Autobiografía, de Paul Theroux
Nací, el tercero de siete hijos, en Medford, Massachusetts, tan cerca de Boston que incluso cuando era un niño pequeño que iba caminando por las calles laterales hasta Washington School podía ver la punta de lápiz de la Torre de la Aduana desde las orillas del río Místico. El río era todo para mí: fluía a través de nuestra ciudad y, por recodos bordeados de juncos y pantanos cenagosos que ya no existen, llegaba al puerto de Boston y al oscuro Atlántico. Era la razón del ron de Medford y de los astilleros de Medford; dentro del Comercio Triangular, el río conectaba Medford con África y el Caribe... y Medford circulaba místicamente en el mundo.
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Mis abuelos maternos, Alessandro y Angelina Dittami, eran relativamente recién llegados a América, ya que habían emigrado por separado de Italia alrededor de 1900. Un italiano puede reconocer Dittami ("Dime") como apellido de huérfano. Aunque aborrecía cualquier mención que se hiciera al respecto, mi abuelo había sido un expósito en Ferrara. Cuando era joven, se enteró de quiénes eran sus padres -un conocido senador y su criada-. Después de una turbulenta crianza en hogares adoptivos y de un incidente operístico (amenazó con matar al senador), Alessandro huyó a América y conoció a mi abuela, con quien se casó en la ciudad de Nueva York. Se mudaron a Medford con la urgencia y la porfía de los inmigrantes decididos a construirse una vida a cualquier costo. Lo consiguieron, llegaron a ser prósperos y la mezcla de piedad y petulancia hizo que toda la familia se volviera insufriblemente sentenciosa.



