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Cuatro miserias sobre las que (irónicamente) echó luz el apagón

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Dos apagones se presentaron en la agenda informativa nacional durante la saemana pasada y siguen estando allí, aunque no sean tratadas como tema principal en la portada d elos diarios.

Uno fue el del "interior", con muchísima menos repercusión en la mal llamada "prensa nacional" y que afectó a unos cinco millones de hogares. El otro, el "nacional", que perjudicó al conurbano bonaerense y que fue mucho más que un simple corte de luz: un temporal al que el Gobierno una semana después denomina como "tornado".

En medio de ambas oscuridades quedaron ocultas algunas situaciones que, aunque desparejas en su dimensión, resultan complejas y dignas de tener en cuenta:

1- Aquí y allá hubo un despertar del estado de revancha, ese que se apodera del ser humano en situaciones de crisis, que le hace dejar de lado el criterio y que lo empuja a actuar por impulsos. Así, no pocas personas que estaban comiendo o tomando algo en los restaurantes de Mendoza, cuando se dieron cuenta que el apagón era general y que se extendía en el tiempo, simplemente se pararon de sus puestos y se fueron, sin pagar. Con el paso de los días, las crónicas de la Ciudad indican que la práctica se repitió en algunos negocios del centro y, es más, de zonas bastante recoletas de la capital mendocina. Lo cual arroja un primer dato como conclusión: los saqueos no son solo "cosa de pobres desesperados", sino también de no tan pobres, oportunistas. La oportunidad vuelve ladrones a todos.

2- Cuando decimos "allá", hablamos del "país", o conurbano bonaerense, zona afectada notablemente por la misma tormenta que cortó la luz y DirecTV aquí, pero que causó en los alrededores de (y en la mismísima) Buenos Aires caída de árboles, de carteles, voladuras de techos, cortes de agua potable e innumerables inconvenientes. Allí, en varios municipios de la zona oeste, todavía no hay luz. No todos los medios reflejaron lo que pasó, pero algunos intendentes se animaron a pedir ayuda públicamente: la gente, sin servicios, comenzó no sólo a cortar calles y rutas, sino que se preparó para buscar en lugares ajenos aquellas cosas con las que no cuenta en su hogar.

3- Las dos situaciones fueron espontáneas. Ambas resultan aleatorias y, además, demuestran la vulnerabilidad social en la que vivimos. ¿Pudo un corte de luz generar un estallido social? En principio, podemos decir que ese simple hecho encendió la chispa que podría haberle dado energía a la llama de la disconformidad. Por un lado, la oportunidad servida de hacer cosas que de otra manera nadie haría. Por el otro, el hartazgo a flor de piel y la necesidad de confrontar con medios extremos.

4- ¿Ubicamos antes o después la carencia de sistemas de contingencia a mano? Resultaría una fineza pretender que, en un país en el que la clase media muestra la hilacha parándose de un restaurante sin pagar y huyendo en medio del apagón, se cuente con planes de ese tipo. Pero es la misma clase social la que reclama cuando pasan estas cosas. Pero aun así: ¿alguien se puso a trabajar el día después para decirnos con todas las letras que "nunca más" va a pasar un corte de energía de este tipo? Y si no es capaz de afirmarlo tan categóricamente, ¿podría asegurar que en el país no están dadas las condiciones para un estallido social, en caso de un evento de estas características vuelva a ocurrir?

El susto pasó en Mendoza, por un rato. El servicio eléctrico no es el mejor, pero nos afecta por sectores, lo que no llega a sumar puntos a una crisis capaz de reunir a la sociedad en demanda de mejores condiciones. La explicación fue bastante creíble aunque, finalmente, quedaron muchos puntos oscuros.

¿Cómo una tormenta "porteña" nos deja de un soplo sin luz a medio país? ¿Por qué con tanta gente sin luz el Gobierno nacional solo se preocupó por aclarar lo que le pasa en el conurbano bonaerense? ¿Por qué nadie supo qué hacer en Mendoza en medio de la oscuridad y, además, nadie informó desde las áreas correspondientes del Estado sobre qué debíamos hacer: quedarnos en donde estábamos, huir despavoridos, qué...?

Mientras hablamos de esto, hay árboles enteros caídos sobre autos en Buenos Aires y que nadie retiró.

El mensaje de la minicrisis es fuerte, aunque estemos entretenidos con el debate interno que el gobierno se da en el fuero penal: "En caso de emergencias, estamos solos". Y hay que trabajar para revertir no solo esa sensación, sino el fondo de la cuestión. El maquillaje de bienestar se cae con un solo vendaval y queda, entonces, la peor de las caras posibles. La cruda realidad.