Aislado por gripe A: historia de un mendocino que espera el resultado de sus análisis
Contando las horas, minutos y segundos a la espera del llamado telefónico que confirme o no si padece gripe A, Fernando Ferri ameniza la soledad de su aislamiento domiciliario.
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Fernando tiene 25 años, estuvo en Buenos Aires el fin de semana pasado y al regresar comenzó a sentir un malestar general, parecía una gripe común. Los dolores articulares, pesadez, y cansancio; pero su elevada temperatura corporal encendieron la luz de alerta que lo llevó buscar una consulta profesional para deslindar dudas.
Así fue como llegó al hospital Luis Lagomaggiore, en realidad no esperaba escuchar lo que le informaron, los profesionales le dijeron que podía padecer gripe A.
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La verdad es que este joven no esperaba ésto, y es que “generalmente, uno piensa que nunca le va a pasar”, afirmó Fernando a MDZ.
Así fue que desde el martes pasado está cumpliendo con el aislamiento de diez días previsto por el procedimiento exigido por las autoridades sanitarias, mientras es tratado con la medicación correspondiente para evitar las tan temidas complicaciones de esta nueva influenza.
Aunque la fiebre, que llegó a picos cercanos a los 40 grados, está bajando lentamente, en el comienzo del segundo día de aislamiento su ánimo, y por consiguiente el de todo su entorno familiar, dio un vuelco rotundo. “Las primeras horas fueron de mucha preocupación y tensión. Si bien no soy conciente de todo lo que pasó, porque la fiebre no me permitía prestar demasiada atención, el hecho de prepararnos para vivir este aislamiento fue un tanto complicado. Pero ahora, está todo controlado y en espera de la recuperación”, admite.
La única visita que recibe es la de su madre, quien provista de guantes de látex y barbijo ingresa a la habitación sólo para airearla, desinfectar y dejarle la comida de todos los días y un penetrante olor a lavandina.
Una computadora y la ventana, por la que observa cómo su perro le mueve la cola, se transformaron en el acotado contacto que este joven tiene con el mundo exterior. “Tendré que acostumbrarme a estar entre estas cuatro paredes”, se impone con cierto dejo de resignación.
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Conciente, además, de la crisis por la que atraviesa el sistema de Salud de la provincia reconoce que ese fue el motivo por el que no fue al hospital Lencinas para ser asistido. Asegura que en el Lagomaggiore pudo constatar las serias falencias de infraestructura e insumos con que debe sortear su tarea el personal sanitario, a quienes pretende reivindicar por la celeridad y dedicación con que lo atendieron.
“Me sorprendió mucho el trabajo del personal del Lagomaggiore. Generalmente cuando uno va a un lugar público para que lo atiendan va con la idea de una larga espera o de encontrarse con mucha burocracia. Pero, la verdad es que me atendieron rapidísimo. Llegué a la guardia, me llevaron a un lugar especial, me hicieron unos estudios, me entregaron los medicamentos y las indicaciones y en una hora y media ya estaba en mi casa”, resume Fernando Ferri, uno de los tantos sospechosos mendocinos de contagio de gripe A.