las artes teatrales, entre otras. Que resultara el objetivo o no, será cosa de otra reflexión.

También trabajamos por un mejor honorario vendimial; por certámenes y por leyes que, mal o bien, nos incluían entre los habitantes de este suelo.

Reclamamos, debatimos y vimos morir encajonados proyectos de ley de comedias provinciales, de fiestas de la Vendimia (blanquedas) y, en fin. No parecemos muy necesarios en esta sociedad, pero tratamos de ocupar dignamente el lugar de libertad que nos merecemos. De modo que hemos peleado, reclamado, trabajado y mucho.

Nos metimos de cabeza más profundamente en nuestro conocimiento vulgar, sobre esa cosa que se llama “mecenazgo”.

 



Qué lindo se pone esto: Mecenas fue alguien, no fue algo. Primer punto a considerar. Mecenas, ese alguien, fue protector de “álguienes”, literatos, pintores, escultores, hasta de buenos amantes de alcoba. ¿Y? ¡Viva la vida! Mecenas, nada de pobre ángel, fue adláter culto y sabiondo de Augusto pero hace tanto, tanto tiempo… tanto como para que su nombre propio se haya convertido en calificativo, en sustantivo común y en “azgo”, no “ismo”, pero es lo mismo. (“mecinismo” suena minimalista, ¿no?).

La cosa es que este miasma artístico que oscurece las sociedades, busca de sí y de los demás un espacio acorde a sus apetencias, locuras y necesidades mutuas. Entonces, sea el 1000 A de C o el 2000 Después de Tanto (si somos capaces de separar en siglas, podremos ver que sería “2000 Director Técnico”), a este pópulo confuso y carnavalesco (habrá excepciones, por cierto) al se le da la inclinación por decir sí o decir no, aunque mal les pese. A ellos mismos.

Sonnia de Monte, escritora.

Venidos a menos, o sea a más acá, a este siglo XXI tecnológico y tan poco artístico, donde se subestima a la obra de arte hasta en las universidades llamándola “producto”, tal si fuera una lata de picadillo de supermercado, y no “creación”, no podía ser de otra manera: un tal señor Aguinaga (lo único que coincide con Augusto es la A y vaya a saber cuál de la prole será, aunque da igual), presenta en estos modernos espacios una ley de mecenazgo para los artistas mendocinos -veamos que nuestra habilidad para viajar de lo histórico universal a lo anecdótico provincial es una pluma de ganso-.

Así es que no nos queda más opción que la de seguir profundizando.’Ta bueno”, podríamos decir. Qué joia que las empresas descarguen sobre nosotros sus obligaciones.

Qué pegada que la Barrik, por ejemplo, nos pague los afiches y nos haga huecos en las montañas para poner dicroicas que iluminen las estrellas desde las axilas más recónditas de las montañas. Qué grossos quedan los volantes del próximo estreno en tanques de agua potable vacíos. Qué súper somos, si traemos a un festival internacional hasta japoneses, pagados desde el cianuro de la destrucción. Qué genios somos si al tesoro provincial, que es la gente, le sacamos divisas del empresariado para el ensortijado arte elitista.

Sr. Aguinaga, déjenos en paz. Póngase a reflexionar sobre sus otros trabajos como “mecenas” de artífices de la vida y de la muerte en tiempos muy oscuros y dolorosos. Poco me importa que usted haya sido un niño entonces: responde a un partido y a una ideología que ha dejado atrás no solo a los artistas, sino a otros necesitados: de justicia, de verdad, de educación y de atención.

No nos tiente con afiches a siete colores, porque el arco iris es mucho más grande e importante. No prometa libros, porque usted o los suyos, avalaron a quienes nodudaron en quemarlos.

No nos sorprenda con riquezas de empresarios sensibles, porque usted avala a los Rico’s, sea usted o interpósitos familiares.

Como dije antes. “No parecemos muy necesarios en esta sociedad, pero tratamos de ocupar dignamente el lugar de libertad que nos merecemos”.

Somos actores, poetas, docentes de arte, cineastas, clowns, teatristas, titiriteros, escritores, músicos, visuales, murgueros, fotógrafos, bailarines, gente que hace y que se expresa. Que manifiesta. Que crea. Y que cree. Y que ha trabajado sin su inclusión mal entendida desde hace una eternidad.

Una ley de mecenazgo que se origine en su posición acrítica y neoliberal, capitalista, no nos sirve. No solo a los artistas. Le hablo de toda la gente.

¿Usted sabe que existe en Mendoza una escuela de cine que tiene un aula clausurada por grietas insalvables? Sabe, acaso, y si lo sabe, ¿se condolió porque Di Benedetto murió de tristeza después del exilio?

¿Sabe que existe una Asociación Argentina de Actores? ¿Cuántas muestras visuales, oficiales o independientes ha apreciado en los últimos tres años? ¿Qué obras teatrales ha visto últimamente? ¿Estuvo tomando unos matecitos en el césped, en las noches del Americanto?

Cuénteme: ¿podrá hacerme una lista de unos diez, no más, diez escritores mendocinos?

¿No sabe, no contesta? ¡Vade retro, Mecenas!



Sonnia De Monte, escritora, dramaturga.