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"Yo no quiero justicia, sé que no existe"

Silvia González, la mamá del bebé violado y asesinado en Lavalle, no encuentra palabras para describir su dolor.No cree que el caso de su hijo se pueda esclarecer. Ella y su marido aseguran que la policía se negó a colaborar en la búsqueda del chico. Votá la encuesta.

La palabra dolor no es suficiente para describir los rostros de Ceferino Ciraudo y Silvia González, los padres de Román, el bebé que anoche hallaron violado y muerto en el interior de una casa abandonada de la ciudad de Lavalle.

La ciudad entera se levantó hoy con otra fisonomía. Es que ya no es sólo el pueblo tranquilo y de buenos vecinos que se conocen y se respetan. Lavalle alberga desde anoche a dos asesinos y violadores, que se escaparon dejando el cuerpo sin vida de Román, de apenas un año y medio de edad, desnucado, y violado dentro de una vivienda en ruinas.

La madre no quiere explicaciones. No las busca, porque sabe que nadie va a ser capaz de dárselas nunca más. Ni la policía del lugar, que ayer se negó a colaborar con la búsqueda del bebé, aduciendo falta de personal y de móviles en condiciones, aunque en la plaza departamental dos autos de la seccional se encontraban estacionados sin estar cumpliendo ninguna función específica, tampoco la Justicia, en la que no cree.

“Yo no pido justicia, porque sé que la justicia no existe. Lo único que le pido a la policía, que la próxima vez que una mujer llegue llorando a pedir ayuda, hagan algo, y no se queden mirándola, como me pasó a mi”. Las palabras de Silvia se mezclan con sollozos y culpas por las que nadie responde.

Lo cierto, la verdad descarnada, es que Román está muerto, desde anoche a las diez. Que una hora antes de morir, estaba jugando en la plaza departamental, en donde su mamá y su papá venden artesanías, con su hermanita de cinco años. Que fueron unos instantes los que bastaron para que se desatara la tragedia. Que tres hombres se lo llevaron, lo mataron de un golpe en la nuca. Que dos escaparon y el tercero, un menor de diecisiete años, está preso, porque lo encontraron in fraganti.

“Yo le pregunté al policía que lo encontró, qué es lo que tiene esa persona en la cabeza. Qué le puede pasar por la cabeza a un hombre que hace una cosa así a mi hijito, que tenía los ojos más bellos del mundo. Hasta ahora,  nadie me contestó nada”

El silencio parece ser la modalidad con la que trabaja la policía desde que el chico desapareció en la plaza, cerca de las nueve de la noche.

En primer lugar, les dijeron a los padres que no aceptaban la denuncia porque todavía era muy pronto, que el niño aparecería sólo. Luego, y debido a que un vecino dio aviso del intento de robo de un vehículo, en la intersección de las calles Necochea y Uruguay, llegaron hasta la casa abandonada y dieron con el macabro hallazgo.

El inconveniente con la recepción de la denuncia, tiene que ver con qué, según explicó el comisario Darío Agüero, la comisaría de Lavalle cuenta con una oficina fiscal, la número 7, pero los fines de semana no funciona. Entonces, las denuncias son tomadas por la oficina fiscal número 6, que corresponde a la Comisaría 36, de Las Heras. Este es el procedimiento burocrático que una persona debe seguir, en caso de ser víctima de un delito, en la comuna lavallina durante un sábado y domingo.

Pero Ceferino, Silvia y los parientes del bebé asesinado, no podían esperar a cumplir con estas formalidades. Salieron a buscarlo junto con los vecinos, amigos, y los demás artesanos de la plaza. Aunque finalmente,  fueron los últimos en enterarse de lo que había ocurrido con el bebé, porque nadie se animaba a comunicárselo.

En cambio, si se encargaron de preguntarle a ambos, si querían y cuidaban al chico, si les importaba su vida. “Nueve meses me pasé cuidando a Román, porque cuando nació estuvo mal, ¿y ahora se atreven a preguntarme si lo quería?”, contó la madre en medio de una crisis de angustia.

Los únicos testigos que pudieron aportar datos a la investigación, fueron un menor, que dijo haber visto entrar a los tres hombres al baldío, llevando lo que parecía ser un bulto y un hombre que vive en la casa contigua al lugar en el que ocurrió el hecho, que se comunicó con la policía porque escuchó ruidos en la vivienda en ruinas y se percató de que alguien se estaba llevando una camioneta. Al parecer, el vehículo iba a ser utilizado para trasladar y desaparecer el cuerpo del chiquito.

La desidia con la que, según los padres se manejó la policía, quedó reflejada en la hora en la que ingresó la denuncia: pasadas las dos de la mañana. La madre apuntó al respecto, "es que recién a esa hora se dignaron a prestarme atención".