Hombres obvios y situaciones redundantes
La soledad a veces no te deja opción. (Y eso que la madurez te hace elegir mejor es un error.)
Sí, yo acepté porque por teléfono sonaba todo un galán, como lo era en los 90s, y hoy con su "Mara, yo te ya te leí toda, ahora dejame que te cuente algo", me pudo.
Y me encontré aceptando la invitación a su mini fiesta en uno de los barrios privados más lejanos y con menos privacidad de Mendoza.
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La conversación inicial rumbeó por donde me imaginaba (escalada en rapel de su cuenta bancaria casualmente justo después de la firma del divorcio). Una variedad de hazañas y cualidades de sus hijos, que algo me decía, los estaba conociendo recién ahora.
En el transcurso llamó una mujer con la que sostuvo una conversación como de marido. (El pasaría a arreglarle algo y le llevaría ese regalo que le reclamaba, ella lo esperaría con su comida preferida y le cuidaría a sus hijos.) Ahh, sí, era su madre, claro, un vínculo muy revalorizado por los recién separados.
Llegamos. Garita, barrera de propietarios, cabeceo al de seguridad, y lotes iluminados. Después de pasar la laguna y el club house me preguntó, ¿te gusta mi casa?, y mientras me la señalaba desde una perspectiva digna de revista D&D, me comentó, “no es la que yo soñé, es mejor”. “A veces uno se queda corto con los sueños por culpa de una compañera que no te sigue en tus ideales”. Me di cuenta de que en esos sueños estaba incluido también su lacio permanente.
Hay un código que se debe cumplir a rajatabla con los recién separados, jamás preguntar por la ex, a menos que él la mencione y a vos no te interese demasiado, por lo que yo sin tapujos le pregunté, ¿qué onda con ella? “Con mi ex tenemos la mejor”, me contestó. “Desde que hablamos a través del abogado tenemos un diálogo bárbaro”.
Entramos y los mínimos invitados ya estaban girando copas. La fiesta, al borde de la pileta, pretendía, sin remotamente lograrlo, rememorar aquella legendaria publicidad de Pronto Shake.
Mirando sus fotos en los portarretratos se me ocurrió una mala pregunta: ¿Qué hiciste con todos los pantalones pinzados que usaste hasta la temporada pasada? Uy…debo recordar medir mis comentarios ,me dije.
Huí a la barra, y pude observar la fiesta versión “mini”. Sí, era todo mini. Mini lista de invitados, mini botellitas de champagne, mini pinchos y como casi no había muebles, la decó era mini-mal.
Si lo que la fiesta buscaba era diversidad se había logrado con éxito... no digamos sexual, pero sí etaria. Una docena de cuarentones rodeaban a un puñado de regaetoneras de veinte que se tomaban hasta el agua de los floreros, extasiadas al pisar por primera vez un… barrio privado.
Las chicas perreaban y ellos fantaseaban ansiosos esperando que el alcohol les diera una mano, dando por hecho que ya habían cumplido con los parámetros de seducción socialmente estipulados: casa, auto, camisita con cuello de otro color y saco PV.
Intenté una absurda frase seductora ¡Qué linda tu casa! ¿Hay más lugares para conocer?, y él me llevó al garage a mostrarme su pequeña colección de motos (eran dos).
A las 3 de la mañana cansadas del baile entre ellas mismas, las chicas regaetoneras quisieron ir a un lugar divertido de verdad y los demás partieron sin consuelo a llevarlas al boliche, donde obviamente se les escaparían de las manos.
Entonces mi recién separado puso primera con su nueva vida que había descubierto después de su crisis matrimonial. Se puso un bossa´ n Stones, prendió una vela de vainilla que estaba apoyada en un libro de Osho y me preparó un trago él mismo, y créanme que este chico en seis meses había ensayado con la cocktelera más que Tom Cruise para la película Cocktail.
Fue ahí cuando desplegó toda su seducción. Me contó que ahora pintaba. “Dicen que lo mío es el expresionismo abstracto”. “Mis cuadros tienen algo de Pollock pero más fálico.” Ahhhh, le dije yo, ¿miembros masculinos con manchas? (uhh otra vez un comentario que no gustó…).
Pero poco pareció importarle. Estos recién separados están tan concentrados en sí mismos que poco se percatan de lo que pasa a su alrededor. Y mientras él me aturdía con sus nuevas enseñanzas de contratapas de Cohelo y con su único viaje a Bolivia que lo había puesto en otra postura frente a los pueblos originarios, yo me pregunté si esta nueva especie que abunda en Mendoza aprobaría el recuperatorio impuesto por las mujeres de turno. Y la verdad es que por lo que todas pensamos, creo que no.