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Cuando el abandono es con un niño


Una serie de sucesos pueden ser el marco de un abandono: una familia particular, derechos vulnerados, dificultades para sostenerse en una red que contenga. Historias cristalizadas. Historias sufrientes. Carencias precoces. Deprivación…

Niños rechazados. Niños cuyo nacimiento ha sido insoportable para sus padres y para esas familias. Niños expuestos a experiencias de peligro físico y psíquico, sometidos a traumatismos precoces. Dejados. Carenciados. Mal- tratados. Sucesos de la vida no deseada…

Un niño para advenir como sujeto debe serlo de un deseo que no sea anónimo, dirá Lacan.

¿Cómo hacer para que el deseo comience a tener nombre? ¿Cómo construir desde estos dolorosos lugares de partida una historia diferente? ¿Habrá que nombrar aquello que se inicio siendo anónimo? ¿Contar la verdad? ¿Qué verdad?

Partimos de un hecho: un niño es abandonado. Podemos empezar diciendo por una familia, por un padre y  por esa madre que no supo, no pudo, no encontró cómo hacer: sin sostén, sin red.
En el mejor de los casos, alguien, una familia lo toma. El deseo aquí comienza a tener nombre.

Un niño y su familia comenzaran a fabricar sus respuestas, a construir una historia nueva.
El niño habla y en ese devenir de sus decires puede fabricarse una respuesta posible. Algo no sabe del deseo del Otro, donde él es alojado. Es necesario que descubra que en el Otro falta una respuesta para sus enigmas. El Otro no tiene “todas” las respuestas, ante las preguntas, por suerte no las tiene, ya que ello permitirá que el niño pueda construirse en esas grietas, con lo que tiene y con lo que inventará.

Es sólo en un análisis donde tendrá, en principio,  la posibilidad de recrear su novela familiar como espacio contenedor  y de efectuación del sujeto del inconsciente. Es en la novela donde puede suplir lo que le falta al Otro.

Que el niño construya su novela familiar, el mito individual de sus orígenes, muestra que lo biológico, el encuentro sexual de sus padres biológicos; no responde, ni da sentido a la existencia. La existencia es mucho más que ello.

¿Qué se puede hacer?  No ceder frente al horror que genera el vacio, el encuentro con lo que le falta al Otro.

Los niños (y los adultos) se encuentran con lo que no puede ser respondido por el Otro. No hay significantes en el Otro que puedan responder al misterio de la sexualidad, al origen, y la muerte.

Es allí, donde el niño, podrá construirse con sus propios significantes, él responderá encontrando una identidad de ser: en su deseo y en el mundo.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
www.aabramendoza.com.ar