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Calle General Paz: radiografía de una zona liberada
Son algunas cuadras en Capital, donde el accionar de punguistas, arrebatadores y vendedores de artículos robados goza de la mirada ciega de los policías. Crónica de un cotidiano contratiempo de los mendocinos.
Las horas pico en calle General Paz, entre Patricias Mendocinas y 9 de Julio, convierten a esas cuadras en una zona del todo vale, donde no siempre el uniforme azul es sinónimo de seguridad. Durante los últimos meses se detectaron movimientos extraños entre los policías que suelen prestar servicio de custodia en las puertas de los mercados persas y sus inmediaciones.
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Los efectivos aparecen y desaparecen de escena con la misma frecuencia en que entran en acción punguistas, arrebatadores, carteristas y sujetos extraños que ofrecen electrodomésticos por módicos precios.
Un misterioso hombre gordo, de camisa, algo transpirado y de voz ronca susurra que por menos de 500 pesos “te consigo una ‘nobu’ (fonética aplicada para referirse a una notebook o computador portátil)”. Está claro que si la transacción debe hacerse en un acto poco transparente, es porque el objeto no es más que uno de los tantos elementos robados en uno de los miles de robos ocurridos en Mendoza durante los últimos años.
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Un paneo general de ese cuadro mostrará que el dudoso vendedor comenzó a actuar un segundo después de que el policía de guardia se alejó de la puerta. Y con la misma sincronización se esconderá de la vista de los transeúntes cuando el uniformado regrese a su puesto.
Por algún motivo secreto, es imposible encontrar al policía en cuestión para denunciar lo que está sucediendo. No estará allí cuando la oferta se haga pública y regresará a su puesto sólo cuando ya no haya chance de identificar al sospechoso.
La imagen se repite con un grupito de adolescentes que se mueve de un lado al otro por esas cuadras y cada tanto cruza alguna mirada con el efectivo. Se trata de una bandita de ladronzuelos a la caza de desprevenidos; son capaces hurgar en tiempo récord bolsos, mochilas y bolsillos ajenos. Cada tanto, alguna víctima los descubre y busca desesperadamente al policía que recordó haber visto en la puerta. Pero ya no está.
“Tenemos varios comentarios como esos. Sólo vamos a decir que estamos al tanto. Nada más”, reconoció una fuente de la comisaría Primera de Capital, ubicada a dos cuadras de esa suerte de zona liberada, conocida por ser uno de los puntos rojos en el mapa de robos de autos y por donde pululan malechores que cada tanto mutan y se convierten en informantes policiales. Eso genera una suerte de competencia desleal, porque a la hora de ir a buscar delincuentes, algunos tienen más contemplaciones que otros
La misma fuente aseguró que el personal afectado no es de esa dependencia, sino que se trata de efectivos de otras reparticiones que sacan servicios extraordinarios. “Hablando en criollo, ya hemos tenido varias piñaderas por este tema”, concluyó.
La imagen se repite con un grupito de adolescentes que se mueve de un lado al otro por esas cuadras y cada tanto cruza alguna mirada con el efectivo. Se trata de una bandita de ladronzuelos a la caza de desprevenidos; son capaces hurgar en tiempo récord bolsos, mochilas y bolsillos ajenos. Cada tanto, alguna víctima los descubre y busca desesperadamente al policía que recordó haber visto en la puerta. Pero ya no está.
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