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Sandro. El fuego eterno

El periodista Mariano del Mazo ahonda en la historia de Sandro, una de las figuras más fascinantes y genuinas de la cultura popular argentina, y logra una biografía atrapante. El relato de una fantasía perfecta.

Sandro. El fuego eterno, de Mariano del Mazo. Buenos Aires, Aguilar, 216 páginas. $35

¿Qué extraña parábola ocurrió para que un chico de un inquilinato de Valetín Alsina tuviera a los 22 años a América bajo la suela de sus zapatos? ¿Qué clase de invención es la de ese galán erótico y crepuscular que seduce en un escenario conectado a tubos de oxígeno? ¿Qué es lo que alimenta la libido de esas señoras maduras que blindaron un ejército leal alrededor del ídolo? ¿Cuál es la máscara, la de Sandro o la de Roberto Sánchez?

Estas y otras tantas son las preguntas que llevaron a Mariano del Mazo a ahondar en la historia de Sandro, una de las más fascinantes y genuinas de la cultura popular argentina.

Sandro, el fuego eterno es, finalmente, uno de los tantos pedazos del espejo roto de un hechicero genial. El relato de una fantasía perfecta.

El fuego eterno

La intimidad del artista que hizo de la privacidad una de sus banderas es uno de los ejes de la biografía Sandro. El fuego eterno, del periodista Mariano del Mazo, quien hace un minucioso repaso de la vida y trayectoria del cantante, tomando distancia del ídolo para fundir a la persona y al personaje.

En el libro, editado por Aguilar, Del Mazo hace un repaso de la vida del cantante nacido en el barrio de Valentín Alsina, en el conurbano bonaerense, en un conventillo donde se compartía todo: hasta la pobreza. Su fuerte relación con su madre Nina, el éxito a nivel local e internacional, sus "nenas" y la reclusión en la mítica casa de Banfield.

"Cuando tengo jean me comporto como si tuviera un smoking, cuando me pongo un smoking, me comporto como si tuviera un jean", con esta frase del cantante comienza el libro, ya que a juicio del autor "es quizás la que mejor describa a Sandro".

"Siempre me interesó el personaje", disparó Del Mazo y explicó que trató de armar un texto ágil, reflexivo y con mucha información sobre el cantante que fue furor en los años '60 y '70.

Anécdotas y datos

El libro incluye anécdotas relatadas por el mismo cantante, amigos como Héctor Larrea y Pipo Mancera, y datos que colocan al lector en el entorno sociocultural en el que desarrolló su carrera y en el que emergió como un verdadero ídolo de la canción.

De manera cronológica desfilan los momentos claves de su vida a partir de su origen humilde, la relación con sus padres, sus primeros pasos en la música a cambio de un sandwich y una cerveza, su debut como letrista con “Comiendo rosquitas” alrededor de Puente Alsina, hasta el arribo al programa Sábados circulares con el grupo Los del Fuego donde de inmediato conquistó el corazón del público.

"Con la primera `guita' grande hice desastres. Estacionaba el auto sport de no sé cuantos miles de dólares en la puerta de la casa de Valentín Alsina y después me compré seis autos más. Un estúpido... Lo mejor que hice fue cambiar uno de los autos para sacar a mis viejos del conventillo y comprar una casa en Lanús", confesó el propio Sandro.

Su propia historia

En forma de cortos capítulos, aparece Sandro contando su historia, intercalado con el análisis pormenorizado del biógrafo, acerca de las distintas etapas seguidas por el cantante y las razones por las que en el corazón de sus fans continúa siendo un ídolo.

"¿A esto le llamas amor? , de Paul Anka, fue el primer simple que grabó Sandro, antes de ser Sandro de América. De ahí no dejó nunca de estar vigente. Actuó en cine, televisión y teatro. Mutó y hasta actuó a sala llena con un respirador escondido en el micrófono y una rosa que lo ayudaba con su enfisema pulmonar.

"Me interesó contar también como en la década del '90 atraviesa una reconversión por la cual pasa de ser un artista `mersa', para un cierto público, a ser ovacionado en el teatro porteño Gran Rex y batir récords de venta de entradas, además de ser tentado por productores como Mario Pergolini y Adrián Suar a los cuales rechazó. En ese sentido tiene una coherencia increíble que no tuvieron muchos de sus colegas", reflexionó el periodista.

"No pertenezco a su generación, pero invito a todas las personas que quieran conocer el fenómeno de Sandro que googleen canciones como Trigal, Mi amigo el puma o Rosa, Rosa para que sepan el pedazo de artista que es", opinó.

"El tipo nunca perdió el anclaje humano de su profesión. No hay un parangón, pero se lo podría comparar quizás con Luis Miguel en su momento de mayor éxito, o Ricky Martin, y sin embargo, mantuvo algunas cuestiones que hacen al ídolo como su pequeño entorno o su relación con las mujeres".

La pasión no decae

Del Mazo explicó que "con las `nenas´de Sandro hay que hacer un paralelismo con las chicas de la beatlemanía, aunque las seguidoras del autor de Quiero llenarme de ti, se multiplican y con los años no han perdido la pasión por su ídolo, una pasión que pasa de generación en generación.

"Esa complejidad de fans, máscaras, vértigo, sosiego y desesperación determina una de las historias más apasionantes y genuinas de la cultura popular argentina. Esa complejidad es una alegoría de la movilidad social, el sueño americano amasado en Valentín Alsina. El Deseo colectivo (...). Esa complejidad, finalmente, define las aristas afiladas, nunca ingenuas, de un artista total", resumió Del Mazo en el libro.

En esta biografía, el periodista incorpora la discografía oficial, la filmografía y una cronología año por año desde el nacimiento del artista, a la par de señalar los principales hechos acontecidos a nivel local e internacional.

La historia también recoge su lucha de los últimos años, durante los cuales su salud empeoró y  luego de superar transplante de corazón y de pulmones, falleció ayer a causa de una infección.