Félix Luna y el papel del intelectual en la Argentina
Nos ha dejado Félix Luna. Se fue con su pasión por la historia, con su curiosidad desbordante, con amor por la cultura, la identidad y la vida. Y también, con sus valores y sus sueños.
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La principal característica de sus escritos era la búsqueda del equilibrio y del alma humana. Desde su punto de vista, era importante tener en cuenta al hombre que estaba protagonizando la historia, con sus pasiones, sus debilidades, sus ambiciones.
Además, don Félix tuvo una notable intuición para identificar y explicar procesos muy complejos de la historia nacional. Paralelamente, fue un precursor de campos del conocimiento. Puso muchos temas en foco antes que la comunidad académica los incorporara dentro de sus intereses. Tanto en sus libros como en la revista Todo es Historia, Félix Luna se interesó de rescatar temas originales que luego tendrían gran proyección; por ejemplo, podemos mencionar la cultura material, las comidas, la vida privada, las emociones, los actores sociales subordinados y las historias regionales.
Cuando se realiza una investigacion sobre temas nuevos, siempre hay que repasar los índices de Todo es Historia; y casi siempre aparecen algunos artículos interesantes, mucho antes que las nuevas corrientes instalaran esos problemas en el centro de interés académico.
Cuando se realiza una investigacion sobre temas nuevos, siempre hay que repasar los índices de Todo es Historia; y casi siempre aparecen algunos artículos interesantes, mucho antes que las nuevas corrientes instalaran esos problemas en el centro de interés académico.
Hemos perdido una de las más fecundas plumas argentinas del siglo XX. Basta observar la cantidad de obras elaboradas por Félix Luna para advertir su notable capacidad de trabajo. Pero ahora me parece más adecuado reflexionar sobre su legado dentro de la comunidad intelectual argentina.
Si comparamos la situación Argentina de 1910 con la de 2010, se nota un cambio notable, particularmente en el contexto internacional. ¿Qué lugar ocupaba la Argentina en el mundo hace cien años? ¿Qué lugar ocupa ahora? ¿Cómo percibía el mundo a la Argentina en 1910? ¿Cómo la percibe ahora?
Vamos a mencionar un solo indicador: la Argentina de 1910 era considerada uno de los diez mejores países del mundo para vivir; y por eso, 6,5 millones de europeos vinieron como inmigrantes a estas tierras. Todos querían venir a la Argentina. Era una utopía, un sueño.
Cien años después, la situación es igual, pero al revés. Ningún europeo piensa en venirse a vivir a la Argentina; al contrario, muchos argentinos sueñan con regresar a Europa, volviendo tras los pasos de sus abuelos. Ya hay 3 millones de argentinos viviendo en el exterior. Y nada hace pensar que esta tendencia se revierta, al menos en el corto plazo.
Dentro de este fracaso general del país, ¿Cuál es la causa principal? Y dentro de ella ¿Cuál ha sido el papel de los intelectuales?
Evidentemente, la comunidad intelectual ha sido coparticipe y corresponsable de este fracaso. Y todavía no ha hecho su autocrítica. Se sigue pensando, escribiendo y teorizando igual, como si nada pasara. Nadie se hace cargo de nada. En este proceso, ¿qué rol cabe a Félix Luna?
En primer lugar, vamos a destacar un punto: el principal motivo de la asombrosa decadencia argentina se encuentra en el fracaso de sus instituciones. La Argentina ha sido un caos institucional, desde 1930 en adelante. Osciló entre el autoritarismo burocrático y el populismo, con todas sus expresiones ideológicas (izquierda o derecha). Pero se mantuvo esencialmente dentro de esos modelos. Y frente a esas catastróficas experiencias, la intelectualidad nacional aportó muy poco. Es notable, por ejemplo, la actitud de muchos intelectuales en el sentido de adular a los líderes populistas. Actualmente, tenemos el caso de muchos de los intelectuales agrupados en Carta Abierta.
Pocos, muy pocos han sido capaces de advertir sobre las consecuencias que, a largo plazo, causaría esa forma de hacer política. Hubo mucho silencio entre los intelectuales, que no lograron expresar con claridad que en ningún país del mundo se ha logrado reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo económico, en el largo plazo, con el modelo populista. Y esa complicidad de los intelectuales con el populismo, facilitó el debilitamiento de las instituciones, que es la característica principal del populismo.
En este sentido, tenemos que situar la trayectoria de Félix Luna. Porque fue uno de los pocos que mantuvo una actitud coherente en el sentido de destacar la importancia de las instituciones republicanas para el futuro del país. Una y otra vez, el gran “Falucho” puso énfasis en la necesidad de observar esos detalles; en la importancia de los aspectos procedimentales de la democracia. En lo decisivo que era cuidar, primorosamente, los mecanismos institucionales como medio indispensable para contar con reglas de juego claras e iguales para todos.
Junto con el valor de las instituciones, Félix Luna rescató la importancia de los estadistas que crean clima de inversión y negocios; que promueven el desarrollo económico de la Argentina mediante un entendimiento entre el Estado y las empresas. Y ello se nota, por ejemplo, en su libro Soy Roca.
En general, los intelectuales argentinos del siglo XX, sobre todo de 1930 en adelante, han demonizado la figura de la generación del 80 en general y del presidente Roca en particular. De acuerdo a la visión dominante en el mundo académico, la Generación del 80 representa a la oligarquía, y nada se puede rescatar al respecto. Ese discurso se ha repetido una y otra vez en las aulas universitarias, en los libros y manuales escolares y en otras expresiones culturales, como el cine.
Rompiendo con esas tendencias, Félix Luna escribió Soy Roca, para marcar una ruptura extraordinaria con los enfoques “académicos” dominantes. Podemos hacer muchas críticas a ese libro, sobre todo porque nos hubiera gustado más archivo, más documentación y más profundidad. El fondo Roca del Archivo General de la Nación es muy rico en documentos originales inéditos, y permitiría elaborar historias apasionantes de esa época. De todos modos, ahora lo importante, es otra cosa: el espíritu que Félix Luna entregó en ese libro.
Esa obra tiene un gran mérito, en el sentido de pensar como se piensa en los países desarrollados: para salir de la pobreza, hay que generar riqueza; y en ello, es fundamental que el Estado garantice un piso de calidad institucional para que se realicen inversiones e innovaciones. El desarrollo de los emprendedores y la cultura de la generación de riqueza es esencial. Roca lo entendió así y por eso, logró impulsar un paìs pobre y ponerlo entre los más ricos del mundo; un país deshabitado, lo transformó en una tierra prometida para millones de inmigrantes. Para dar un ejemplo: en ese ciclo histórico, Argentina construyó 40.000 km de ferrocarriles, que eran le medio de transporte más eficiente del mundo. Se nota un leve contraste con la gestión de los últimos seis años de la Argentina, donde se ha prometido construir el tren bala, el ferrocarril trasandino, el Pehuenche, la ruta 40, Portezuelo del Viento y varias obras más…. Con los resultados exactamente opuestos a los que logró Roca…
En los últimos 80 años, los gobernantes e intelectuales argentinos han perdido esa capacidad que en su momento, el país tuvo. Se han olvidado de la fecundidad del triangulo entre el Estado, la ciencia y la empresa, para generar riqueza. Han trabajado en el sentido exactamente opuesto: peleas y conflictos interminables para ver quien manda, quien tiene la última palabra y quien impone su voluntad a los demás. Y como resultado, perdimos todos.
Creo que es tiempo de volver a mirar el país; reconciliarnos con nosotros mismos y con la historia. Y las obras de Felix Luna nos pueden ayudar mucho para ello.
Vamos a mencionar un solo indicador: la Argentina de 1910 era considerada uno de los diez mejores países del mundo para vivir; y por eso, 6,5 millones de europeos vinieron como inmigrantes a estas tierras. Todos querían venir a la Argentina. Era una utopía, un sueño.
Cien años después, la situación es igual, pero al revés. Ningún europeo piensa en venirse a vivir a la Argentina; al contrario, muchos argentinos sueñan con regresar a Europa, volviendo tras los pasos de sus abuelos. Ya hay 3 millones de argentinos viviendo en el exterior. Y nada hace pensar que esta tendencia se revierta, al menos en el corto plazo.
Dentro de este fracaso general del país, ¿Cuál es la causa principal? Y dentro de ella ¿Cuál ha sido el papel de los intelectuales?
Evidentemente, la comunidad intelectual ha sido coparticipe y corresponsable de este fracaso. Y todavía no ha hecho su autocrítica. Se sigue pensando, escribiendo y teorizando igual, como si nada pasara. Nadie se hace cargo de nada. En este proceso, ¿qué rol cabe a Félix Luna?
En primer lugar, vamos a destacar un punto: el principal motivo de la asombrosa decadencia argentina se encuentra en el fracaso de sus instituciones. La Argentina ha sido un caos institucional, desde 1930 en adelante. Osciló entre el autoritarismo burocrático y el populismo, con todas sus expresiones ideológicas (izquierda o derecha). Pero se mantuvo esencialmente dentro de esos modelos. Y frente a esas catastróficas experiencias, la intelectualidad nacional aportó muy poco. Es notable, por ejemplo, la actitud de muchos intelectuales en el sentido de adular a los líderes populistas. Actualmente, tenemos el caso de muchos de los intelectuales agrupados en Carta Abierta.
Pocos, muy pocos han sido capaces de advertir sobre las consecuencias que, a largo plazo, causaría esa forma de hacer política. Hubo mucho silencio entre los intelectuales, que no lograron expresar con claridad que en ningún país del mundo se ha logrado reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo económico, en el largo plazo, con el modelo populista. Y esa complicidad de los intelectuales con el populismo, facilitó el debilitamiento de las instituciones, que es la característica principal del populismo.
En este sentido, tenemos que situar la trayectoria de Félix Luna. Porque fue uno de los pocos que mantuvo una actitud coherente en el sentido de destacar la importancia de las instituciones republicanas para el futuro del país. Una y otra vez, el gran “Falucho” puso énfasis en la necesidad de observar esos detalles; en la importancia de los aspectos procedimentales de la democracia. En lo decisivo que era cuidar, primorosamente, los mecanismos institucionales como medio indispensable para contar con reglas de juego claras e iguales para todos.
Junto con el valor de las instituciones, Félix Luna rescató la importancia de los estadistas que crean clima de inversión y negocios; que promueven el desarrollo económico de la Argentina mediante un entendimiento entre el Estado y las empresas. Y ello se nota, por ejemplo, en su libro Soy Roca.
En general, los intelectuales argentinos del siglo XX, sobre todo de 1930 en adelante, han demonizado la figura de la generación del 80 en general y del presidente Roca en particular. De acuerdo a la visión dominante en el mundo académico, la Generación del 80 representa a la oligarquía, y nada se puede rescatar al respecto. Ese discurso se ha repetido una y otra vez en las aulas universitarias, en los libros y manuales escolares y en otras expresiones culturales, como el cine.
Rompiendo con esas tendencias, Félix Luna escribió Soy Roca, para marcar una ruptura extraordinaria con los enfoques “académicos” dominantes. Podemos hacer muchas críticas a ese libro, sobre todo porque nos hubiera gustado más archivo, más documentación y más profundidad. El fondo Roca del Archivo General de la Nación es muy rico en documentos originales inéditos, y permitiría elaborar historias apasionantes de esa época. De todos modos, ahora lo importante, es otra cosa: el espíritu que Félix Luna entregó en ese libro.
Esa obra tiene un gran mérito, en el sentido de pensar como se piensa en los países desarrollados: para salir de la pobreza, hay que generar riqueza; y en ello, es fundamental que el Estado garantice un piso de calidad institucional para que se realicen inversiones e innovaciones. El desarrollo de los emprendedores y la cultura de la generación de riqueza es esencial. Roca lo entendió así y por eso, logró impulsar un paìs pobre y ponerlo entre los más ricos del mundo; un país deshabitado, lo transformó en una tierra prometida para millones de inmigrantes. Para dar un ejemplo: en ese ciclo histórico, Argentina construyó 40.000 km de ferrocarriles, que eran le medio de transporte más eficiente del mundo. Se nota un leve contraste con la gestión de los últimos seis años de la Argentina, donde se ha prometido construir el tren bala, el ferrocarril trasandino, el Pehuenche, la ruta 40, Portezuelo del Viento y varias obras más…. Con los resultados exactamente opuestos a los que logró Roca…
En los últimos 80 años, los gobernantes e intelectuales argentinos han perdido esa capacidad que en su momento, el país tuvo. Se han olvidado de la fecundidad del triangulo entre el Estado, la ciencia y la empresa, para generar riqueza. Han trabajado en el sentido exactamente opuesto: peleas y conflictos interminables para ver quien manda, quien tiene la última palabra y quien impone su voluntad a los demás. Y como resultado, perdimos todos.
Creo que es tiempo de volver a mirar el país; reconciliarnos con nosotros mismos y con la historia. Y las obras de Felix Luna nos pueden ayudar mucho para ello.

