Alicia y sus cien años de historia mendocina
“Culta, aristócrata y progresista; tolerada pero no querida por su grupo de pertenencia”. Con esta contundencia, la historiadora María Cristina Satlari decidió iniciar su biografía sobre Alicia Rouquaud de Lemos, la humanista, docente, escritora y activista del feminismo mendocino que este 5 de septiembre cumpliría 100 años.
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“Leo de todo -me dijo alguna vez- y trato de leer todavía más; los diarios, los libros que van saliendo, los viejos recortes...Pero el doctor me lo ha prohibido...así que no se lo digas a nadie”. Alicia falleció en abril de este año, pegada a sus libros y papeles, a pesar de que la capacidad de sus ojos para seguir leyendo no acompañaba a sus ansias por leer y escribir.
Dejó su libro de cuentos “Los buenos también matan”, editado en los viejos talleres del diario en 1973, como testimonio de su capacidad literaria. Pero también, un camino marcado por acontecimientos que la tuvieron como protagonista.
Diez años atrás, en ocasión de su cumpleaños número 90, lo celebró de la mejor manera que lo podía hacer: escribiendo, como lo hacía desde niña en Tupungato. Fue cuando empezó a colaborar con la humilde pero pretenciosa hoja de cultura “El Comunero” con textos inéditos y promesas de nuevos libros. “La mujer de los tituló aquel folleto el 5 de septiembre de 1998 su incorporación al staff del periódico de la ilustre vecina de la calle Barcala, en Guaymallén.
Allí fue donde Satlari también reflejó sus impresiones sobre Roauquaud: “puede ser uno de los modelos de la mujer mendocina de los tres primeros cuartos del siglo .
La descendiente
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En “El Comunero”, el autor de esta nota escribió, hace 10 años, con ella en vida y como destinataria del homenaje: Su prosapia -con perdón de ella misma- no le impidió ser protagonista de movimientos que buscaban romper con el conservadurismo de las tradiciones comunes de las “familias bien”.
La lucha en Argentina fue destacada por don Angel Bustelo: “Esa fue la tarea más brillante de Alicia Rouquaud”, dijo. Mientras que su aporte a las reformas educativas de las que su esposo, el pedagogo Néstor Lemos, fue impulsor desde la escuela Nueva Era, han sido valoradas por la introducción del desarrollo del juicio crítico y la participación del alumno en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Alicia Rouquaud contó su historia, no sin pudor. “Los orígenes de mi familia se remontan hasta el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento. Mi madre, Angélica Jardel Otálora era descendiente del Gral. Soler. Su padre, Ernesto Rouquaud, se codeó con Rubén Darío y Florencio Sánchez, y participó del mitín del Frontón Florida que dio origen en lo que hoy es Radical”.
Rouquaud, según recordó Satlari en el libro “Guaymallén, historia y perspectivas” editado en 1998 por el diario UNO, compartió la prisión con Hipólito Yrigoyen.
La obsequiadora
Muchos la recuerdan por sus regalos. Roauquaud no se perdía, aun después de sus 90 años, ninguna presentación de libro.
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daban cuenta del peso de su contenido: poesías, textos escogidos de ella, su esposo Néstor Lemos o de sus escritores preferidos y unas curiosas tarjetas. “Una sonrisa no cuesta nada…¡Y vale tanto!” decía una de ellas, redactada por la escritora e impresa con dinero de su propio bolsillo. “Es el regalo más barato…¡Lástima que tan pocos lo sepan! Sonría…Ud. será el primer beneficiado. Se lo aconseja: A.R. de L.” puede leerse en una de ellas. (Ver copia).
Una poesía: "Mata de jarilla"
Alicia Rouquaud de Lemos dejó un cuento y una poesía con el mismo título. Pero también, un libro inédito. Su obsesión era ver publicada la historia en la que reflejó su amor por la naturaleza. "Yo soy ecologista desde antes que inventara el término", decía y recordaba sus siestas bajo la sombra de los jarillales, en Tupungato, durante su rebeldía adolescente en la que desatendía los retos de sus padres y se retiraba a un arrollo cercano a pensar y escribir.
Mata de jarilla
lumbre de mis campos,
risas en el rancho...
El horno caldeado,
el pan en la mesa.
Mata de jarilla
con tus mil raíces
clavada a la tierra.
A esta tierra tuya
-desiertos, arena-
que más que la vida,
Mata de jarilla,
el dolor te ofrenda.
Te canto por pobre,
te quiero por buena.
Te canto por recia,
te quiero por india.
¡Mata de jarilla,
verdor de mi tierra!