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Quieren declarar monumento natural a Paramillos de Uspallata

La importancia de este sector del valle de Uspallata ha sido puesta de relieve por el especialista en gestión cultural y patrimonial Rubén Romani. El área incluye las ruinas de una antigua mina y el primer bosque fósil de araucarias descubierto por el naturalista inglés Charles Darwin.

El dato lo aporta revista Veintitrés en su último número. Allí, hace una descripción interesante del tema:

En el valle de Uspallata, la montaña ocupa casi toda superficie. No hay nada que pueda ser considerado “ciudad”, en todo caso “campo”, al decir de los antiguos habitantes del norte de Mendoza, que en sus testimonios señalaron que allí se alzaba “el último refugio de los indios”. El territorio era el alojamiento relativamente próximo a los enclaves campesinos, ideal para arrieros y baqueanos y, a su vez, apto para el escondite del perseguido. Tanto es así, que tales estribaciones andinas acaso sean el símbolo mismo de la desaparición de los pueblos originarios. 

En definitiva, un territorio fantasmal donde la huellas de la acción del hombre serán un núcleo de interés tanto o más potente que los que provee la naturaleza. Lo cual es mucho decir en el caso de Paramillos, un hito que ha sido el destino obligado de los más notables naturalistas y lo es aún para la comunidad científica mendocina.

Según un reciente estudio del área dirigido por el especialista Rubén Romani –Museólogo y Magister en Arte Latinoamericano– y la Dra. en Geología Ana María Zavattieri –investigadora independiente del Conicet– existe un área de más de 6 mil hectáreas en condiciones de ser un enclave de conservación único a la hora de conjugar tanto valores patrimoniales históricos como culturales y naturales. Producto del estudio es que ingresó en la Legislatura un anteproyecto de ley para hacer de Paramillos un Monumento Natural y Patrimonio Cultural de la Provincia de Mendoza.

Desde ya, esta iniciativa es un llamado a no dar por perdida la batalla contra la ignorancia y el saqueo, dos caras de una misma desolada y transitada realidad. El estudio procede a compilar por primera vez todas las contribuciones aportadas por profesionales de las ciencias naturales y de la gestión cultural en Mendoza. En él se fundamenta la necesidad de preservar un área de montaña ubicada a 24 kilómetros de la Villa de Uspallata, en el departamento de Las Heras. La altitud varía entre los 2.600 y los 3.100 metros. Se accede a esta región por la Ruta Provincial 52 –antigua Ruta Nacional 7–, que une la ciudad de Mendoza con Uspallata a través de las Termas de Villavicencio. Aunque hay que pensar que cinco siglos atrás, al mismo destino se llegaba por la principal vía de comunicación de los pueblos andinos, es decir, desde el Norte, siguiendo la línea que se continúa con los valles Barreal-Calingasta, toda una zona donde se han hallado momias, fardos y urnas funerarias de los aborígenes del pasado, incluso también los famosos recintos pircados, preexistentes a la imposición del imperio incaico en el territorio. Es después de la llegada de los españoles que el camino se reorienta hacia el Este, trazándose como ruta de unión entre Mendoza y Chile, comunicación que usaron mineros, comerciantes y soldados desde 1561 y todo tipo de vehículos en general hasta 1961, fecha en que se abrió el camino de Mendoza a Uspallata por Potrerillos –actual ruta a Chile–.

Esfuerzo continuado. Son anteriores a la fundación de Mendoza, están inactivas, abandonadas pero a su vez con un interés dormido. Nos referimos a las antiguas minas de Paramillos. El trabajo minero allí realizado para extraer plata y oro puede ser rastreado por los historiadores como de una magnitud equivalente a Potosí (Perú) o Fátima (La Rioja).

Según el estudio mencionado, he allí la materialización de un patrimonio industrial histórico que se inicia en la época precolombina –posiblemente en el siglo XVII– y se intensifica durante la Colonia por la acción de la Orden Jesuita y otros propietarios, emergiendo así como la primera explotación minera de la República Argentina, una de las más importantes a nivel subcontinental durante el Virreinato del Río de La Plata. La acción sobre ellas se extiende hasta bien avanzado el siglo XIX.

En Mendoza, la única explotación minera con antecedentes coloniales es la de “Paramillos de Uspallata”. Antiguamente era la “Mina San Lorenzo de Uspallata”, de plomo, plata y zinc, descubierta en 1660 según investigaciones del antiguo cabildo de Mendoza. Para entonces se hizo el registro de 319 bocas de mina. Las mineralizaciones metalíferas en vetas de esta región, fueron las primeras que se localizaron, ya en la época precolombina, y las primeras en ser explotadas por los jesuitas.

Refiere Rubén Romani que “los primeros trabajos mineros en la Argentina fueron realizados por indígenas –particularmente por los Incas– avezados mineros que, en busca de oro y plata, explotaron algunas vetas y aluviones auríferos, fundamentalmente en el noroeste argentino. Durante la época de la colonización, y con posterioridad a ella, la búsqueda de minerales de plata tomó gran impulso. La plata (Ag) representaba, para el español, un elevado valor de cambio y era el patrón monetario de aquel entonces. La búsqueda de este metal precioso fue uno de los principales móviles de la conquista española”. Y agrega: “En nuestro territorio, sólo se instalaron pequeñas explotaciones, que languidecieron durante las guerras de la independencia y la organización nacional. Durante los siglos XVII y XVIII, los Jesuitas se encargaron de su primera explotación sistemática y organizaron a los indios en los trabajos mineros. A mediados del siglo XVIII trabajaban allí más de 4.500 aborígenes. En 1788, el Abate Juan Ignacio de Molina decía que era la veta más rica de plata del reino, ya que las consideraba continuación de las de Potosí. Los relictos de las ruinas jesuíticas que allí se conservan, tanto del campamento, como de la antigua planta de concentración, datan de esa época”.

Después de la expulsión de los Jesuitas, la mina quedó abandonada a laboreos por pequeños mineros. Luego fueron explotadas por los españoles y más tarde, por los ingleses. A partir de 1885, se encargó de la explotación la Sociedad Exploradora de “Paramillos de Uspallata”, entre cuyos socios se pueden mencionar importantes figuras del quehacer nacional de aquel entonces, como R. Lezica, H. Bunge, O. Bemberg, E. Ramos Mexía, A. Mantels y J. Storni y el destacado Perito Francisco Pascasio Moreno, quienes contrataron al Ingeniero francés G. Avé-Lallemant como administrador a cargo de la explotación. Es el período de mayor desarrollo de la mina, con piques de hasta 120 m de profundidad y la instalación de una planta de concentración. Algunos años más tarde, fueron abandonados los trabajos por problemas metalúrgicos en la concentración del mineral. Entre 1908 y 1913 el Dr. Villanueva, miembro de una aristocrática familia local, adquirió la mina. Bajo su gestión como gobernador de Mendoza se profundizaron sus túneles para explorar las vetas minerales, trabajos que en el decenio de 1940 fueron abandonados.

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