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El cáncer es curable y revolucionario

“Si los presidentes latinoamericanos de estos tiempos tienen cáncer, constituye todo un síntoma de salud mental. ¡Hay que gobernar Latinoamérica por estos años!, es también un síntoma de sensibilidad, de personas que viven el compromiso con sus pueblos de una manera particular, más jugada, asumiendo riesgos y haciéndose cargo de lo que el cuerpo factura”.

Tal vez, como nunca antes, la palabra cáncer y sus significaciones polisémicas, haya tomado dimensiones continentales, hecho eco en los medios de comunicación y transformado en comidilla en panaderías y verdulerías de barrio.

Pasa que a raíz de la detección de esta enfermedad en varios presidentes latinoamericanos en los últimos años, un rosario de especulaciones metafísicas, religiosas y hasta políticas se ha disparado como fuga de gas hacia el conocimiento público, la opinión pública y por cierto también, como no podría ser de otra manera, en la redes sociales.

Como se sabe, según los cientos de oncólogos que están opinando sobre el tema, el cáncer ya no responde a una patología exclusivamente biológica. Por el contrario, es el contexto social, familiar, epocal, laboral y hasta político que lo determina y condiciona para hacerlo emerger. Tampoco se trata de una somatización del ámbito de lo psicológico en exclusivo. Más aún, es el conjunto de todas estas variables que producen en el sujeto la aparición de síntomas. No es el estrés aislado tampoco. En todo caso el estrés nos lleva, junto a una serie de variables que inciden en el déficit inmunológico, a la aparición de enfermedades.

Hago este rodeo para entrar en el tema de fondo de esta nota. También se sabe que el cáncer hoy por hoy es curable, o la mayoría de ellos, según sexo y edad. Hasta se dice que el 75% de quienes poseen cáncer no mueren de cáncer, pues luego de tratamientos, aquel ha sido curado en términos relativos.

Y no es que haya evolucionado la ciencia (la ciencia no evoluciona en sí misma) sino que es la sociedad la que se va planteando resoluciones de patologías a través de la medicina, la investigación y por supuesto la ciencia. Pero el punto es éste: Como dijo una amiga anoche en una charla: “Si los presidentes latinoamericanos de estos tiempos tienen cáncer, constituye todo un síntoma de salud mental. ¡Hay que gobernar Latinoamérica por estos años!, es también un síntoma de sensibilidad, de personas que viven el compromiso con sus pueblos de una manera particular, más jugada, asumiendo riesgos y haciéndose cargo de lo que el cuerpo factura”, mas o menos así lo decía mi amiga Cecilia Molina, una trabajadora social, experta en políticas públicas y doctoranda en el tema. Me pareció interesante el planteo y se me ocurrió compartirlo en esta nota para reflexionar sobre ello.

Por eso me planteo no sólo que el cáncer es curable sino que además es revolucionario en el sentido que mi amiga lo argumentaba. Un modelo de enfermedad que ha sido asociado solo a la muerte, hoy creo debe asociarse a la vida. Al compromiso por vivir de una manera particular en este mundo. Por meterse de lleno en el barro de países que necesitaban de liderazgos populares y de transformaciones corajudas. Y sí, algo te va a facturar el cuerpo. Nada es gratis en este mundo perverso. Una vez más, lo digo, en el cierre del año y a horas de la apertura del nuevo, en la bisagra del tiempo, hoy el cáncer es curable y además revolucionario.

Va a salir todo más que bien, mi querida y aguerrida Presidenta.