El fuego se habría generado por un cortocircuito en un tomacorriente lleno de enchufes, ubicado en una habitación repleta de libros y papeles. La vivienda se encontraba desocupada en ese momento, por eso no hubo heridos.
Una vivienda de la Cuarta Sección sufrió pérdidas totales por un incendio mientras se encontraba deshabitada.
Nina, una comerciante vecina y amiga de la familia, fue la primera en darse cuenta de la situación. De acuerdo a su relato, la mujer asegura que el humo empezó a evidenciarse alrededor de las 17.30 pasadas en la vivienda ubicada en la esquina noreste de Montecaseros y Ayacucho, pero en un primer momento no le prestó demasiada importancia porque pensaba que se podría tratar de alguna quema de hojas o algo por el estilo. Sin embargo, cuando transcurrieron unos minutos y la casa quedó oculta detrás de una nube de humo, llamó inmediatamente a los bomberos y se cruzó de calle para auxiliar a quien pudiera haber quedado encerrado dentro de la propiedad.
La mujer, que una hora después todavía seguía muy nerviosa, confesó que estaba cegada por la desesperación, ya que creía escuchar ruidos dentro de la vivienda que ya había comenzado a arder.
“Todavía me duelen las manos de tanto golpear la puerta de la casa y el portón”, lanzó Nina entre sollozos.
La desesperación de la mujer es entendible, ya que aparte de atender el negocio de enfrente, conoce muy bien a la familia de Alberto Velazco, quién vive ahí con su hijo Martín, en una vivienda que cuenta con un patio bastante amplio de piso de hormigón, y que se comunica con un departamento en una planta alta que tiene entrada por Ayacucho y que, paradojicamente, es alquilado por una joven que forma parte del cuartel central de bomberos.
Bomberos voluntarios de Guaymallén, -que fueron los primeros en llegar porque venían de apagar otro incendio cerca de una estación de GNC de Saavedra y Albania del mismo departamento-, constataron que el desastre podría haberse generado a través de un cortocircuito, registrado dentro de una de las habitaciones que dan a la calle, y que permanecía llena de libros, ya que Martín es profesor de Lengua y Literatura. Esta gran cantidad de papel habría servido de combustible para un fuego que se expandió en pocos minutos por toda la casa y que arrasó con muebles, camas, electrodomésticos y demás artículos del hogar.
Afortunadamente, tanto Alberto como Martín no se encontraban en ese momento, por lo que no hubo ningún herido.
Tanto el propietario como su hijo fueron alertados por vecinos que se sorprendieron con la llegada de dos cuerpos de bomberos. Media hora después, llegó otra dotación de bomberos del cuartel central, en la que venía una mujer que alquila el departamento anexo de la vivienda, que afortunadamente no fue afectado.