Presenta:

El ex Cose, el incendio y la escasez de sentido común

Recorrimos el ex Cose, el centro de reclusión de jóvenes en conflicto con la ley. Hay una gran cantidad de programas que apuntan a su inclusión, pero faltan cuestiones fundamentales. Aquí, el punto de vista de la periodista Ana Montes de Oca, de MDZ Radio, en primera persona.
Las tareas de repintado tras el incendio en el ex Cose. Foto: Alf Ponce / MDZ
Las tareas de repintado tras el incendio en el ex Cose. Foto: Alf Ponce / MDZ
Antes se llamaba Centro de Orientación Socio Educativo (COSE), pero las nuevas autoridades quieren dejar en claro que allí hay chicos que están presos, que cometieron algún delito, o intentaron cometerlo, y por eso ahora se llama Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil.
Hasta ahí viene claro el mensaje, incluso dicen "eso de llamarlo centro de orientación... es una fachada, esto es una cárcel".

Y es una cárcel como todas. Muros altísimos, alambre de púas, casillas de vigilancia elevadas, cámaras de seguridad, barrotes, rejas rectas, rejas entramadas, rejas en las ventanas por dentro y por fuera, candados, pasadores, cadenas.

Y como desde hace unos años los movimientos por los derechos humanos reconocieron que los que están presos no son extraterrestres y los movimientos por los derechos de los niños y adolescentes reconocieron que los chicos que delinquen siguen siendo chicos, la cárcel de jóvenes tiene un lindo parque, pileta de lona, mesa de ping pong, biblioteca y hasta una radio.

De eso hablaron mucho las autoridades del SRPJ cuando nos permitieron recorrer el lugar donde el 23 de diciembre dos de los pibes terminaron incendiados y tan quemados, que uno murió al otro día y el otro apenas sobrevive.

"Nosotros sabemos que hay que cambiar muchas cosas y mejorar otras tantas, pero antes estaba peor" reconoce Ana Rosich, directora del lugar. Y enumera todo lo que fueron haciendo por los chicos: actividades recreativas, clases de secundaria, oficios, la radio.

Lo que no dice, ni ella ni nadie, es quién tiene la responsabilidad en ese sistema.

Según las pericias del incendio, Lucas y jeremías lo iniciaron en su celda cuando uno de los dos estaba prendiendo algo con un encendedor. Encontraron la chapita del encendedor en la celda y por eso la pericia asegura que esa fue la razón.

La justicia entonces imputa a los operadores de turno porque ellos son los responsables de no haberhecho la requisa necesaria para impedir que los pibes tuvieran un encendedor encima.
También se sabe que el fuego lo apagaron los operadores. Que los otros chicos, una vez evacuados de sus celdas y con todas las precauciones para que no se escapen, también ayudaron con el fuego. Que la policía llegó cuando el fuego ya estaba casi extinguido y los bomberos mucho después. Que la ambulancia tardó entre 20 y 30 minutos en llegar para llevarse a los chicos que estaban en estado crítico.

La culpa es del encendedor como fue de la bengala en Cromañón.

La justicia imputa a los operadores por no haber hecho lo que se hace con los presos: revisarlos. Pero no hay culpa ni cargos por la falta de responsabilidad en la prevención de un incendio.

Hay cámaras de seguridad pero no hay alarma contra incendios. Hay candados, rejas, pasadores y cadenas, pero no un sistema que permita la rápida evacuación frente a un siniestro.

Nadie es responsable por el estado deplorable de la instalación eléctrica, ni porque haya estufas de gas que no están permitidas ni en la casa de uno, ni siquiera por la inaceptable falta de sentido común de pintar con pintura al aceite, altamente inflamable y que, según la pericia, fue lo que hizo que la celda ardiera entera en segundos.

Peor aún, porque hay ciertas estupideces que se vuelven a cometer, nadie es responsable ahora de que hayan vuelto a pintar todo con pintura al aceite la noche anterior a permitirnos entrar al lugar.

A nadie le cabe culpa por no cumplir con las normas de primeros auxilios frente a un quemado y dejar que los pibes se tiren a una pelopincho, y que después tuvieran que esperar una ambulancia casi media hora.

Ni por esa tumba fétida, mugrienta, oscura y tenebrosa a la que le llaman baño.

En el SRPJ,los chicos no tienen ni adónde sentarse a cagar.

¡Ah, sí! ¡Pero tienen una emisora de radio!

Lucas y Jeremías eran los mejores de la clase, fueron abanderado y escolta e iban a ser reconocidos por su buen comportamiento un día después del incendio.

Lucas murió con el 63% de su cuerpo quemado, incluyendo sus vías respiratorias, en la tarde de nochebuena. Tenía 16 años.

Jeremías sobrevive, también con el 63% de su cuerpo quemado, y le esperan meses de un dolor indecible. Tal vez llegue a cumplir 19.

La culpa, según la justicia, es de un encendedor, y de quienes lo dejaron pasar...