Escándalo judicial y policial: así "esclarecen" crímenes en Mendoza
La versión del “arrepentido”
Ricardo Andrés Ferreyra Ervidia tiene 34 y varios antecedentes por robo agravado en su contra. En agosto de este año fue detenido en Tunuyán por el robo a una peluquería en Luján de Cuyo; una causa que también fue instruida por el fiscal Fernando Giunta.
Desde ese momento, entre Ferreyra Ervidia y los efectivos de Investigaciones que lo arrestaron, habría comenzado a gestarse una relación irregular. Los policías lo visitaron mientras estuvo alojado en la Oficina Fiscal 11 y le sugirieron que debía colaborar con ellos para hacer caer a un tal “Gordo Milton”. En otras palabras, pizza y frazadas mediante como cortesía, le sugirieron que su futuro podía tener otro color si decidía convertirse en informante policial y en ejecutor de algunos asaltos importantes planeados por policías.
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El 9 de noviembre, tres días después de recuperar la libertad por no haber sido señalado en cuatro rondas de reconocimiento, Ferreyra Ervidia recibió una visita en la casa de sus padres. Era el mismo policía que lo había detenido; esta vez, acompañado por un informante conocido como “Richard” Acosta.
Le dijeron que el fiscal Fernando Giunta quería hablar con él; que lo necesitaban y que, si colaboraba, ellos también lo ayudarían con sus causas pendientes.
El video
Ferreyra Ervidia fue llevado al sitio donde se cree que Marcos Cardozo cayó al agua. Allí le hicieron un resumen del caso y le dijeron que tenía que testificar que había visto todo. Una vez de regreso a la Oficina Fiscal 11, fue recibido por el fiscal Giunta.
Entre abrazos y saludos cordiales, Giunta le recordó su situación procesal. Le advirtió que era investigado en siete causas y que, si firmaba la declaración que ya había sido escrita y apuntaba al principal sospechoso –un tal “Pañalín”-, podría acelerar su sobreseimiento, además de cobrar dinero en concepto de recompensa.
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Giunta es un fiscal joven, con pocos años de experiencia, que no duda en declarar que su objetivo es llegar a la Fiscalía de Delitos Complejos, y que para eso debe resolver la mayor cantidad de casos necesarios. Y si se trata de hechos que tuvieron repercusión pública, mejor. Por eso procuró ligar su imagen con la de Carlos Ciurca; para, de esa manera, conseguir simpatía política en la búsqueda de su anhelado ascenso.
En su defensa, Giunta se desligó de lo aparece en los videos y dijo que "no sé qué pudieron haber hecho los policías. Mis auxiliares ya declararon".
Luego de firmar la declaración falsa (ver Notas Relacionadas), Ferreyra Ervidia comprendió que no se trataba sólo de un apriete policial. Llamó a su abogado y le contó lo sucedido. Afirmó que, tal como se habían presentado los hechos, parecía condenado a muerte. Si no aceptaba, lo mandarían a la cárcel nuevamente, pero esta vez como “buchón” de la policía, y las represalias serían cuestión de horas. Si aceptaba, además de convertirse en informante, debería participar en atracos planificados por la policía (alguno de ellos, descritos en uno de los videos)
La primera alternativa que se tuvo en cuenta fue filmar un video con un escribano presente y redactar a mano toda su historia para convertir esos documentos en una suerte de póliza de seguro. Eso sucedió el 19 de noviembre.
El segundo paso fue llevar al caso a la Justicia Federal. Como a Ferreyra Ervidia también le habían ofrecido participar en transacciones de venta de droga, era la excusa perfecta para que la causa después siguiera su rumbo en ese fuero.
Declaró ante la fiscal María Alejandra Obregón y hasta se ofreció a que “pincharan” su celular para demostrar que no mentía. Por alguna razón, en la Justicia Federal se declararon incompetentes y decidieron remitir la causa a la justicia mendocina, donde, por turno, fue a parar a la fiscalía de Delitos Complejos de Eduardo Martearena.
Actualmente, nadie sabe dónde está Ferreyra Ervidia. Lo vieron por última vez el sábado, cuando pasó a buscar a su esposa y a sus hijos y desapareció.
Video 1
Video 2




