Historias de argentinos en el corazón de la crisis: miedo y planes de retorno
Empujados por las sucesivas crisis económicas que se vivieron en nuestro país, tanto a mediados de la década del ’80 como en el cierre del primer milenio y los albores del segundo, muchos fueron los argentinos que partieron al exterior y al desarraigo en busca de un presente más próspero y un futuro prometedor.
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Así fue como, por ejemplo, María Inés Carti y Mercedes Ortega encontraron destino en la lejana y mitológica Grecia; y Erica Romero y Sergio Pulido optaran por afincarse en España.
La etimología de la palabra ‘crisis’, casualmente, nos lleva a Grecia. La denominación de una situación de dificultades económicas, caracterizada por inflación y escasez de mercaderías, llega a nosotros a través del vocablo griego ‘krisis’. Éste, a su vez, es derivado del verbo ‘krinein’, que significa separar, juzgar o decidir.
La cuna donde nació la palabra, es hoy la cuna donde se mece una probable catástrofe económica que amenaza a Europa.
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“Esto, con el olfato que hemos adquirido los argentinos, lo veíamos venir desde hace mucho tiempo. Se venía viendo como una euforia, la gente gastaba y se manejaba con un despliegue de dinero que no se correspondía con las verdaderas posibilidades del griego medio”, recuerda la licenciada en Kinesiología Mercedes Ortega, llegada a Atenas en 1992.
Si bien durante la década de los ’90, con la Comunidad Económica Europea en pleno brote, no sugería la posibilidad de una debacle de tamañas dimensiones en la nación helénica, para esta ex profesora de la Universidad del Salvador había algunos aspectos del comportamiento social que hacían presagiar lo peor. “Habían entrado en una vorágine similar a la entró en su momento Argentina. Pagaban el resumen de una tarjeta de crédito con otras cinco. De alguna manera, todo tenía que explotar. La sociedad perdió el rumbo, se maneja anteponiendo al poderoso caballero dinero y hacía cualquier cosa por conseguirlo”, dice Mercedes, quien además es la presidente de la Asociación de Residentes Argentinos en Grecia.
Sin embargo, hay quienes admiten que fue recién después de los Juegos Olímpicos de 2004, desarrollados en la capital griega, que pudo advertirse alguna señal de desastre financiero. El gasto, aseguran, fue descomunal y unos años después comenzaron las protestas en las calles, llegando incluso al asesinato por parte de la Policía de un estudiante de 15 años, Alexis Grigoropoulos.
Los reclamos estudiantiles, a fines de 2008, denunciaban las repercusiones de la crisis económica mundial, el descontento por los escándalos de corrupción en el Gobierno -seis ministros estaban siendo investigados por un fraude de 100 millones de euros- y el ajuste anunciado por el Poder Ejecutivo, era mayoritariamente rechazado por los más jóvenes, que sufrían la tasa de desempleo más alta de la Unión Europea: 22,9%.
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“Hubo muchas manifestaciones al principio pero ahora está todo como congelado. Es que no fue como en la Argentina, que se hizo como una especie de pueblada. Acá estuvo organizado y manejado por partidos políticos. No los veo con agallas como para protestar de otra manera. De todas formas –admite Mercedes Ortega- los jóvenes griegos están emigrando. Imagínate que a raíz de que el idioma es difícil para el resto del mundo, todos los jóvenes profesionales hablan otros idiomas y acá no ganan más de 600 o 700 euros por mes, que es el sueldo mínimo. Para colmo, ahora lo bajaron a 450”.
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El Tratado de Maastricht, que consagró en 1992 la plena unión económica en Europa, establece que el máximo de deuda pública de un país miembro es de un 60% de su Producto Bruto Interno (PBI) y su déficit fiscal no debe superar un 3%. Hoy, la deuda griega, de más de 400 mil millones de euros, representa un 115% de su PBI y su déficit fiscal, el 12,7%. Durante años, Grecia mostró números creíbles al resto del continente, gracias a una buena dosis de creatividad contable, y de ahí que tanto el Fondo Monetario Internacional como el resto de sus socios europeos decidieran intervenir en su economía, además de lanzarle un salvataje financiero de más de 1.400 millones de dólares.
“Lo malo de darle participación al Fondo Monetario ya lo conocemos –subraya María Inés Carti- pero lo bueno es que varios países de Europa decidieron mandar, junto al equipo del FMI, técnicos para investigar los graves casos de corrupción y han logrado destapar una cantidad de escándalos que se vienen arrastrando desde hace por lo menos veinte años. No está quedando títere con cabeza. Ahora bien, no sabemos cómo va a terminar todo esto”.
Carti llegó a Grecia empujada por la crisis hiperinflacionaria desatada durante el gobierno de Raúl Alfonsín, tras casarse con un griego que conoció en Buenos Aires. Esta ingeniera agrónoma reconoce que la crisis que viven en aquel país “es para todos, tanto para los inmigrantes como para los griegos. Nadie escapa a la reducción de sueldos, la inflación y el aumento de impuestos”.
Mercedes Ortega coincide con María Inés en estos conceptos pero agrega que aunque “todos estamos con problemas”, en la Asociación que preside “no hemos tenido noticias de algún compatriota que la esté pasando realmente mal. La gran mayoría trabajamos por nuestra cuenta o para el sector privado, y lo que sí hay es temor a que las medidas que se tomaron en el sector estatal se trasladen”.
Las medidas de austeridad que el Parlamento aprobó en marzo incluyen un aumento del 19% al 21% del impuesto al valor agregado –que ya fue llevado al 23%-, un incremento de los tributos al combustible, tabaco y alcohol, y fuertes recortes de salarios en el sector público.
Según las proyecciones de la Unidad de Análisis de The Economist, Grecia no volverá a crecer hasta 2012. La contracción del consumo que sigue a todo plan de ajuste no va a ayudar a solucionar la crisis y, para colmo, al estar atada su moneda al concierto continental, no hay posibilidad alguna de devaluación. Si la Argentina de 2001 es un ejemplo, “el ajuste que todos reclaman puede ser la ruta perfecta para la temida cesación de pagos”.
“Acá está hiperinflado todo lo que es estatal, lo que gana un empleado privado en la misma función que un estatal, es mucho menor. Tampoco hay muchas empresas privadas. Además, hay mucha evasión impositiva”, sintetiza Ortega.
La kinesióloga, oriunda de la ciudad de Campana, recuerda que “cuando muchos de nosotros llegamos, no entendíamos bien cómo es que el ‘sueño dorado’ de las familias era que sus hijos fuesen policías o bomberos, y hasta ponían plata en búsqueda de contactos políticos para lograrlo. Nos parecía una cosa traída de los pelos. Si bien ha empezado a llegar algo de dinero, ese ‘Estado Monstruo’ se va a terminar y ahí veremos la verdadera crisis. El costo lo van a pagar los mismos de siempre”.
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Tanto Carti como Ortega admiten que, al igual que ellas, la gran mayoría de los argentinos que residen en Grecia están planeando su regreso a la Argentina. “Antes de irme tengo que terminar mis trámites jubilatorios. El problema es que ahora no se sabe cuándo puede concluirse ese trámite ni cuánto voy a cobrar. Es una de las más graves interrogantes de todos los que estamos en edad de jubilarnos en este momento, ni siquiera desde el Gobierno saben qué va a pasar”, reconoce Carti.
“Vamos a ver que pasa ahora en junio, con las nuevas medidas”, se esperanza Ortega, pero admite que “la tendencia ya está clara, muchos de nosotros vamos a volver. Aunque tenemos grandes amigos y muchos afectos, no nos vamos a quedar. Hay mucha incertidumbre. Grecia no genera confianza, se teme que el Gobierno vuelva a hacer manejos que no correspondan o vuelva a esconder cosas. La descomunal corrupción gubernamental transforma al país en muy poco confiable”.
“Lo lamentable, –reconocen estas compatriotas en conversación telefónica con MDZ- es que lo griegos se durmieron en los laureles. Descansaron en que tuvieron una gran civilización, pero no advirtieron que nada es eterno. Una sociedad se debe ir construyendo en el día a día”.
El crítico presente de España
“Desde hace un par de años que está todo muy difícil. Los trabajos que antes te pedían por favor, ahora no te los dan”, sintetiza sobre la realidad laboral española el mendocino Sergio Pulido.
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Pulido, de 38 años, llegó en soledad a la ciudad de Barcelona en 2006, buscando mejores horizontes para desarrollar su carrera en medios de comunicación, pero aunque señala que “durante los primeros dos años fue facilísimo, hoy voy saltando de un trabajo temporal a otro”.
Según los cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico de España (OCDE), desde el comienzo de la crisis en 2007 se habrá incrementado la cantidad de desocupados a 2.700.000 personas hacia finales de 2010. "Las pérdidas de empleo podrían ser significativamente mayores si no se llevan a cabo vigorosas medidas macroeconómicas", advertía la institución. Hoy, y aún no cumplido ese plazo previsto por los analistas, la realidad es mucho peor y la cifra de desocupados ronda los 4 millones de habitantes.
A mediados de 2008, el catedrático de Estructura Económica y profesor en la Facultad de Economía IQS de la Universitat Ramon Llull, Santiago Niño Becerra, aseguraba que “la crisis empezará a mediados de 2010. En 1993 hubo un problema, se inyectó dinero en forma de crédito y se acabó. En 2000, lo mismo. Ahora no. Aplicamos un manual viejo que ya no funciona. Se han agotado las herramientas que se pusieron en marcha como el hiperconsumismo, el hipercrédito o la hiperdeuda y pasamos a otra película… En 2010 empezará la crisis económica de verdad. Habrá un hundimiento a nivel económico, hasta mediados de 2012. Estamos hablando de una duración de 10 años, similar a la "Gran Depresión" norteamericana de la década de 1930”.
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“Va a haber consecuencias políticas seguro”, considera Pulido y, de acuerdo a cómo ve la realidad española, cree que “al Partido Socialista le va a costar caro esta crisis. Hay mucha corrupción también, pero por lo menos se van destapando algunas ollas. De todas formas, no creo que esto pueda llegar a estar peor”.
Mientras tanto, muchos argentinos residentes en España que están en “el paro” (desempleo) han tenido la posibilidad de acogerse a un beneficioso seguro oficial que al menos permite tener un ingreso, aunque mínimo, para soportar con un poco más de dignidad la falta de trabajo.
Uno de estos casos es el de Érica Romero, una joven mendocina de 27 años y oriunda de la localidad guaymallina de Dorrego, quien hace ya un año que dejó de trabajar en una empresa encuadernadora de libros. “Hacía trabajos para editoriales importantes, la empresa tenía más de 100 empleados y hoy está funcionando a un 30%”, marca Érica.
Hoy casada, con otro mendocino nacido en Las Heras, Érica llegó a España junto a sus padres y tres hermanos en el año 2000, y se instaló en el pueblo de Mollet del Vallés -situado a 20 km de Barcelona-. “Mi padre tenía un restaurant y le iba mal”, recuerda.
Romero señala que los primeros años de su estancia en España mostraban una realidad absolutamente diferente a la que se vive hoy: “Apenas llegamos, todos tuvimos trabajo y muy buenos sueldos. Pero ahora, no hay trabajo para nadie. Se cayó el turismo, la principal fuente de ingresos en Barcelona, y las pocas fábricas están reduciendo personal, cerrando o, directamente, yéndose”.
Esta profunda crisis que afecta al país europeo tiene su origen aproximadamente en 2006, según señala el licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración –y redactor de importantes diarios económicos- Manuel Llamas. “En ese entonces se inició la caída de ventas inmobiliarias y la ralentización de precios”, señala Llamas y ya a mediados del año pasado aseguraba que había arrastrado a más de 300 mil empresas.
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No obstante, y ante este poco prometedor panorama, tanto Sergio Pulido como Érica Romero prefieren quedarse en España y soportar la tormenta.
“He pensado en volver pero no me animo. Representaría volver a la casa de mis viejos, y no quisiera. No por que me lleve mal con ellos sino porque ya estoy grande. Esperaremos algunos meses, a ver qué pasa”, se esperanza Sergio.
En tanto, Érica asegura que “como inmigrante no tengo quejas, nunca sentí rechazo de parte de los españoles ni escuché que alguno de mis hermanos o amigos argentinos les sucediera algo por el estilo. Pero, sentimentalmente, siempre he querido volver, por más que estemos juntos con mi familia. De todas maneras, pero prefiero aguantar. Acá tengo mi casa”.









