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Los problemas hídricos no son potestad de Mendoza

Es notable, la provisión de agua dulce está disminuyendo a nivel mundial, pero en Mendoza esto no es novedad; hace años que las características geofísicas de la provincia son permeables a problemas relacionados con la escasez de agua dulce. Sin embargo, la carencia de agua potable se debe tanto a la falta de inversiones en sistemas de agua como a su mantenimiento inadecuado.

Un informe sobre desarrollo humano de la ONU del año 2006, expresó que la crisis mundial de agua no responde a un problema de escasez sino a “la pobreza, la desigualdad, y las relaciones desiguales de poder”. Cerca del 50% del agua de los sistemas de suministro en los países en desarrollo se pierde por fugas, conexiones ilegales, vandalismo e infraestructura añeja y deficiente.

Es importante recordarlo, ya que hacer horas Celso Jaque firmó el decreto para generar un sistema de seguimiento y asesoramiento por la urgencia hídrica. La emergencia busca la utilización racional del agua potable y la búsqueda de nuevas fuentes de aprovisionamiento.

Los operadores del suministro de agua potable deberán ajustar todos los mecanismos para evitar las fugas y además prevén diseñar sistemas de control y seguimiento con un esquema de sanciones para los usuarios que mal utilicen o malgasten ese vital elemento.

Pero Mendoza no es el único lugar al que le cuesta convivir con este problema: las zonas áridas alrededor del mundo son numerosas y cada vez cada vez es más dificultoso cohabitar con esta dificultad. No depender de lo que la naturaleza quiere dar, a veces es más arduo de lo que parece.

Por caso, en septiembre de este año evaluaron declarar emergencia hídrica en Jujuy por la escasez de agua. El ministro de planificación provincial había expresado que se debía en parte a una situación característica del mes, pero señaló que la empresa de agua de esa provincia debería mejorar su eficiencia.

En sentido similar, en agosto de 2009, Bahía Blanca decretó la emergencia hídrica bajo un estado de alerta amarilla y de años de sequía, lo que provocó una bajada notable en la altura normal del Dique Paso de las Piedras, única fuente de abastecimiento de agua de esa ciudad. Un dato: quedó al descubierto que los caños por donde pasaba el agua de Bahía Blanca eran del año 1906.

San Luis hizo lo suyo en octubre de 2009, por falta de lluvia acompañada de varios incendios forestales. El norte del país y Córdoba acompañó la medida por intensas sequías, a pesar de que la zona norte cuenta con dos grandes ríos que dibujan la región: el Pilcomayo y el Paraguay.

En áreas del os Estados Unidos, China y la India, se está consumiendo agua subterránea con más rapidez de la que se repone, y los niveles hidrostáticos disminuyen constantemente.

La Ciudad de México parece estarse hundiendo literalmente debido a la cantidad de agua extraída debajo de sus cimientos. Una de las ciudades más pobladas del mundo solía ser una fértil tierra de lagos; sin embargo, en los últimos 500 años, los lagos han sido drenados. No hay sistema de desagüe adecuado y el agua de lluvia se mezcla con residuos, por lo que sólo se la utiliza para la irrigación. Se estima que un 40% del agua de la ciudad se perderá por las filtraciones en alcantarillados que fueron construidos a principios de siglo.

La región que comprende a Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, está caracterizada por ser una zona árida. La región es muy débil y afronta serios problemas de desertización causada por el sobre pastoreo y la agricultura intensiva.

Más de la mitad de las ciudades europeas explotan el agua subterránea en forma insostenible, -aunque la cultura de concientización sobre el uso de agua es mucho mayor que la latina ya que se estima que en la Argentina se consume el doble de agua que en Europa- la escasez de agua está afectando ya a 4,5 millones de personas en Cataluña. En la actualidad las autoridades presionan para que se construya un acueducto que desvíe las aguas del río Ródano en Francia, hacia Barcelona.

Australia es el continente más seco del mundo. Durante años se buscó la posibilidad de revertir el flujo de los ríos costeros hacia el interior del territorio, pero sólo sumó fracasos.

La situación parece repetirse en varios lugares del mundo. Los castigos de la naturaleza sumados a una infraestructura hídrica penosa obligarán tarde o temprano a implementar medios que se adecúen a un árido futuro en el que Mendoza no parece ser la excepción.