ver más

Perjuicios ocultos de la matanza de guanacos del comisario Olivera

Pese a los rastreos de personal de Guadaparques de la Reserva Villavicencio, la cría huérfana de la hembra acribillada aún no ha sido encontrada. A su vez, se presume que las balas del policía mataron también al guanaco jefe de una manada y que habrían dejado, además, a otros ejemplares heridos. Más datos de la investigación.

La detección del comisario Alejandro Olivera cazando guanacos en la Reserva Natural Villavicencio no solo tiene repercusiones judiciales y en el seno de la Policía de Mendoza, sino que además acarrearía graves perjuicios en el ecosistema andino de 72 mil hectáreas, protegido como reserva por la empresa Aguas Danone.

De acuerdo a los trabajos de rastreo, posteriores a la matanza realizada por Olivera, el personal de Guardaparques de Villavicencio, apoyados por baqueanos de la zona, aún no ha podido dar con la cría que quedó huérfana merced a los disparos del comisario, ahora separado provisoriamente de la fuerza de seguridad y a la espera de una sentencia judicial. Ya que de los dos ejemplares que cazó Olivera, uno era hembra, estaba preñada y, además, dando de manar a un chulengo.

Silvina Guídice, responsable de la Reserva Villavicencio, admitió a MDZ que “muy probablemente, si llegamos a hallar la cría, lo hagamos cuando esté muerta”, a causa del abandono, la falta de alimentación y producto de la acción de otro depredador. Principalmente, pumas o cóndores.

A su vez, se cree que el macho, también cazado por el comisario ex responsable de la Distrital Capital, era el jefe de la manada y muy probablemente el grupo esté disperso por los campos, escapando del depredador.

En base al comportamiento de esta especie animal, se desprende también que a Olivera le resultó medianamente sencillo matar a la pareja de guanacos, ya que según admite Guídice, “la manada habría estado al costado de la ruta. Son mucho más inocentes por vivir en un área protegida”.

Por su parte, la veterinaria y ambientalista, Jennifer Ibarra, advierte que debido a esa inocencia de la manada y la cercanía con el tirador, “seguramente haya más ejemplares heridos en la tropilla”. Pero, esto se va a saber a medida que Guardaparques vaya encontrando los cadáveres.

Ibarra también reconoce que el chulengo que quedó huérfano no va a encontrar protección en las demás hembras de la manada. “En esta especie, eso no se da. No le prestan atención a las crías de otras hembras”.

La importancia del guanaco

Esta especie autóctona, si bien hoy se encuentra en un proceso de mejora, fue protegida gracias a la Ley 6599, impulsada por la Fundación Cullunche, porque se encontraba en grave peligro de extinción.

El guanaco, animal emblemático y representativo de la provincia, forma parte de la cadena trófica andina. Jennifer Ibarra, titular de Cullunche, aclara que  “con sus bosteaderos abonan el piso, ya que al comer pastos con semillas diseminan esa semillas por toda la montaña”.

Además, señala Ibarra, “por su forma de comer y caminar no dañan el suelo, como las cabras y las ovejas. Tienen almohadillas en las patas y el pasto lo cortan, no lo arrancan”.

La cacería de guanacos tiene que ver con su carne, semejante a la vacuna, y la lana, de excelentes cualidades, muy similar a la de Vicuña.

Nuevas complicaciones para Olivera

En la jornada de ayer, aparecieron nuevos datos en la investigación que se lleva adelante contra el proceder del comisario cazador de guanacos, Alejandro Olivera, relacionados tanto con la camioneta en que se movilizaba como con el arma que portaba.

La camioneta Ford Ranger en que Olivera se llevaba los cuerpos de la pareja de guanacos, se la pidió prestada al comisario Gustavo Gari, responsable de la Distrital de Godoy Cruz. Aunque hay quienes admiten que existe un acta, refrendada por ambos y que documenta el pedido, tal certificación aún no ha aparecido.

Lo único que certifica el empréstito es el Ford Fiesta, propiedad de la Distrital Capital, de la Olivera era titular, y que habría quedado a disposición de Gari “en garantía” del préstamo durante el fin de semana.

Por otro lado, la determinación de que el fusil FAL con que el comisario dio muerte a los animales también un sumó otra prueba. El arma fue solicitada por Olivera, también en préstamo, al Cuerpo de Infantería. De este trámite sí existe documentación, ya que el cazador firmó un remito en el que especificó que usaría el arma “para practicar tiro”.