"Dios tiene teléfono" y un represor era uno de sus telefonistas
Tras la muerte del represor José Martín Mússere sorprendió un aviso pagado por un sector de la iglesia católica en el diario Los Andes. Allí, en la sección de fúnebres, sorprendió el ruego “por el alma de su Hermano Guardían José y por la paz de su familia”, firmado por el Servicio Sacerdotal Nocturno.
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Mússere murió en prisión, en San Rafael, lugar en el que estaba siendo juzgado por crímenes cometidos durante la última dictadura, en la causa en la que se investiga la desaparición de Francisco Tripiana, José Berón, Pascual Sandoval y Roberto Osorio, todos miembros de la Juventud Peronista. El ex policía fue reconocido durante el juicio por quienes sobrevivieron a su actuación. El dramático relato de los testigos del juicio que se desarrolla en la ciudad sureña, incluyó el testimonio de Luis Barahona, un ex gremialista de la empresa Grassi, que fuera detenido el 28 de abril de 1976. Según publicó Mediamza, “vio una foto de esa época e identificó a Mússere como su captor y torturador”.
”Según relató el hombre a los miembros del tribunal señaló ese medio- Mússere fue quien lo trasladó desde su casa en la ciudad sureña de Malargüe hasta la Municipalidad de San Rafael, donde, aseguró, éste lo golpeó ´en reiteradas ocasiones´ y "me hizo subir tres escaleras flexionado a los golpes".
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El Servicio Sacerdotal y el represor: “Tenemos derecho a arrepentirnos un minuto antes de morir”
Mussere era “guardián”, es decir, miembro activo de la “Hermandad de Caballeros del Santísimo Viático”, la entidad que sostiene en el norte de Mendoza el funcionamiento del Servicio Sacerdotal Nocturno.
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Este último es popularmente conocido por la frase publicitaria que usó durante muchos años: “Dios tiene teléfono”. Mússere, como “guardián”, era uno de quienes lo atendía cada vez que algún fiel de la iglesia necesitaba de la palabra sacerdotal o bien, de los “últimos óleos” o “extremaunción” con la que los creyentes despiden a sus fieles.
Lo hacía desde la sede del servicio, ubicada en la Quinta Sección de Ciudad, en Julio Leónidas Aguirre 52 Piso 1º Dpto. 6. La sede de la Hermandad, en tanto, queda en el barrio Soberanía.
No logramos ubicar a su presidente, Roberto Bustos ni al sacerdote que oficia de “asesor eclesiástico”, Evilasio Pascual. Pero sí lo hizo uno de los miembros de la comisión directiva del mismo servicio, pero con sede en San Rafael, lugar en donde murió Mússere.
Jorge Yagüe oficia en la estructura como “encargado de prensa”. Sin embargo, acepta que esto es “sólo una formalidad” y prefirió ser llamado como “un guardián más”. Pidió no mezclar sus opiniones personales con las institucionales y así lo hicimos. Y en estas últimas, resaltó el rol acéptico de la entidad: “No miramos a quién le llevamos el perdón de Dios”, dijo.
Yagüe confirmó que Mússere no fue miembro de la entidad del sur mendocino, pero demostró conocimientos sobre su persona. Por ejemplo, cuando le llamamos Mussere, sin acento en la “u”, se apuró en acentuarlo.
Consultado sobre el aviso publicado en Los Andes, en el que el Servicio Sacerdotal Nocturno rogaba por el alma del represor, Yagüe afirmó que no salió de su entidad y especuló, además, con que “pudo haberlo hecho algún miembro de forma personal y particular”.
De hecho, sólo en el sur hay 3 laicos y un sacerdote cada noche montando guardia por si algún fiel requiere de sus servicios. “Esto lo podemos hacer gracias a que, gracias a Dios, hay muchos sacerdotes en San Rafael”, comentó.
La entidad nació como idea en Córdoba en 1952 frente a la necesidad de que, según explica el sanrrafaelino, “así como hay farmacias, bomberos, policías o médicos de turno, ¿cómo era posible que los cristianos en situaciones dolorosas no tuvieran una guardia a la cual recurrir sin pérdida de tiempo y conseguir un sacerdote para los sacramentos?”. Así empezó a funcionar y en San Rafael llevan más de 20 años en la tarea.
Las ostias y el represor
Yagüe no tuvo problemas en hablar del asunto: “Este señor Mússere, independientemente de lo que haya sido o de los errores que haya cometido como ser humano, también como ser humano le cabe el arrepentimiento. Si una persona se siente conmovida, tiene derecho a pedir el perdón de Dios”, explicó desde su punto de vista.
- ¿Existe la objeción de conciencia en su tarea? Por ejemplo: le toca ir a llevarle un sacerdote a una persona que usted aborrece, por lo que fuere, o bien, que usted está convencido de que ha sido una mala persona…¿Igual va?
- Por supuesto. Mi misión es de conseguirle un sacerdote.
- Dejando de lado a Mússere, que hacía lo mismo que usted pero en Mendoza, si uno de los miembros de un matrimonio homosexual cae en desgracia y pide la extremaunción…¿usted que hace?
- Mire, yo no soy el que evalúa si la persona a la que asistimos está arrepentida o no. Solamente intermediamos. En el último minuto una persona puede arrepentirse toda una vida de errores.
- …
- La sociedad tal vez no se lo perdone, pero Cristo sí lo hace.
Convencido de que la ley “que vale” es la que está escrita en la Biblia, poco le importa, a ciencia cierta, los “dimes y diretes” de la Tierra. A tal punto es así, que la entidad que integra lleva el nombre de un “arrepentido”: San Camilo de Lelis, un “putañero” que vivió una vida dispendiosa, pero que –según Yagüe- supo arrepentirse y reencaminar su vida. Y fue santo”.