Los deseos que no se cumplirán
Como cada año que termina me propongo en el próximo ser esa que no soy pero que seré con un poco más de disciplina. Dormiré más, dejaré de fumar y entrenaré 6 veces por semana. Tomaré una decisión trascendental que cambie drásticamente mi vida como esos casos que uno escucha del antes y el después. Hablaré menos, diré lo justo y necesario para que esas palabras adquieran más valor. No daré un solo consejo ni lo aceptaré.
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Me abriré camino contra todo. Derribaré prejuicios, reformatearé mis estructuras y saldré al mundo como una leona. Entablaré sólo relaciones sanas. Diré que no con más frecuencia (a los hombres, a las harinas y a las tarjetas de crédito) Lavaré todas esas culpas que hasta hoy me tienen paralizada. Estipularé como mínimo un momento placentero diario. Seré más considerada conmigo misma, escuchando un poco más mis verdaderos deseos. No haré cosas por compromiso.
Lograré el imposible de freezar en bolsitas todo lo necesario para preparar en dos minutos una súper comida.
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Incursionaré en la meditación. Volveré a natación, tendré un ídolo a quien seguir. Volveré a jugar, a enamorarme, a creer en la amistad incondicional. Entenderé que algunos vínculos se rompen. Viajaré a esos lugares que nadie elige y ahí escribiré sobre la emoción que nos traspasa de manera inevitable. El dinero aparecerá como algo natural y como medio único para no preocuparme por él. No me permitiré ni un solo “por algo será” ni ese nefasto “todo llega”. Seré imprescindible para alguien y me liberaré de todos los que no me necesitan. No intentaré argumentar sobre mis errores, los asumiré como simples momentos de estupidez.
Diciembre cae con la inevitable sensación de los pendientes que quedaron del año. A medida que se acerca el fin de mes, extrañamente esta sensación gira hacia su polo opuesto: el optimismo. Con el año próximo en puerta me encuentro transfigurando las frustraciones en engañosas ilusiones y enormes listados de argumentos aparentemente lógicos para todo eso que no pude cumplir.
Con la cabeza invadida por la lista me pregunto si todo lo que me prometo para el año próximo será arrasado, otra vez, por alguna excusa que lo haga imposible.
¿Si en los últimos 365 días no logré ser esa que proyecto, por qué lo voy a hacer a partir del mes que viene? ¿Qué me hace pensar que esta fecha estipulada en el calendario puede transformarme, si todos los días se cumple un año del año anterior?
Planificamos ciegos olvidándonos de los verdaderos emperadores de nuestras decisiones: los acontecimientos. Frente a ellos quedaremos esclavos anulando todos los deseos que en alguna fecha especial visualizamos embriagados por el entusiasmo.
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No podré alejarme mucho de quien soy hoy si los hechos me reclaman ser la misma de siempre.
Si es entonces tan impredecible lo que pueda sucedernos, entonces dejaré de desear y sólo pediré esta vez un poco de cordura para afrontar lo inesperado.




