Nos lo tuvieron que contar desde afuera para creer que realmente pasó
Hay cosas que pasan frente a nuestros ojos y que no vemos. Hay situaciones que nos estallan en las manos, y no nos damos cuenta del dolor. Pero también hay otras, menos poderosas, que tiene como escenario a tierras lejanas y que, al verlas a la distancia, nos vuelven locos. Y opinamos sobre ellas. Dictaminamos, juzgamos sumarísimamente. En esta actitud chusma, mejor colgarnos de la ventana para ver cuánto mal le pasa al vecino sin querer mirar hacia atrás, dentro de nuestra propia casa, en donde lo que pasa es terrible y, si lo aceptamos así de golpe, es probable que no lo toleremos.
En Mendoza se está juzgando a gente que está sospechada de haber secuestrado, robado y matado. También a gente que se supone que supo de todo esto y no dijo ni hizo nada, y a los que –se supone, claro, hay que respetar la potencialidad de las cosas– a quienes fueron cómplices.
Ahora, es un diario canadiense el que, al colgarnos por esa ventana de la que hablamos, metafóricamente, nos devuelve un espejo.
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Allí, en el CBC News, se nos viene encima una historia oculta durante 35 años. Con videos, fotos y una historia relatada por la periodista Alison Crawford, nos enteramos del reencuentro de un mendocino que vive allá, en Toronto: Antonio Savone y su reencuentro con María Rosa Gómez; ambos, compañeros de torturas durante la última dictadura.
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El término “parrilla” para un argentino que vive desde hace muchos años lejos de su patria puede tener un sentido supremo, casi épico, gastronómicamente hablando. Pero no lo es para Savona. “Vos sos el próximo para ir a la parrilla”, recuerda que le avisaron cuando tenía 27 años y permanecía prisionero de los militares desde el 14 de junio de 1976.
CBC relata su historia de 112 días “en una celda fría y oscura”, con “un suelo pegajoso”, sin baño ni algún colchón.
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El diario canadiense reunió aquí, en Mendoza, en donde vinieron a dar su testimonio, a Savone y Gómez, a Antonio y María Rosa. "Me gustaría mirar al otro lado y ver a Antonio y sus ojos. Aquellos momentos en los que me traían de vuelta de la sala de tortura y Antonio me miraba y me decía, '¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís?".
La periodista Crawford, evidentemente, se vio conmovida como deberíamos estarlo todos nosotros por el reencuentro de dos protagonistas de una Mendoza que porfía con permanecer oculta, bajo la oscuridad de mil negaciones.
Participó de un encuentro de ex presos y les contó a los ciudadanos de su país cómo los diarios mendocinos mostraban a los detenidos políticos como si se tratase de delincuentes comunes y, a sus asesinatos, como verdaderos gritos de triunfo de la ley.
Savona y Gómez se ríen y lloran al momento del reencuentro, 35 años después. Pero la tristeza los vuelve a unir cuando el juicio es el tema que surge. Con sorpresa, la periodista canadiense que escuchó a unos y a otros en el juicio que se lleva adelante aquí, en Avenida España esquina Pedro Molina, les contó a sus anglolectores que aquí, en Mendoza, durante mucho tiempo se sostuvo que los desaparecidos no lo están y que, en realidad, “están de paseo fuera del país”. Pero los testimonios del juicio son clarísimos, dice, concluye tras horas de escucha: “muchas personas que permanecen desaparecidas fueron vista por última vez junto a quienes los custodiaban”.
Otra ventana, la rendija de esa venda
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Pero 35 años después, de pie aquí –insistimos: aquí, en Mendoza, para quienes todavía no se han dado cuenta que pasan cosas- “ahora que lo he visto es como si lo conociera de toda la vida”, dice María Rosa luego de cruzar una calle y estrechar los brazos de Antonio, el de los otros ojos prisioneros de la infamia.




